Hoy estoy jodido, JO-DI-DO. No es ninguna novedad, pero me jode.
Mi coche. Alguien, algún indeseable, ha atentado, deliberada y maliciosamente, contra él. Los limpiaparabrisas han aparecido torcidos, descompuestos, atacados. Es como si me hubieran atacado a mí, cobardemente, por la espalda. ¿Por qué? No lo sé, no puedo saberlo. No creo tener enemigos, al menos, yo no los conozco. ¿Quién habrá sido? Tengo la sensación de que han ido a por mi coche, a por mí, directamente, como los américanos van a por los musulmanes, o los musulmanes a por los americanos. Pero no logro encontrar sospechosos. Me cuesta creer que en pleno día, como ha sucedido, algún imbécil haya elegido mi coche al azar. El ataque no es grave, y los daños nulos, prácticamente, pero el que lo haya hecho sabía lo que hacía, sabía a quién jodía: ha sido contra mí, y eso es lo que me inquieta, me sorprende, me incomoda, me JODE.
Recuerdo hace unos años, cuando yo y un compañero de estudios nos dedicábamos a robar antenas de los coches. Nos emborrachábamos, nos metíamos en una calle, y la limpiábamos, es decir, le quitábamos las antenas a todos los coches, no éramos selectivos, como lo han sido con mi coche. Pero eso es otra historia... Las antenas valían poco, y no eran atentados premeditados, de modo que era distinto, que no hacíamos que nadie, que un individuo en cuestión, se sintiese rodeado de enemigos, por así decir. Éramos, es un modo de decirlo, honestos, limpios, y carecíamos de malicía. Atacábamos a todos, sin excepción, a la sociedad que nos oprimía, que estaba oprimida, que se oprimía mutuamente. Y nunca a ningún individuo concreto: no dejábamos un coche atrás, no atacábamos un coche en particular, como han hecho con el mío.
Quizás esté sacando las cosas de quicio, dándole demasiada importancia a algo que no tiene ninguna.
Pero... ¿QUIEN? Me gustaría saberlo. ¿Alguna vieja zorra apestosa, quizás? ¿Quién?
Estoy jodido, y mejor me olvido de esto y pienso en otra cosa... Lo malo es que nada de todo en cuanto pueda pensar puede llegar a sosegar mi espíritu, a agradar a mi alma, a tranquilizar mi conciencia.
Tengo ganas de gritar: MIERDA, MIERDA, MIERDA. TODO ES UNA MIERDA.
Nada nuevo, pues, en el horizonte.