domingo, septiembre 30, 2001

Acabo de cagar un poco y ya me siento mejor, aliviado, ligero.

La gente es tan idiota que me dan pena, asco, repulsión. Escuchar sus conversaciones es adentrarse en el infinito mundo de las tonterías. Acabo de oír una conversación ejemplo, la boba novia de mi hermano hablaba con esa puta alcohólica:
-Pos yo he oío que dizen que la zerbeza es mú buena. -Zí que es verdá, que el médico me dijo a mí una vé que era buena.
No es más que un vulgar ejemplo, pero basta andar por la cale con los oídos un poco atentos para inundar tu cerebro con frases sin sentido, multitud de palabras con las que escupen contra el buen sentido, contra todo lo razonable, lo humano, lo bello y lo divino. Yo, por fortuna, vivo ajeno a ellas, me aislo de forma completa, como si se hubiera activado en mí un mecanismo de defensa, que me permite oír el ruido pero sin que me afecte, sin prestarle ninguna atención, sin necesidad de saber lo que dicen, y lo que dicen no me interesa en absoluto.

Tengo una señora resaca. Una resaca de las de verdad, de las que hacía siglos no padecia, no disfrutaba. La boca pastosa, los intestinos inquietos, el estómago muerto, y la cabeza a punto de reventar, de estallar.

El viernes me mató, literalmente, el equipo titular. El solo. Mató antes a sus dos hermanos, que se tuvieron que ir a dormir borrachos perdidos, y luego me mató a mí, que me tuve que ir tambaleándome a mi casa, para llegar a ella sin saber como, de la impresionante intoxicación etílica que llevaba encima. El se quedó en el bar, solo, a tomarse otra copita. Me estuvo hablando, otra vez, de lo cerdo que era, que se consideraba, por estar emborrachándose en el bar mientras su mujer se quedaba en casa. Me dijo también que si tuviera veinte años no se casaba ni aunque le pusieran una pistola en la cabeza.

Y ayer me maté con varias personas. Entre otros con el cura. Empecé con mi hermano. Siete tubos de cerveza en tres cuarto de hora, como a él le gusta. Al poco vino el cura, para jugar al ajedrez, y acabó conmigo. La gente fue desfilando uno tras otro, el chicote, el manu, el picapleitos... y el cura y yo fuimos los únicos omnipresentes en la barra del bar. Primero pacharán, luego jackdaniels y para rematar vino peleón, de cartón, vino donsimon que guardaba el cura en su casa. Dios, qué borrachera. Cuando llegué a mi casa tuve que vomitar en el water el vino peleón, que me sentó como una patada en los cojones.

No he grabado la película, no me he masturbado, y he acabado definitivamente con mi pequeña racha de abstinencia, en la que pretendía alejar mis descomunales borracheras. HA sido por poco tiempo, casi imposible, como una quimera, y sospecho que me moriré borracho, una de estas veces. No sería raro.

miércoles, septiembre 26, 2001

Por cierto, no puede olvidárseme. Mi madre, esa puta alcohólica, me ha comprado un móvil, ese nauseabundo artefacto moderno. Dice que como regalo de cumpleaños, pero en el fondo su única intención es tenerme más controlado, tenerme más atado. Eso para que, me ha dicho, cuando te vayas por ahí y no vengas a dormir a casa nos llames y no nos tengas preocupados. Yo creo que ha sido idea de la idiota de su psicóloga, la argentina ésa. Estoy segurop de que ella ha sido la que se lo ha dicho, la que se lo ha recomendado. Me he negado a aceptar el aparatejo, al principio, pero, para evitar dolores de cabeza y discusiones inútiles (quellevo ya evitando desde hace algún tiempo y que me he propuesto evitar hasta el fin, el fin de lo que sea), ha acabado claudicando. Así que sí, que soy un deshonroso miemrbo del un club para gilipollas, un club de movileros. Por supuesto, lo tendré siempre apagado, pero eso no es ninguna excusa.

Me imagino las sesiones con su psicóloga. No es egocentrismo, ni esquizofrenia, pero estoy convencido de que esa puta alcohólica me tiene como uno de sus temas predilectos. Ya me lo ha insinuado ella misma en varias ocasiones, diciéndome que su psicologa ha dicho de mí que yo debería hacer esto o aquello... Ah, dirá, po mi Nwanda (dirá mi nombre verdadero, que oculto como el cobarde que soy bajo seudónimo) esto y aquello, es mú trabajozo, y bla, bla., bla....
Yo no tengo la culpa de ser el objeto de su complejo edípico, pero lo soy, y eso no me agrada. lo que no entiendo es cómo la idiota de su psicologa no se da cuenta de ello...

Otro día más que se acaba, pronto será mi cumpleañs y mi muerte estará más cerca, mi libertad más próxima.
Esta tarde, cuando fui a comprar el periódico, pisé una mierda de perro. Eso es algo que hago con frecuencia (lo de pisar mierdas, prácticamente-ya lo he dicho o debido de decirlo-prácticamente vivo en ellas, soy ellas). La verdad es que soy bastante distraido y siempre estoy en el limbo o, como decía el maradona, siempre estoy comunicando. Pero normalmente me doy cuenta, y me limpio en cuanto lo hago. Hoy, por el contrario, no ha sido así, y me monté en el coche de un amigo y empecé a oler mal. Le dije: ya te has peído, no cabrón. Él lo negó, pero no le creí. Abrí las ventanas y el olor permanecía allí, aumentaba incluso. Coño, cabrón, le dije a mi amigo, ¿te has cagado o qué? Seguí dándole la vara, y él me replicaba diciéndome que el que se había cagado debía de ser yo, que el que olía mal era yo, que estoy podrido por dentro, etc. Discutimos y no aclaramos nada. Cuando llegué a mi casa me di cuenta y me limpié el zapato riéndome. Recordé también otra vez, cuando pisé una mierda de verdad. Fue hace años, que fui al campo y me metí en un lugar donde habían pastado horas antes unas vacas. No recuerdo por qué fui allí, pero sí que de repente, mientras caminaba descuidado noté que mi pie se hundió en algo; ese algo era una mierda de vaca, era inmensa, y mi pie entero estaba dentro de ella, hasta las pantorrillas. Fue horrible... Tuve que tirar los zapatos... los calcetines... Una mala experiencia, como tantas otras... Hasta el momento no he pisado una mierda igual, sólo cagarrutas de perros domésticos. Aunque puede ser que sea porque no voy ahora nunca al campo.

He tenido un par de horas el ordenador averiado, desconfigurado (acabo de solucionar el problema), y me he dado cuenta hasta qué punto dependo de esta puta máquina. Otros, la masa, puede que dependa nde la telebasura, pero yo, para mi deshonra, dependo del ordenador. Si no fuera por este aparato es muy probable que nunca se me hubiera ocurrido la idea de escribir, de convertirme en escritor para crear divertidos clásicos, inolvidables obras maestras... Si no fuera por esta cosa ni siquiera lo habría intentado, quién sabe. Al pensar en esto me imagino a Shakespeare, a Homero, a Virgilio, escrbiendo las maravillas que escribieron con la pobre luz de una vela, con la incómoda ayuda de una pluma mojada en tinta, garapateando hoja tras hoja, palabra tras palabra... Y yo, con todos los medios técnicos a mi alcance del mundo, no hago más que vomitar basura, sin ningún interés, sin ningún futuro, sin ningún mérito.

