jueves, enero 31, 2002

Ya he andado preguntando a conocidos si saben de alguna choza que se alquile a un precio razonable. Me he comprado varias cosas, entre ellas un gran bolso de viaje, que guardo en el coche, y que me servirá para echar en él las cosas.
Si las cosas van como espero, para el uno de marzo estaré viviendo fuera. El ambiente de mi casa es insostenible desde que anuncié, entre gritos incrédulos, mi decisión. Mis padres están angustiados y disgustados, deprimidos (del mismo modo en que me han oprimido tanto tiempo), nerviosos y sintiéndose culpables de mi marcha. No conciben que un hijo se vaya de casa porque no los aguante, porque no sea para ir a trabajar a otra ciudad o para casarse y formar una familia. Yo me siento fuera de lugar y sé que no podré seguir viviendo aquí por más tiempo. También estoy angustiado y también decaído, deprimido. Mis hermanos también sufren, como yo, la incomprensión mutua.

Si el martes no encuentro una choza a través de conocidos, acudiré a alguna inmobiliaria a que me la encuentren. No me gusta la idea porque significaría deshumanizar la relación, formalizar el contrato de arrendamiento dentro de las condiciones legales, con todas sus restricciones, y lejos de la flexibilidad y casi familiaridad (en el buen sentido de la palabra, no en el de mi familia) que suponen este tipo de relaciones.

Por si fuera poco, el ambiente de trabajo está más que enrarecido. Yo sustituía a una persona que se ha dado de alta y está de nuevo en la oficina. Se suponía que el martes o el miércoles finalizaría mi contrato, pero sigue vigente hasta el martes (de ahí que, de acuerdo con mis planes, vaya a acudir a la inmobiliaría en esas fechas), me han dicho, y espero que sea definitivo. La cordialidad no existe etnre el recien incorporado y sus antiguos y compañeros y la falta de comunicación es absolota. Y en todos los niveles. No sólo dentro de la oficina, sino en los escalones superiores que tienen que regularizar la situación. Yo no sé nada sobre mi futuro. El recién incoporado tampoco sabe si seguirá allí o no. Nadie le dice nada a él. El caso es que éstos, con quienes yo he estado trabajando en la oficina, no quieren que el que estaba de baja vuelva allí, quieren que lo manden a otro sitio, y al otro no le importa que le manden a otro sitio. Lo cierto es que la situación en esa oficina es también insostenible y nadie parece tener la firmeza, la resolución y la entereza para solucionar esos problemas. Parece mentira que los que pueden no tengan los cojones de aclarar la situación, de decir las cosas a todo el mundo a las claras, de que la información fluya para todos por igual a fin de que nadie sienta el malestar que sienten, sentimos, todos ahora en la podrida oficina. Espero y deseo escapar de allí el martes de una vez por todas, y sólo puedo compadecer a los que se quedan.

Aprovecho mis últimos días de conexión (puesto que, a lo sumo, me queda un mes) para dejar mis últimas impresiones, mis últimos sufrimientos, antes de la depedida.

Mientras tanto trato de mantener la sonrisa, aunque me es muy difícil.

lunes, enero 28, 2002

La decisión está tomada y es irrevocable. Antes de un mes estaré viviendo en un piso de alquiler. Ayer mantuve otra fuerte discusión con mis padres, sobre todo con mi madre, y no hay vuelta atrás. Hoy me han preguntado que qué iba a hacer, y he reafirmado mis palabras, mi decisión. Ni yo mismo me lo creo. Abandono las comodidades que te da una familia, la seguridad, la comodidad, la imagen social tradicional, etc. Buscaré con firmeza y entereza un sitio, lo más económico posible, para irme a vivir a él. A lo mejor se viene a vivir un tío conmigo y todo. Será mi choza, mi cueva, mi cuchitril. Para bien o para mal salgo por fin de casa. Puede que las cosas me vayan mal, me arruine, y en un año acabe viviendo en el coche, en el arroyo, sin trabajo, sin amigos, sin amor. Pero lo he hecho, me arrepienta o no. Lo voy a hacer, pese a que mañana se me acaba el contrato (ha vuelto al que sustituyo) y me quedo en el paro, en el puto paro. Creo que puedo cobrar durante tres meses el subsidio, y eso ayuda algo. No sé si me volverán a llamar pronto o no, no sé si tararán diez o quince días o no me llamarán de nuevo, con otro contrato basura, hasta el verano. Pero no me importa. Pienso buscar trabajo desde el lunes que viene, de lo que sea.
Esto significa también otra cosa, que me despido aquí, que no podré volver a bloggear en mucho tiempo, debido a que pierdo la línea de teléfono (una de las comodidades) y en consecuencia la conexión a internet... pero bueno... no importa. Este es mi adiós y no sé ni puedo saber si será o no definitivo,si podré volver a vivir en un sitio con llínea y conexión a la red. Puede que algún día vuelva, puede que no, pero si vuelvo desde luego no será hasta dentro de mucho tiempo.
Otra cosa, consideran mi decisión dramática, trágica, y lo que más les jode en realidad es lo que vaya a pensar la gente... el hijo, solero, que se va. Ayer, durante la discusión, salí a la calle y le dije algo a mi madre, la cual se hechó las manos a la cabeza alarmada diciendo que la gente se iba a enterar. Qué me importa la gente, le respondí.
No entiendo como ellos, y la masa en general, se preocupa tanto por lo que piensen los demás, por lo que los demás piensen de ellos. Les importa tres pimientos el ser lo que son, con tal de que los consideren buenos, con tal que los crean justos, piadosos y cabales. Cabales, y una polla. Es el cristiasmo, la moral cristiana, lo que los ha matado.

Nota higiénica: Ayer me emborraché tras la riña y hoy me levanté canalla. He pasdo una de las peores resacas de mi vida. Creí que el día no acabaría nunca, que no llegaría a las tres vivo, que desfallecería. Estaba mareado, y a las tres me entró un hormigueo por todo el cuerpo. me moría. Estuve así un buen rato, y hasta que no fui al servicio a echar la pota no me recuperé.

domingo, enero 20, 2002

Ayer volví a cogerme una cogorza de las buenas, lo que es habitual. Acabè iebndo al puticlub y un negra se me aercó y me puso como una moto. Nuna he follado con una negra pero aye no me faltaon gnas, <

viernes, enero 18, 2002

Es agradable, genial, ir a la cama y no tener que poner el despertador, y poder levantarse cuando uno quiera. Me gusta esta sensación.

Me llamó esta tarde el poeta, a quien ya he referido en otras ocasiones,para que fuera a una conferencia que él organiza en su aula de pensamiento, opinión y literatura, pero aquí estoy, tranquila y gustosamente, lejos de la tal conferencia, aliiado de no estar en ella. Parec que, pese a las discusiones que he mantenido con él, este hombre quisiera erigirse en mi mentor, y quisiera llevarme de la mano hasta el apestoso interior del mundillo literario comarcal, provincial, regional, que existe en todas partes, a ese intirior y esas entrañas putrefactas en las que todo son alabanzas mutuas y memeces múltiples que no conducen a ninguna parte, ese mundo en el que todos se creen cultivados y nadie sabe que la cultura no es más que mierda, la misma que todos cagamos a diario.

jueves, enero 17, 2002

Cela, premio novel, ha muerto. Los medios de comunicación rinden homenaje y tributo a alguien que en vida fue lisonjeado excesivamente, a alguien que recibió multitud de premios sin haberlos realmente merecido. Recuerdo algo que leí hace poco acerca de él, algo que le dijo el editor Lara, fundador de la editorial que lleva su nombre: Hay quienes dominan la fabulación, esos son los novelistas; hay quienes, como tú, dominan el lenguaje, esos son los escritores; y hay quienes dominan ambas cosas (no es tu caso), esos son los autores completos.

Completos, por hablar de autores completos, hablaré de Ibsen. Enrique, ese prodigioso autor teatral sueco. Había leído, entre otras obras suyas, su Casa de muñecas, y me pareció sublime, insuperable. Pero me equivocaba. Ayer leí otra de sus obras, El pato salvaje, que no había leído hasta ahora, y comprendí entonces por qué autores de la talla de Joyce aprendieron sueco sólo para poder leer en toda su grandeza a Ibsen. Los personajes que inventa Ibsen, sus diálogos, dan muestras de la inteligencia del nórdico, dan muestras de su maestría linqüistica, de su dominio de la fábula, de su elevado y superior capacidad de razonamiento.

Para acabar una frase de Larra, que bien podría servir de epitacio universal: Termina una jornada que ni siquiera hemos empezado.

martes, enero 15, 2002

Mi vida cambia, como la de casi todo el mundo, poco. Sustancialmente mi monotonía sigue asfixiándome de la misma manera.