Mi ordenador ya está viejo, y lo voy a cambiar por otro. Eso me alegrará y me facilitará las cosas, me facilitará mi nuevos e incipiente proyecto, del que daré lo más pronto posible cuenta. Me supondrá un desembolso económico importante, pero voy a asumirlo. He decidido retrasar unos meses más mi independencia (seis o siete meses de retraso más, otra vez), o, mejor dicho, mi cobardía ha decidido por mí, y ahora siento que necesito ese nuevo equipo informático, pienso que sin él mi carrera literaria se ve atascada, mi carrera arstísca retrasada indefinidamente, y mis esperanzas de una vida mejor en un futuro próximo (tres, cuatro, cinco años) truncadas para siempre.

martes, septiembre 25, 2001

Mañana tengo que madrugar, como siempre, otra vez a levantarme temprano para dejarme explotar por los capitalistas, para que aznar pueda decir que españa va bien, y pueda enriquecerse, a mi costa, y a costa de todos los demás que, como yo, somos esclavos del sistema. Sí, somos ESCLAVOS. Nos dan lo justo para vivir (malvivir), para ir tirando, y nos conceden pequeños caprichos para que no reventemos, para que no explotemos y los hagamos volar a todos en pedazos, y a eso lo llaman trabajo. Yo lo llamo por su nombre, esclavitud. En el fondo, tienen cinco mil años de experiencia ya en el asunto ese de explotarnos, así que se comprende que no lo hagan mal del todo.

Pero bueno... el que no se consuela es porque no es tonto, y como dice el refrán: a quien madruga, dios le ayuda... a morirse antes

sábado, septiembre 22, 2001

Hoy me siento con fuerzas para contar una de las cosas que me sucedió durante la semana, una de las cosas que me hizo sentir mal. No es muy complicado de decir, el hecho es tan sólo que me equivoqué, tuve un despiste mientras contaba las monedas de un hombre, infinidad de monedas, y al arquear la caja me sobraban veinte mil pesetas, pesetas que, supe en seguida, eran de esta persona. Era un tipo que apenas conozco y a quien no volveré a ver en mucho tiempo, puede que nunca más, ni siquiera tiene cuenta con el banco donde estoy esclavizado. Estuvo delante mientras contaba sus monedas. El no sabía el valor total. De modo que, cuando acabé de contar él estyuvo conforme con el i,porte que le di. Así que, ese sobrante, ocasionado sin malicia, decidí quedármelo, y me lo he quedado. Lo que me jode del asunto es que, al hacerlo, me sentí mal. No sé si eran remordimientos o temor a que lo descubrieran (cosa harto imporbable) o una mezcla de ambas cosas, o banales escrúpulos. Lo que me duele es que me jodiera un poco haber jodido, sin malicia, a este tipo. La verdad es que no suelo hacer este tipo de cosas, apropiarme del dinero ajeno, y la verdad es que podría hacerlo sin dificultad, podría engañar a los clientes y ajenciarme de sus excasos pecunios. Pero no lo hago, ni me siento tentado hacerlo. Lo que pudiera sacar no me va a sacar de la miseria, puesto que la miseria no es económica sino sobre todo moral, ética, existencial. Además, no puedo soportar la idea de engañar a los miserables a los que podría engañar. También podría ser que tema a que me descubrieran. Pero lo cierto es que nunca he tenido necesidad de planteármelo, ni creo que llegue a tener que hacerlo nunca, ya que que nunca he estado tentado a ello. Nuca he sentido la tentación de tratar de engañar a los demás, de engatusarlos, para apropiarme de sus pobres emolumentos. Y si no es acuciado por la necesidad, nunca llegaré a tenerla.

No me importa tener dinero, no lloro ni me lamento por llevar unos cuantos billetes en el bolsillo, para poder gastarlos a mi antojo. Pero eso, la riqueza económica, es algo a lo que no le doy demasiada importancia, a lo que nunca le daré demasiada imporancia. En otras palabras, no daría un brazo o una pierna, ni muhco menos un riñón, a cambio de dinero. Los ri´ñones los necesito yo para limpiar mi putrefacta sangre.

viernes, septiembre 21, 2001

Me siento asqueado, más y más asqueado. Cada día siento más asco por todas y cada una de mis circunstancias.
Hoy miraba a mis padres y me decía para mis adrentos por qué habré tenido desgracia de verme en el mundo entre seres como ellos. Esa puta alcohólica ha estado empinando el codo y ahora entra una y otra vez al water, a cagar extreñida.
El ambiente de trabajo en el banco, las relaciones entre empleados, la organización laboral... todo apesta y me asquea cada día más. Tanta hipocresía, tanta falta de honestidad y desorganización que vas viendo conforme vas dándote cuenta de las cosas, conforme vas conociendo a los jefes, que en vez de ayudarse unos a otros se ponen zancadillas y trabas, se enfrentan entre sí para que acaben pagando los de más abajo, como siempre (hay demasiados jefes, y nunca se ponen de acuerdo, seimpre están enfretándose). Es tan condenamente retorcido y asqueroso lo que ocurre, lo corrompido que está todo, que dan ganas de vomitar y de dejarlo todo para convertirte en un indigente, en un vagabundo, pues éstos sin duda viven con mayor sosiego, con mayor sinceridad, con mayor humanidad, y no son mñas infelices.

Todos y cada uno de mis conciudadanos me parece indigno, repulsivo y repugnante, y mejor sería estar a mil kilómetros de cualquiera de ellos. Preferiría vivir solo en una isla desierta.

¿Por qué estoy condenado a vivir entre necios, entre personas tan poco compresivas, amistosas, tolerantes, agradables, como lo estoy?

En vez de progreso, desde los romanos hasta hoy ha habido un retroceso. Me da la impresión de que cada día la humanidad vive peor, y de que hoy no hay mucha diferencia con la forma de vida, la oscuridad, la tristeza, el odio, la agresividad absurda, que había en la edad medía.

Es así como me siento, podrido, yo y todo en mi derredor, después de una semana que sería mejor olvidar en todos los sentidos...

Sigo en pie aferrado a una vana ilusión imposible. Vivo esperando un milagro que nunca se producirá. Me apego a la idea de que quizás la semana próxima ocurra algo, que cambie mi suerte y me vea en otro lugar, rodeado de personas distintas, más agradables. Sueño con que cambie mi fortuna y con ello pueda sentirme a gusto la mayoría del tiempo, pueda estar alegre, sociable, y con algunas ganas de vivir el día a día, de continuar con esto, con la vida, porque me guste, porque disfrute, y no por mera inercia, que es lo que ahora sucede.

Un consejo: no sean como yo, no sigan mi ejemplo. Sean valientes y atrevánse a combatir sus circunstancias, a cambiarlas a cualquier precio. Arriesguense a perderlo todo, porque por poco que tenga, por mucho que pierdan, nunca podrán caer más bajo que yo. Se están cumpliendo todas mis pesadillas, y mi vida se encauza para convertuirse en aquello que yo siempre repudié, en aquello que yo siempre temí con dolor en que se convertiría y que mi negra alma no podría soportar, no puede soportar, no soportará, a pesar de que tendrá que vivir con ello.

jueves, septiembre 20, 2001

Ultimamente he perdido el apetitto por TODO: Sigo comiendo, y bebiendo, y cagando, y meando, pero no tengo ganas de nada. No me apetece escribir en absoluto, y por eso no he escrito sobre varias cosas que me preocupaban, otras curiosas que me han sucedido y me suceden, y algún que otro capítulo del maradona y la tribu del que quería dejar constancia. Ni siquiera he ido a ver al cura, con quien había quedado para tomar unas copas y jugar una partida del aburrido juego del ajedrez, lo cual siempre me agarda. Me agrada conversar con el cura, oír sus intimidades y sus miserias, contarle las mías, y reírnos de todo, velar nuestros cuerpos presentes, pudrirnos en la barra del pub tragándonos unos whiskies. Pero lo he dejado tirado, abandonado, por una absoluta falta de apetencias. Me he pasado la tarde tumbado en cama sin hacer nada, excepto lamentarme y maldecir mi suerte, mi vida, y, sobre todo, a mí mismo.

Espero que mejore mi ánimo en los próximos días.

lunes, septiembre 17, 2001

Confieso mis pecados: Hoy he estado a punto de tener un accidente de tráfico. La culpa hubiera sido mía, toda mía. La he cagado, como un idiota, como el buen fracasado que soy. Hubiera sido un accidente espectacular, aunque no me habría pasado nada, ni a mí ni al cotro vehículo, cuyo contuctor evitó el choque. Sólo hubiera había un buen golpe, y mi coche, sobre todo, habría sufrido un bollo importante. Hubiera sido además mi primer accidente de tráfico (accidentes he tenido muchos, muchísimos, aunque de momento ninguno de tráfico, salvo cuando me atropeyó un coche, pero eso es otra historia), pero la fortuna quiso que no pasara nada. he tenido suerte, lo admito.

Esta mañana me sentía raro. Mi pecho estaba henchido de satisfacción, y sentúia un agradable, extraño y ajeno bienestar. No había motivos para ello, salvo quizás las conersasiones agardables que he mantenido con dos o tres personas.

El Maradona y la tribu:
Que cuenta cuando el maradona se masturbaba. El MAradona se abonó al puls para ver las películas pornos, fundamentalmente. Nos invitaba y nos instaba a que fuéramos a verlas con él. No se contenía, y al rato de que comenzase la película empezaba a masturbarse. Lo hacía allí mismo, delante de nosotros, ocultando su mano debajo de una manta. veíamos el movimiento de la mano, veíamos la agitación y la excitación en su cara, y el relajo que le entraba cuando acababa. Gemía ridículamente, y ponía una expresión en su rostro que hacíamos que ´se nos saltaran las lágrimas de risa ante el espéctaculo. Generalmente se masturbaba de ese modo dos o tres veces por sesión, por película porno.

domingo, septiembre 16, 2001

Vieno la tele, viendo a alguien decir algo en el asqeuroso aparato, acabo de recordar algo, lo que a continuación expongo.
Cuando yo era pequeño un maestro, en el colegio, preguntó a todos los de la clase: ¿A quién quieres más, a tu padre o a tu madre? Todos los niños, mis compañeros de clase, respondían sin dudarlo bien el padre o bien la madre. Cuando llegó mi turno vacilé sin saber qué responder y al final dije: a los dos igual. El maestro elogió mi respuesta y reprochó a los demás que no hubieran respondido como yo, que hubieran mostrado preferencias, incluso diferencias entre padre y madre. Sin embargo, la única respuesta verdadera, sincera, humana, real, era de de aquéllos que hacían diferencias enre uno y otro de sus progenitores.
A mí me se me elogió por mi respuesta, y la adjetivaron de elocuente y meritoria, teniendo en cuenta mi corta edad. En cierta forma sí era elocuente en la medida en que mentí al decirla. Sólo hubiera sido sincero si hubiera dicho que no quería a ninguno de los dos. Lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer, recuerdo la incomodidad que sentí cuando me lo preguntaron, y recuerdo mi angustia ante la verdadera respuesta, que detestaba a los dos. Al principio pensé en decir uno u otro, al azar, pero fui incapaz de diferenciarlos, y me di cuenta de cuanto les odiaba a los dos, en realidad. Me parecían asquerosos. Así que, por cobardía, por ser incapaz de admitir mis verdaderos sentimientos ante los demás, respondí aquéllo y fui alabado por ello, por mentir. Y fui tomado como ejemplo, y yo me sentí bien por como había resuelto la desagradable situación en la que me creí envuelto, por como todo el mundo, todos mis compañeros de clase, em miraban con cierta envidia, con cierta admiración.
Ahhhh!!! Me apetece gritar, bramar como un loco para expresar mi desesperación. Pero no lo hago, me contengo, me reprimo, y por ello me desespero todavía más de lo que estoy.

Ayer fue un mal día, un día patético que mejor haría en olvidar, digno de mi vida, por tanto.
Lo mejor: la tarde. Como dije, me fue con el coche a dar una vuelta por la carretera, y pude degustar a un volumen adecuado, alto, muy alto, la quinta sinfonía del maestro Beethoven. Mientras conducía bebía cerveza y comprendí pronto que el coche es el único lugar donde yo verdaderamente puedo escuchar música. Con las ventanas cerradas, el aire acondicionado puesto es el espacio con mejor acústica del que puedo disponer sin molestar a nadie, sin que nadie me moleste porque yo le haya molestado.
A partir de ahí todo empeoró. Estuvo el pajarito y el pajarito actuó. Pero eso lo cuento ahora.
El caso es que fui al cine. Todos querían ir al cine, y yo fui. La película confirmó mis expectativas: era malísima. Se trataba de "Los otros", el último bodrio de ese fabricante de bodrios que es amenabar, o como se escriba su apellido. Con la nicole kidman. El pajarito se sentó a mi lado, y compartió mi opinión: valiente porquería de película, me decía, y para esto tanto? Lo que tendría que hacer es despelotarse la kidman. Ojú, no está buena la tía. Y nosotros que no nos comemos una rosca.
Estuvo hablándome todo el tiempo, y entre las ridículas escenas y los pueriles diálogos de la película, además de los comentarios del pajarito, me pasé riendo la mayor parte de la película.
Me la tragué entera, enterita. No me pude salir porque estaba encerrado, en medio de los asientos, rodeados de idiotas. Ni siquiera pude mear la cerveza que me estuve bebiendo, y me costó bastante trabajo aguardar hasta el final de la película para desaguar.
El resto de la noche fue tan triste que es mejor no recordarlo.