Nota médica. Estoy mejor del refriado, pero no curado el todo. Todavía toso con frecuencia, aunque me encuentro bien.

El euro y la tribu: La fiebre por el euro parece que va remitiendo y parece que vuelve, antes de lo esperado, la normalidad a la oficina. Siguen existiendo problemas con el suministro de efectivo, pero eso no me importa. Ya no me tengo que pelear con un cliente de cada diez, ya han reparado los procesos informáticos del cuadre, ya ha disminuido la afluencia de personas a la oficina.

Esta mañana al ir a la oficina, tuve un pequeño percance en el trayecto y estuve a punto de dar un golpe con el coche. Eso me ha hecho sentir mal, y me ha apesadumbrado el día.

Hoy, un compañero de trabajo puso unos cupones de la lotería ONCE en la caja fuerte diciendo que a ver si le tocaba de una vez, que a ver si el dinero de la caja fuerte le proporcionaba suerte a los cupones. Yo le dije que se dejase de tonterías, que el ser supersticioso trae mala suerte. Sonreió y se fue sin entenderme. A todos a quienes les he dicho la frase les ha ocurrido lo mismo, no han entendido la ironía y se han sonreído estupidamente.

Ser supersticioso trae mala suerte: El año ha dado comienzo y tengo la sensación de que va a ser un mal año, tengo la sensación de que Fortuna ha entrado en un cliclo negativo, de que la suerte me va a ser esquiva, se va a poner en mi contra. Soy consciente de que eso no es más que una sensanción, de que no es más que el infructuoso esfuerzo de mi razonamiento por dar una explicación a los avatares corrientes de la existencia, que a veces nos agradaran y otras, acaso las más, nos desagradaran.

sábado, enero 12, 2002

Recuerdo una vez, hace tres o cuatro años, que tuve un constipado que, en algunos momentos, me hizo pensar que iba a fenecer de aquello. Estaba por entonces viviendo en el piso de estudiantes, lejos de mi familia, y comencé la semana un poco resfriado. Los que compartían piso conmigo, como había un largo puente, se marcharon todos el miércoles, dejándome a mí solito. Yo me quedaba, siempre me quedaba, puesto que me costaba volver a casa, y prefería estar solo a estar rodeado de mis familiares. Me emborraché la misma noche en que se fueron, y por la mañana ya desperté canalla. Vomité un par de veces, no sé si por el virus que se había apoderado de mi organismo, o por la resaca, o por ambas cosas, y por la tarde comencé a sentir escalofríos y me entró la fiebre. La noche la pasé entre las sábanas, sudando como un esclavo que realizara trabajos forzados, y por la mañana, cuando traté de ponerme en pie, no pude. Cada vez que me erguía me venían unos mareos que mevolvían a tumbar. El día lo pasé en la cama, entre vaivenes y alucinaciones producidas por la fiebre. En un momento de lucidez, breve, fui a buscar una botella de agua y el térmometro. Confirmé que mi temperatura pasaba los cuarenta gradosm y volví a la cama. Empecé a considerar seriamente la posibilidad de voler a casa, a que me cuidaran allí mis parientes, pero la idea de ir a la estación para tomar un tren, y realizar después un largo viaje, se me antojaba imposible. También pensé en tratar de acudir a algún hospital de la ciudad, pero dado que cuando daba dos pasos mal contados los mareos me mataban, también supuse que me sería absolutamente imposible llegar a ninguna parte. Así que me relajé y me dispuse a combatir la enfermedad, o lo que fuera (ya por entonces mi mente no razonaba), y que si la vencía conjunudo, y si no que me dieran por culo, ya encontrarían mi cadáver el lunes o el domingo cuando los que vivían conmigo ese año volvieran. La cosa fue de mal en peor, y se apoderó de mí, además de la fiebre, una tos increíble, que me hacía expectorar (escupir mocos) una y otra vez. En mi delirio pensé que habían pasado semanas, y no me di cuenta de casi nada de lo que ocurrió. No sé si comí algo durante esos días o no, aunque creo que lo intenté, por lo menos. La fiebre se calmó el sábado por la noche, y el domingo, cuando desperté, apenas tenía treinta y nueve de temperatura, por lo que pude levantarme y comtemplar el estado de mi cuarto. El suelo lleno de escupitajos, escupuitajos que contenían alguna sangre (supongo que porque se me rompería alguna venilla de tanto toser), botellas de agua por todas las partes, varias mantas por encima de la cama... Por la tarde me bajó la fiebre a treinta y ocho y pude salir del cuarto, ir a una farmacia a comprar alguna medicina, hacerme algo de comer en condiciones, y sentarme enfrente del televisor a distraerme un poco.
Cuando uno de mis compañeros regresó y me vio me preguntó que qué me había pasado, que tenía tan mala cara, y yo le respondí que si tenía mala cara peor tenía el cuerpo.