El Maradona y La Tribu
Hoy la tribu: el pajarito.
El pajarito ayer veía un partido de fútbol al lado de alguien, uno de sus conocidos. Su equipo, el madrid, perdía sin remedio. A su lado este alguien le increpaba y bromeaba, se burlaba de la derrota de su equipo. No había ninguna malicia en él, pero, en un momento dado, el pajarito se levantó de su asiento y golpeó con furia a esta persona. Se violentó. Es muy violento, el pajarito. A mí también quiso pegarme una vez, a mí y a muchos otros, a casi todos los que le conocemos. Pierde la cabeza con frecuencia. Después estuvo toda la noche arrepentido. No sé qué me ha pasado, decía, le he pedido perdón pero no debía de haberle pegado. Se sentía mal, disgustado con su comportamiento. Dijo que también estaba un poco mareado, por la cerveza, y que tal vez por eso perdió el control. Pero yo sé que no era la cerveza.
El pajarito es violento y a la vez gracioso. No está muy centrado y su comportamiento y sus palabras y su mentalidad son hilarantes, por lo menos para mí, aunque otros puedan sentir piedad, compasión o el más radical de los desprecios.
Podría contar mil anécdotas de él.
Siempre trata de ligarse a todas las mujeres que tiene cerca, sin importale en absoluto que tenga novios y que los novios sean sus amigos. Oh, pues está buena tu novia, le dice a su amgio, después de haber intentado ligar con ella.
El maradona lo llevó a su casa un par de veces y lo puso malo. Se reía de él el maradona. Le ponía películas porno y le echaba un par de copas y el pajarito se disparaba, echaba a volar, y se marchaba a los diez minutos, porque, decía, me he puesto malo y voy a tener que hacerme una paja. Cuando nos reíamos por sus palabras, por la forma de expresarse, decía: qué pasa, que vosotros no os hacéis pajas o qué, porque eso lo hace todo el mundo, todo el mundo, sentenciaba.

sábado, septiembre 15, 2001

Bostezo y me desperezo abiertamente. No tengo resaca y hace ya tiempo, me parece que siglos, que no me agarro una buena turca. He dormido bien y no tengo sueño, pero bostezo de aburrimiento. No tengo nada que hacer. Mi novela tiene que esperar unos meses. Y, aunque podría escribir un par de cuentos que tengo desde hace tiempo en mente, no me apetece hacerlo, no estoy por la labor y tendrán que esperar.
Acabo de eructar, un gozoso eructo provocado por los gases de la cocacola. Joder, sí, me estoy bebiendo una cocacola, de las adulteradas. Una de estas que hacen ahora, de las modernas. Si fuera de las originales, con toda la potencia embriagadora del alcaloide que le echaban, la cosa cambiaría, no habría razón para la vergüenza, estaría evadiéndome, drogándome, y eso estaría bien, cojonudo. Mi aburrimiento se pasaría más rápido, la tarde, el tiempo, en lugar de soporífero y agónico, sería agradable, elástico y pasable.
Debo de hacer notar algo que debería de saber todo el mundo, pero que nadie sabe, ni mucho menos los radicalfruits y los locos de las cocacolas y demás bazofias que tan de moda están como productos de "gente sana". La cocacola originalmente se creó para competir con las bebidas alcohólicas. El producto consistía en agua, azucar, y cocaína, para conseguir un efecto similar al del licor. Emborráchese, venía a ser el lema publicitarío, emborráchese con un buen sabor de boca, ya no es necesario tener que tragar el amargo sabor de los licores, tan fuertes,m tan ingratos, tan poco sabronsos, ahora puede tomar cocacola, un licor que agardadará incluso a los paladares más delicados, la bebida mágica, la ambrosía tan anhelada por el hombre: cocacola, embriaguez garantizada sin problemas estomacales, ya no tendrña que vomitar cuando se emborrache.

En vista de las pocas opciones de diversión que tengo para mí esta tarde, voy a coger el coche y a conducir un rato por una carretera solitaria, mientras escucho la quinta be beethoven. Puede que pare en algún supermercado o gasolinera para hacerme con algo de alcohol con el que mejorar el trayecto sin rumbo.
Podría llamar a alguien para tomar unas copas en cualquier sitio, pero prefiero no hacerlo: eso sería más caro todavía, y yo quiero ahorrar. Además, la gente también me aburre hasta que no llego a un grado de intoxicación etílica adecuado. Y luego posiblemente llegase a emborracharme gravemente, a derrochar mucho más dinero del que sería antojable, del que gano en una semana, y a tener una resaca al día siguiente, además de una depresión por haberme comportado de un modo tan estúpido.
También podría quedarme a escribir esos cuentos, o a leer al petardo de unamuno, de quien tengo un libro abierto a mi lado en estosos momentos, pero prefiero a Beethoven, me agrada más esa forma de matar el tiempo, de dejar que el tiempo me mate a mí.

viernes, septiembre 14, 2001

Nada va a cambiar. Todo va a seguir igual, tal cual está. Mi vida es miserable y tengo la seguridad de que no va a empeorar, porque nada, NADA, podría empeorarla. La muerte sería un escape a todos mis inútiles y tristes sufrimientos.

jueves, septiembre 13, 2001

Lo primero es lo primero:
Esa puta alcohólica que me trajo al mundo me mata, y no sólo de pena, sino también de hambre. Fríe tres trozos de pescado, cien gramos a lo sumo, y pretende que cene sólo eso, que me alimente sólo de eso. Y lo peor es que esa vieja senil dice que es suficiente, bastante. Hace mal sus cálculos, y prepara poca comida para todos, y con tal de no reconocer su error, se empeña en decir que es toda una cena. Una cena para matarla. Es la hostia, y deberían de ponerle una camisa de fuerza.
Y aquí estoy yo, a pan y agua, comiendo unos piquitos para matar el hambre, mientras escribo esto. Es penoso. Saldría a comerme algo fuera, si no es porque estoy hecho polvo y tengo que volver a madrugar mañana, que es viernes, por fin viernes. Llega el fin de semana, ese espejismo que nos permite tomar aire, oxígeno, y respirar para seguir malviviendo. Un bocado a un piquito, un poco de agua, y el hambre merma, se contiene. Parece como si estuviera a dieta, como si pesara ciento cincuenta quilos y luchara como un condenado por perder veinte, cuando lo cierto es que tengo una figura digna del quijote. Tengo un poco de jamón, pero eso sólo da un poco de sabor, porque no ayuda a matar mi hambre perruna.

Más de lo mismo, la misma medicina que no cura nada, ninguna herida, ninguna enfermedad:

Fidel castro ha dicho, sabiamente, certeramente, que los bastardos unidos son unos terroristas. Lamenta lo que les ha sucedido y les ofrece su ayuda, pero sin olvidar que ellos son unos terroristas y que merecen lo que les ha sucedido. Ha dicho la verda, la puta verdad. Me permito recordar hechos, como Panamá, como Granada, y como otros miles de atrocidades que han cometido los bastardos. Otro ejemplo, de las barbaries de esos cabrones, está ahora en boga: pinochet, los juicios que pretenden celebrar contra él por sus crímenes contra la humanidad. Pues bien, me repugna que nadie diga la verdad, de todos conocida: que pinochet no fue más que una marioneta de los americanos, para derrocar al comunista allende, una marioneta que hizo lo que los bastardos le dijeron que hiciese. Por lo tanto, todas los crímenes por los que se pretende juzgar a pinochet son crímenes de los americanos, y es a ellos y a su gobierno a quien habría que juzgar por tales atentados contra la dignidad humana.

¡Mierda! Recordar esto me ha puesto de mala hostia. Me siento frustrado, dolido, atacado, por estos hechos, por esta hipocresía no combatida, por esta sociedad tan falsa y asquerosa que se traga toda la mierda que les metan, sin rechistar, sin protestar, sin darse cuenta de nada. Esta sociedad tan podrida, estúpida y ciega ante lo que es más claro, cristalino y brillante que todos lo soles y las estrellas muertas del jodido universo.

Un idiota comentó lo siguiente, con relación a todo este alarmismo: no, si ahora me llamará el ejército para llevarme a matar moros. Pretendía ser gracioso. Pero no hace falta comentar su estupidez, su mal gusto, su pobre ingenio... Pero quiero comentar otra cosa en relación a esto: Sin entrar en ello, y suponiendo que llegara un día tal, yo, en vez de irme a matar moros, me uniría a los moros para matar occidentales. Tan cabrones son unos como otros, y los moros por lo menos son unos miserables desgraciados que se mueren de hambre, que se consumen en su ignorancia. Son los débiles, por así decir.

Para muchos, y sobre todo muchas, esto de las torres de tragedia no tiene nada. Será una alegría. Sus maridos/mujeres han muerto. Se han librado de ellos, de quienes querían librarse sin saber cómo lograrlo, y para colmo de gozo se van a beneficiar de su seguro de vida, obteniendo importantes sumas de dinero sin esfuerzo. Ni planeándolo les hubiera salido tan bien, tan redondo. Ni en sus mejores sueños. Si hubieran contratado a un asesino a sueldo habría sido más complicado, y les habría salido mal. Ahora se han librado de su conyuge para siempre y además obtendrán una suma de dinero que les permitirá concederse ciertos caprichos terranales.

En el tercer mundo, los países pobres, suceden calamidades peores, con muchísimos más muertos, y apenas se les presta atención. Terremotos, huracanas, epidemías, hambrunas, sólo son cinco minutos, como mucho, de tiempo en las televisiones occidentales. Esto de los bastardos, lo tenemos a todas horas. Hasto yo, no paro de hblar del tema. Lo admito. Aunque yo trato de ser un contra puhnto, un lado crítico, cínico, irónico, ofensivo... aunque no lo consiga, aunque no haga más que dar vueltas y decir palabras sin sentido, sin contenido...

Otras cosas:

He visto ya dos veces un anuncio asqueroso: Hay una frase que me duele, como si me clavaran un cuchillo. Hay dos personas, una mujer y un hombre, dos modelos descarados, en estética, claro. El marido escribe una novela, y una frase me aguijonea: "desde que se queda en casa a escribir su novela...". Como si eso fuera lo más natural del mundo, como si eso fuera una mera afición, un capricho pasajero y cualquiera pudiera escribir una obra maestra. Como si fuera lo más fácil y divertido del mundo, cuando es un acto de pasión, de dolor, de llanto, de grandeza y miseria, de humanidad... quizás.. Me repugna esa imagen, del escritor bien, padre de familia y con capcidad de agradar y caer bien hasta a su puñetero padre.

Por cierto, voy a darme unos tres o cuatro meses con la novela. Voy a variar, nuevamente, el contenido de la misma, dejando los personajes, l ahistoria fundamental, pero cambiando, d enuevo, la estructura narrativa, además de todas la palabras que hasta ahora he escrito. Pero, antes, como digo, voy a darme un respiro de algunos meses. Lo necesito.
Ah, ¡Mierda! Mierda, mierda. MIERDA. Me siento tan impotente.

Ayer leí a steinbeck, su novela: De ratones y hombres. Me maravilla la facilidad, aparente, con la que el cabrón recrea las miserias del alma humana, la claridad con la que el mamón retrata a sus personajes, todos ellos confusos, perdidos e infelices en un mundo, una sociedad, que los condena al sufrimiento sin remedio. Sí, señor Steinbeck, era usted grande, GRANDE.

martes, septiembre 11, 2001

Me parece mentira. Me limpió los ojos y no salgo de mi incredulidad. En nueva york, allá por los bastardos unidos (ese país que lucha intensamente contra la libertad), dos edificios de cuatrocientos metros se han caído por los suelos, después de que dos aviones chocaran contra ellos. Todas las televisiones, periódicos y cadenas de radios no paran de informar, en tono marcadamente sensacionalista, sobre ello. Llevan horas haciéndolo. Así que ya sabrán de la noticia a la que me refiero. Es espectacular, digno de las peores películas de holliwood. Los creadores de cine basura estarán frotándose las manos, ya habrán puesto a sus guionistas a trabajar y dentro de tres meses tendremos trescientas versiones distintas sobre lo sucedido, y todas serán iguales, tendrán la esencia común: serán espectaculos catastrofistas, habrá varios personajes pintados heróicamente, supervivientes a la catástrofe, y lograrán de algún modo sacar un final feliz, o, mejor dicho, que se entiende por felizen el mundo occidental. Me pregunto dónde estarán rambo, superman y los demás héroes norteaméricanos para salvar a los suyos, para detener la hecatombe. Para colmo los bastardos unidos cierran sus espacios áreos y paralizan el mundo. Dos aviones, cuatro terroristas, han conseguido crear el pánico en todo el mundo. Las bolsas caen, y el mundo entero permanece sentado frente a la televisión, espectante de todo lo que les cuenten, dispuesto a creer lo primero que les digan, a dejarse manipular por cualquier opinión que oígan en la telebasura.

Muchos se han alegrado de la catástrofe. Yo también, lo admito. Henry Miller hubiera gozado viendo su nueva york sumida en el caos. Basta recordar que él consideraba su nueva york natal como una enorme letrina que destilaba mierda eterna. A mí, en particular, me alegra ver que el mundo se desmorone, que la sociedad capitalista, tan detestable, se vea impotente para evitar la realidad, que los bastardos unidos caígan en la histeria y el alarmismo subitamente, y tengan que admitir (cosa que gerneralmente se niegan a hacer, cosa que quieren hacer que no veamos) su impotencia ante la realidad.

Yo ya he dicho que en ocasiones me gustaría poder ser terrorista. Aunque admito que esta idea no es más que una ilusión imposible, una fantasía con la que he nutrido mi espíritu en mis días malos (casi todos). En el fondo no lo haría, no sería terrorista porque sé que es inútil. El terrorismo no cambiará el estado de las cosas, lo empeorará aún más, aunque parezca imposible empeorarlo más de lo que está. Lo único que puede cambiar las cosas, hacer el mundo un poquito menos asqueroso de lo que es, es un cambio en la mentalidad de las personas, y eso es algo que no sucederá.