Así me consuelo ahora, rememorando aquella gripe que me pateó a base de bien, y me digo que lo que tengo ahora no es nada, no es para tanto, sonríe de una puta vez y trata de hacer algo.
Sigo resfriado, me duele la cabeza, y no tengo ganas de nada. Ni siquiera de emborracharme o masturbarme, ni mucho menos de escribir.

miércoles, enero 09, 2002

Hace frío y tengo un resfriando de cojones. Toso, y me duele la nariz de sonármela. A veces escupo mucosidad, como si tuviera tisis, y me siento como si me hubieran echado a rodar por un precipicio dentro de un barril lleno de clavos. Pero no tengo fiebre, y me gustaría tenerla, puesto que así me libraría de los euros.

El euro y la tribu

Faltan monedas, de euros, y hasta el día quince no habrá más, según dicen. Por otra parte nos sobran monedas, de pesetas, y no sabemos qué hacer con ellas. la gente sigue acudiendo al banco en busca de euros, como enfermos que buscaran un elixir capaz de sanar todas sus enfermedades, las cuales no tienen, aunque crean lo contrario, solución.

viernes, enero 04, 2002

blogeando

Un duro día, una dura semana dejo atrás para enfrentarme a un asqueroso futuro. Todo ha tenido que ver y tiene que ver con:

El euro y la tribu:

Los viejos y la gente en general demuestra cuan estúpida es, día a día, frase tras frase, comentario tras comentario. Se cabrean como locos porque se ven obligados a esperar durante media hora o más en la cola, pero esa cola se forma y está formada por auténticos imbéciles que no tienen otra cosa peor que hacer que estar allí, pues la mayoría acaba haciendo cosas completamente innecesarias, cosas de las que podrían fácilmente prescindir o dejar para más adelante. Los peores son los que vienen con monedas, todas juntas, en bolsitas de plástico, y se mosquean y se empeñan en que les contemos las monedas en el acto, porque, dicen, han estado esperando en la cola, y cuando nos negamos gritan y claman al cielo contra nosotros y contra la madre que nos parió porque no podemos satisfacer sus demandas demenciales.
Tres días de euro y tres días de descuadre. Nos sobran pesetas y nos faltan euros, siempre, y en todas las oficinas de las que conozco. Compensamos, y a veces resulta sobrante, a veces falntantes, pero no podemos evitarlos Sospecho abiertamente que hay un grave error en el programa informático que usamos, en alguna de las aplicaciones, que hacen descontrolar por completo la situación del efectuvo, el saldo real de entradas y salidas. Los informáticos son otros idiotas que no merecen, por mi parte, ninguna confianza. Las aplicaciones, en general, dan problemas, y no podemos trabajar.
Trabajo diariamente diez horas, por lo menos, y me paso la mayor parte del día, del tiempo que estoy despierto, en el banco. Es inhumano, y si eso, que estoy sufriendo diariamente, no es esclavitud la esclavitud no existe.
Las monedas se acumulan a mi alrededor y no sé qué hacer para controlarlas, para saber cuál es de quién, qué es de cuál. Los cajeros centralizados no retiran monedas en pesetas, y el banco está literalmente lleno de bolsas con monedas. Tampoco nos proveen de monedas euro y los comercios se quejan y protestan. Nos envían los billetes que les dá la gana y cuando les sale de los cojones y el DESCONTROL es total.

Deseo que estalle una bomba atómica, o de neutrones, o de hidrógeno, y que vuele en pedazos todo cuanto existe, todo cuanto es o pudiera ser.

martes, enero 01, 2002

Tengo una resaca de caballo. Hice de taxista y no me acurdo de lo que ocurrió al final... Me harté de jack daniel's, me puse hasta el culo de bourbon, y cuando se acabó pasé al cardú y me cogí una borrachera de elefante, y, pese a ello, hice de taxista, y no me acuerdo de cómo llegué hasta casa, ni de dónde he aparcado el coche. No tengo ni solución ni remedio y no existe la redención para un inedseable como yo.