He gozado viendo desmoronarse los edificios, viéndolos arder antes, viendo a gente lazándose al vacío, para morir de un batacazo y evitar la agonía que supondría quemarse vivo. He disfrutado, lo reconozco. Y supongo que miles de personas también habrán disfrutado en su interior, en un placer morboso, aunque no quieran admitirlo. Por mi parte, el contemplar el espéctaculo, y tal y como nos lo presentan las televisiones tenemos que hablar de espectáculo, más que de ninguna otra cosa, como decía, al contemplar el espéctaculo me he reído y me he alegrado, supongo que porque eso me da en cierto modo la razón: el mundo es una mierda por mucho que la gente se empeñe en negarlo, y ese espectáculo es una clara demostración de ello. Es como si la realidad me dijera sí, chaval, sí, tienes razón, mira lo que son las cosas... puedes sentirte orgulloso y mirar a los que te rodeaban, a los que no te creían, por encima de los hombros. Hazlo, anda, hazlo...

Miles de personas han muerto, pero no importa nada. Son sólo una estadística. El mundo continuará siendo igual. Muchas personas vivirán tragedias individuales y personales. Pero las empresas cinematográficas engrosarán sus beneficios, los políticos ganarán votos, los periódicos, las televisiones, las radios, los psicólogos, los psiquiatras, los médicos, los constructores, los arquitectos, los policías, los bomberos, los sepultureros, y un sin fin de personas más acabarán sacando tajada, y todos tan felices. Eso es el capitalismo: aprovechémoslo todo, incluso las tragedias. Las tragedias nos harán fuertes. Sonríamos pues.

Ahora recuerdo lo que quería decir ayer. Los esclavos. La esclavitud. El capitalismo proporciona la peor de las formas de esclavitud posible. Primero porque hace que la gente se crea que no son esclavos y se sientan felices y libres condenados como están al trabajo. Y segundo, lo que quizás resulta más repugnante, porque además pretende que nos sintamos agradecidos por poder trabajar, que nos sintamos afortunados, roguemos, y demos las gracias por tener un trabajo, porque todavía podríamos estar peor. Es decir, que ha conseguido crear situaciones peores a la esclavitud: la indigencia. Como decía el humorista El Perich: el trabajo es un castigo de dios que, como casi todo, el hombre ha conseguido empeorar creando el paro. Tenía razón.

El Maradona y la Tribu
El Maradona decía que si pudiera pondría una bomba atómica en el culo del mundo (su pueblo, mi pueblo) y mandaría a todos los burros universitarios y a todos los garrulos sin cerebro a tomar por culo. Aunque él pereciera. El Maradona seguro que se hubiera alegrado si esos dos aviones en vez de estrellarse contra las torrres gemelas se hubieran estrellado contra algún edificio del culo del mundo. El problema es que en el culo del mundo no existen edificios donde los aviones pudieran haberse estrellado.

lunes, septiembre 10, 2001

Yo también estuve en la universidad. Aunque no sólo una tarde, como el Maradona, sino unos años. Dos, tres, cuatro, qué importa. A mí también me echaron de clase en un par de ocasiones. Una porque estaba borracho, la otra porque el profesor era un gilipollas. Nada grave. Aprendí a los pocos meses de estar allí que no aprendería nada en ella, de las asignaturas, de los programas académicos y aun menos de los profesores. Pronto me la tomé a pitoerro y me dediqué a hacer el zçangano,a emborracharme, a divertirme, y a estudiar lo justo para aprobar, lo cual no me resultaba difícil. En resumen, fue una agradable pérdida de tiempo, varios años sabáticos seguidos. Para olvidar...

El cine... ¿He hablado ya de él? El otro día... bueno, iré por pasos. Fui a tomar un café con un amigo y nos tropezamos con su hermano y unas amigas. Debían de estar borrachas (era feria, y mi puto pueblo entero estaba borracho, excepto yo que me sentñia asquerado de que todo el mundo, puritanos e idiotas, viejos y jóvenes, estuviera borracho). Una de ellas se me acercó y me preguntó si quería bailar, sin venir a cuento. Estábamos en un pub, y sí, había música, pero eran las cuatro de la tarde y... bueno, ella vio la negativa en mi cara, y sin necesidad de decirle nada, me dijo, como preguntando, que yo no sabía bailar, ¿verdad? Asentí con la cabeza, y la tía se atrevió a preguntarme si me gustaba el cine... ¿Querría invitarme, pedirme a que fuera con ella? No lo sé. Pero al instante añadió que no debía de gustarme y se alejó para reunirse con sus anmigas de nuevo, mientras mi amigo seguía conversando con su hermana.
Primero, me sentí horrorizado ante la chica aquélla. La verdad es que era fea y bajita y me dio la impresión de encontrarme ante la estupidez personificada, mi verdadera pesadilla... Pero lo cierto es que no insitió demasiado, y que si lo hubiera hecho quizás yo me hubiera dejado arrastrar por ella. A fin de cuentas no sé decir que no. Además, me digo ahora que quizás debí aceptar la invitación que me hacía, que tal vez yo debí de insistir, de continuar su intento, pese a que en el fondo sé que es mejor así, porque yo lo único que quería de ella, que podría haber soportado de ella, habría sido su sexo, con el fin de romper con mi forzada abstinencia. Y lo demás no lo podría haber aguantado, no la podría haber tragado y la habría mandado a tomar por el culo antes de pasar dos horas con ella, porque me habrían dado naúsas todas sus inanes, pueriles y aburridas y simples conversaciones.
Mejor así. Eso me ha dado que pensar en el cine. He estado en los últimos añlos unas cinco o seis veces, aquí en mi pueblo, y me tuve que salir asqueado la mitad de ellas. La otras veces estaba borracho y me daba igual. Pienso en ello ahora porque em imagino acudiendo al cine con aquella mujer, los dos juntitos a ver una película de terror, para que ella pudfiera hacer el paripé y agarrarse a mí, cuando le acometiera el miedo, el canguelo ante las mentiras y ridiculeces de la pantalla...
Y no entiendo como a la gente le puede gustar las películas de terror. A mí me aburren, porque no me las creo, no puedo creérmelas. Y a los que se las creen puede que les den miedo y por consiguiente les hagan sentirse mal, así que no comprendo como quiern pasar un rato angustiados ante parte de sus miedos, una ínfima parte de todos sus infinitos: por mi parte prefiero, cuando veo una película, cuando leo un buen libro, pasar un rato agrdable, y reírme si es posible.
Por cierto, hablando de risa, he estado releyendo a Nabokov, su libro Risa en la oscuridad, y he vuelto a sonreír con el sardónico e impagable humor negro de nabokov, con ese ciego impedido puteado por los demás, objeto de sus pesadas bromas... Genial Nabokov, genial.

Ya he escrito demasiado, y no he dicho nada de o que iba a decir, de lo que quería decir cuando me conecté y abrí el weblog, en realidad no recuerdo lo que era. Quería decir algo, pero no es nada de lo que he dicho y ahora mismo lo he olvida... para siempre. Tendría que anotar todas mis ocurrencias, porque a los cinco minutos las olvido.... para no recordarlas jamás.

sábado, septiembre 08, 2001

El Maradona y la Tribu:

Que trata de cuando el Maradona estuvo en la universidad.

Apenas sabía leer y escribir, nunca fue un estudiante modelo y la prematura muerte de su padre lo mandó, forzado, de las aulas al trabajo, condedándolo a la esclavitud para siempre.
Pero ello no le impidió ir un día a las aulas universitarias. Se metió en una clase de cálculo, y no tuvo ningún reparo en admitir que no entendía la resolución de una intengral, que el profesor explicaba en la pizarra. Se lo comunicó abiertamente al profesor, y éste la explicó de nuevo. Pero el Maradona seguía sin endenderlo. Pero qué no entiendes, le preguntaba una y otra vez el profesor, quien, demostrando una buena fe inusitada, le explicó tres o cuatro veces, lo mejor que supo, la resolución de la integral, hasta que se dio cuenta de que el Maradona estaba pitoreándose de él.
Luego llegó la clase de inglés, y la profesora, más avispada, lo echó sin miramientos a la primera de cambio. No le importó, y en el pasillo trató de ligarse a un par de tías, que lo mandaron sin contemplaciones a la mierda.
Acabó el día borracho y quejádonse amargamente de la universidad y todos los universitarios. Desde siempre los consideró a todos, y con razón, como a los burros que eran.

viernes, septiembre 07, 2001

Aprovechando que no tenía que trabajar, estuve en una ciudad para escapar del lugar donde nací. Disfruté de una forma muy particular. Fui solo, y estuve todo el día solo. Eso sucedió ayer.
Me pateé el centro de un lado a otro. Entré en bares desconocidos y bebí cerveza, bebí whisky, y no hablé con nadie más que para pedir que me sirviera cerveza, que me sirviera whisky. Solo con mis pensamientos observé a la gente que caminaba por el centro, y todo era miseria. Algunos, elegantes, con chaqueta, móvil y portafolio, caminaban con paso enérgico, decidido, impetuoso, pisando con firmeza, con fiereza incluso, el suelo que dejaban atrás, seguros del camino que seguían, con un rumbo y objetivo fijado de antemano, unívoco e irrevocable e incontestable, con el tiempo ajustado y medido y valorado. Por contraste, otros, vagabundos. viejos, sentados apoyados contra la pared, harapientos, pedían limosna con una calma asombrosa, y cuando los veía paseando lo hacían con un ritmo pausado, ocioso, sin ninguna prisa o dirección. Vi incluso algo que nunca antes había visto. Un tipo harapiento por una zona adyacente a las calles centrales, se acercó a unos contenedores de basura y rebuscó en ellos (debo de decir que sin encontrar nada de su agrado). Iba cargado con una mochila, que supongo contenía todas sus pertenencias. La gente pasaba a su lado, yo incluido, fingiendo no verlo. Estuve tentado de acercarme a él y de darle mil duros, pero no lo hice, y me alejé, como los demás, indiferente. Debe de resultar duro rebuscar en contenedores de basura. Resulta duro contemplar su miseria y no hacer nada por remediarla, no poer hacer nada por remediarla. Bien por tu situación, bien por tu cobardía, y yo diría que es más bien por cobardía. Ese contraste es el producto del capitalismo, de una sociedad desvergonzada que pregona como bien supremo el dinero, que valora la riqueza material (y toda riqueza material es una riqueza ficticia) por encima de todo. En realidad, sólo crea miseria, tanto el tipo ejecutivo, hombre de negocios trajeadoo, como el vagabundo son miserables y lamentables productos de una sociedad idiotizada, de una sociedad antihumana.
También era curiosio contemplar a muchos hombres mirar con descaro, y hasta con cierto orgullo, a las mujeres guapas, irradiantes de belleza, que pasaban por sus cercanías. Mientras que sólo unas pocas mujeres, las más descaradas, miraban con lujuria a los hombres con los que se cruzaban, y lo hacían con tímidez, lejos del descaro de los hombres. Por supuesto, los hombres objeto de estas miradas eran los más elegantes, los que tenían aspecto de triunfador y prisas, y desde luego ninguna miraba con lascivia, ni por asomo, a los vagabundos, sino tal vez con repugnancia. Por cierto, resulta curioso que ninguno de los vagabundos que vi (y debí de ver diez o doce, por lo menos) fuera de sexo femenino. Las mujeres sin nada y despreciadas deben de suponer una insignificante minoría, y no logro explicarme el porqué.

Ultimamente apenas me emborracho. Prefiero conservar la lucidez de mi mente, y procuro evitar y alejarme del alcohol y las drogas. esto, por un lado, hace más monotona y superfial y aburrida mi existencia. Por otro lado, me permite ahorrar dinero y no cometer las edesproporcionadas estupideces que cometo. Aunque admito que hace dos días em cogí una buena turca, junto a un amigo. Aunque éste se la agarró ma´s fuerte que yo. Estábamos rodeados de gente y de repente, mi amigo, se desplomó de espaldas en el suelo. Me di cuenta de que se había caído porque la gente había formado un corro alrededor de él. El sitio estaba tan lleno de gente que no se cabía, que todos teníamos que estar apretujados los unos contra los otros, pero cuando mi amigo cayó no tuvieron dificultades en hacer un amplio círculo a su alrededor. No pasó nada, al fin y al cabo. me acerqué, le ayudé a levantarse, y nso tomamos un par de copas más, antes de irnos a dormir la mona.

He cambiado de gafas y de graduación, y me siento molesto con las nuevas, además de mareado. Tengo sueño.

Aproveché el viaje a la ciudad (y fue uno de los motivos del mismo) para comprar libros (en las librerías de mi pueblo solo se puede encontrar bazofia) y ahora me siento cómodo teniendo un libro a mano para poder dejar que el tiempo me mate lentamente a mí.

Mañana un nuevo capítulo del Maradona y la Tribu.

martes, septiembre 04, 2001

Las ferias de verano, de los pueblos, más que fiestas populares son ferias del ganado. Las personas, más que seres humanos, parecen animales, rebaño, que se mueve en masa siguiendo al más estúpido, lo más estúpido.

Dos clientes se detuvieron delante de mí y hablaron sobre servidor:
Este muchacho, dijeron, es apañado.
Me sentí como si me hubieran pegado una patada donde más duele. Me asquea causar buena impresión, me horririza que me consideren bueno, pero eso es algo que ocurre con frecuencia (pienso que si ellos me consideran bueno es que voy por mal camino). Si me creen 'bueno' es porque soy un cobarde y no tengo cojones de expresarme con libertad. La gente me considera una persona callada, tímida, introvertida, pero esa es la forma que adopta mi mezquindad, mi hipocresía: el silencio. Ya he dicho alguna que otra vez que me repugna la actitud falaz de las personas que me rodean. Pero yo tengo que entonar el mea culpa y confieso que soy muy mendaz yo también, incluso más falso que todos los demás. Al fin y al cabo, ellos son tan simples que no es difícil descubrir sus verdades entre todas las mentiras con las que tratan de ocultar todas sus miserias al mundo. En cambio, en mi silencio nadie detecta malicia, nadie descubre mis verdaderas opiniones. Pero la hay. Yo soy más falso que ellos. Por ejemplo, hoy mismo, mientras esos viejos, esos clientes, decían que yo era 'apañado', para mis adentros me dolía y decía: estúpidos, estúpidos, estúpidos... Me justifico a mí mismo pensando que si de verdad supieran lo que pienso, como soy, no dudarían en apedrearme, o algo por el estilo. En el fondo si las personas corrientes, la masa, descubriera lo que dicen los libros, los clásicos, harían todo lo posible por erradicarlos, por quemarlos en la hoguera de su propia ignorancia (la de ellos, la de la masa, no la de los libros) y su confusión y su simpleza para siempre. Los bastardos unidos, ese asqueroso país que pretende ser ejemplo de libertad, con su inmundo puritanismo, es un claro ejemplo de que la sociedad no está hecha para aceptar la verdad que encierran los buenos libros. Así, por poner ejemplos, prohibieron a Henry Millar, así a Joyce, censurándoles de inmorales.

Vvimos en un mundo de encuestas. Nos bombardean con ellas, qué piensa usted de aquéllo, qué de lo otro. Prensa, radio, televisión, instituciones... Incluso en internet cientos de páginas hacen votaciones, quién ganará esto, qué piensa de aquéllo. Pero en el fondo todos preguntan una misma y única cosa: ¿es usted gilipollas? La mayoría de los que responden dicen que sí, que son gilipollas, al contestar (y yo he contestado alguna que otra vez), al tomárselas en serio. El resto, una ínfima minoría, ni sabe ni contesta (y yo ni sé ni contesto en la mayoría de las ocasiones).

domingo, septiembre 02, 2001

Ahora que la resaca ha mermado, puedo escribir con más calma.
Anoche un tío, un compañero de copas, se puso a defender a los psicologos y a reprocharme el desprecio que yo les guardo. Estaba, yo, algo bebido aunque no borracho del todo, cometí la estupidez de defender mi postura, y tuve que explicarme. Le dije la verdad, que los psicólogos puede que ayuden a sus pacientes, para ser más específicos, puede que consigan hacer que los que van a ellos se sientan mejor, eso no lo niego, pero lo hacen a costa de convertirlos en peores personas. Todos los que van al psicólogo se convierten en peores personas. El porqué es muy sencillo. Los señores estos promulgan la autoestima de todo el mundo, hacen que la gente se crea que son cojonudos, cuando en realdiad son unos cabrones de cuidado, y eliminan de ese modo el poco remordimiento y sentido de culpa que puedan tener. Así, cuando un paciente sale al mundo, por así decir, y hacen algo, alguna cabronada, se escudan en su autoestima, se inventan cualquier cosa para justificarse, y se dicen lo cojonudos que son. Ayudan a los pacientes, ya de por sí seres, generalmente, indeseables, a que sean peores personas, y las lazan al mundo para que los demás las tengamos que sufrir.
Pero, me replicó mi amigo, cómo puedes alabar a Freud y atacar a los psicólogos.
Y me expliqué, y le dije: Mira, yo he leído algunos de los textos de este hombre, y no recuerdo que mencionase ni una sóla vez la palabra autoestima.

Luego, ya totalmente borracho, le dije a un amigo una ocurrencia que tuve en el momento: Yo hablo con los muertos, los muertos me hablan a mí. El lo tomó por un delirio producto de la borrachera, una de las tantas frases sin sentido que se dicen, se esté borracho o no. Pero no era ningún delirio, los muertos me hablan, y les estoy muy agradecido por que lo hagan. Los muertos me hablan a través de los libros que dejaron escritos y que yo he tenido la suerte de leer.
El Maradona y la Tribu:
Cuando estaba aburrido, cuando no sabía que hacer, echaba mano a una de sus ocurriencias, de sus frases recurentes, era: ¿yo mato el tiempo o el tiempo me mata a mí? Y después se ponía a divagar sobre quién mataba a quién. Una frase, una conversación, un dialógo consigo mismo, que encerraba toda una filosofía llena de humor.
Oh resaca, divina resaca, vuelvo a sentirte dentro de mis entrañas.

Tengo que ir al dentista, tengo que cambiar de gafas. Echaré de menos mis gafas, echaré de menos mis muelas y mis caries.

sábado, septiembre 01, 2001

El Maradona y la Tribu.
Hoy hablaré de la tribu. Y el cura pertenece a la tribu. Me ha contado algo que yo ya sabía. Me ha dicho que se peleó hace un par de años con mi hermano. Lo sabía, pero no le dije nada y le he dejado que me lo contara todo, y lo ha hecho tal y como yo lo sabía. Aconteció que quedó para ir a una fiesta, a una verbena, con mi hermano y su novia, y unas amigas de su novia. El se ofreció a llevarlos a todos. Y el cura se presentó ante las mujeres como un profesor de historia, según decía para flitear con ellas, pues a pesar de que tiene que guardar voto de castidad dice que no le importaría romperlo, que le encantaría follar libremente, vamos. A lo que iba, se presentó como profesor de historia, confiado en que las mujeres le creyeran, confiado en causarles grata impresión. Pero lo que no sabía es que las mujeres lo conocían, y sabían que él era cura Y se puso a hablar de historia hasta que lo cortaron las tipas esas , con malicia, se pusieron a hablar de religión y del cristianismo, porque la verbena donde iban la había organizado una asociación religiosa, y que si la religión por aquí, y el cristianismo por allá, y dios, ese muerto apestoso, por acullá. El cura, percántadose, detuvo el coche en medio de la carretera, y, con ira, irritado ante aquello, exclamó: sí, soy cura, que pasa Y luego, amablemente, añadió: y ahora si no os importa o sbajáis de mi coche y os vais andando. Ante aquello, mi hermano , su novia, y sus amigas se quedaron estupefactos y prostestaron, pero el cura fue inflexible y los mandó a paseo. desde entonces no se habla con mi hermano. Pero yo creo que la culpa es de mi hermano y de su compañía. Sí, señor cura, sí, hizo usted bien. Y ayer, cuando me lo contó, aquello que ocurrió hace un par de años y que mi hermano me había contado indignado, se lo dije, le dije: sí, hiciste bien, con dos cojones. y luego nos reimos uun rato.

Antes de irme, voy a citar a Nietzsche, y una de sus verdadades como puños: "La moral es hoy en Europa una moral de animal de rebaño. Por lo tanto, según entendemos nosotros las cosas, es una moral, al lado de la cual, delante de la cual, detrás de la cual, caben otras muchas morales, sobre todo, morales 'superiores'".
Eso sería en su época, señor Nietzsche. hoy por hoy es mucho peor que una moral de animal de rebaño, es muchísimo peor. Es eso, y mucho más. Falsedad, mezquindad, junto a la moral de esclavos de la que habla. Mucho, muchísmo peor. Tendríamos suerte si sólo fuera eso, yuna moral de animales de rebaño.
Y sí, por supuesto que es una moral superable, cualquier cosa, cualquier actitud vital, cualquier valor moral, supera con creces y sin dificultad a los actuales.
¿Pero qué podemos hacer?
Jodernos.