Lo primero es lo primero:
Esa puta alcohólica que me trajo al mundo me mata, y no sólo de pena, sino también de hambre. Fríe tres trozos de pescado, cien gramos a lo sumo, y pretende que cene sólo eso, que me alimente sólo de eso. Y lo peor es que esa vieja senil dice que es suficiente, bastante. Hace mal sus cálculos, y prepara poca comida para todos, y con tal de no reconocer su error, se empeña en decir que es toda una cena. Una cena para matarla. Es la hostia, y deberían de ponerle una camisa de fuerza.
Y aquí estoy yo, a pan y agua, comiendo unos piquitos para matar el hambre, mientras escribo esto. Es penoso. Saldría a comerme algo fuera, si no es porque estoy hecho polvo y tengo que volver a madrugar mañana, que es viernes, por fin viernes. Llega el fin de semana, ese espejismo que nos permite tomar aire, oxígeno, y respirar para seguir malviviendo. Un bocado a un piquito, un poco de agua, y el hambre merma, se contiene. Parece como si estuviera a dieta, como si pesara ciento cincuenta quilos y luchara como un condenado por perder veinte, cuando lo cierto es que tengo una figura digna del quijote. Tengo un poco de jamón, pero eso sólo da un poco de sabor, porque no ayuda a matar mi hambre perruna.
Más de lo mismo, la misma medicina que no cura nada, ninguna herida, ninguna enfermedad:
Fidel castro ha dicho, sabiamente, certeramente, que los bastardos unidos son unos terroristas. Lamenta lo que les ha sucedido y les ofrece su ayuda, pero sin olvidar que ellos son unos terroristas y que merecen lo que les ha sucedido. Ha dicho la verda, la puta verdad. Me permito recordar hechos, como Panamá, como Granada, y como otros miles de atrocidades que han cometido los bastardos. Otro ejemplo, de las barbaries de esos cabrones, está ahora en boga: pinochet, los juicios que pretenden celebrar contra él por sus crímenes contra la humanidad. Pues bien, me repugna que nadie diga la verdad, de todos conocida: que pinochet no fue más que una marioneta de los americanos, para derrocar al comunista allende, una marioneta que hizo lo que los bastardos le dijeron que hiciese. Por lo tanto, todas los crímenes por los que se pretende juzgar a pinochet son crímenes de los americanos, y es a ellos y a su gobierno a quien habría que juzgar por tales atentados contra la dignidad humana.
¡Mierda! Recordar esto me ha puesto de mala hostia. Me siento frustrado, dolido, atacado, por estos hechos, por esta hipocresía no combatida, por esta sociedad tan falsa y asquerosa que se traga toda la mierda que les metan, sin rechistar, sin protestar, sin darse cuenta de nada. Esta sociedad tan podrida, estúpida y ciega ante lo que es más claro, cristalino y brillante que todos lo soles y las estrellas muertas del jodido universo.
Un idiota comentó lo siguiente, con relación a todo este alarmismo: no, si ahora me llamará el ejército para llevarme a matar moros. Pretendía ser gracioso. Pero no hace falta comentar su estupidez, su mal gusto, su pobre ingenio... Pero quiero comentar otra cosa en relación a esto: Sin entrar en ello, y suponiendo que llegara un día tal, yo, en vez de irme a matar moros, me uniría a los moros para matar occidentales. Tan cabrones son unos como otros, y los moros por lo menos son unos miserables desgraciados que se mueren de hambre, que se consumen en su ignorancia. Son los débiles, por así decir.
Para muchos, y sobre todo muchas, esto de las torres de tragedia no tiene nada. Será una alegría. Sus maridos/mujeres han muerto. Se han librado de ellos, de quienes querían librarse sin saber cómo lograrlo, y para colmo de gozo se van a beneficiar de su seguro de vida, obteniendo importantes sumas de dinero sin esfuerzo. Ni planeándolo les hubiera salido tan bien, tan redondo. Ni en sus mejores sueños. Si hubieran contratado a un asesino a sueldo habría sido más complicado, y les habría salido mal. Ahora se han librado de su conyuge para siempre y además obtendrán una suma de dinero que les permitirá concederse ciertos caprichos terranales.
En el tercer mundo, los países pobres, suceden calamidades peores, con muchísimos más muertos, y apenas se les presta atención. Terremotos, huracanas, epidemías, hambrunas, sólo son cinco minutos, como mucho, de tiempo en las televisiones occidentales. Esto de los bastardos, lo tenemos a todas horas. Hasto yo, no paro de hblar del tema. Lo admito. Aunque yo trato de ser un contra puhnto, un lado crítico, cínico, irónico, ofensivo... aunque no lo consiga, aunque no haga más que dar vueltas y decir palabras sin sentido, sin contenido...
Otras cosas:
He visto ya dos veces un anuncio asqueroso: Hay una frase que me duele, como si me clavaran un cuchillo. Hay dos personas, una mujer y un hombre, dos modelos descarados, en estética, claro. El marido escribe una novela, y una frase me aguijonea: "desde que se queda en casa a escribir su novela...". Como si eso fuera lo más natural del mundo, como si eso fuera una mera afición, un capricho pasajero y cualquiera pudiera escribir una obra maestra. Como si fuera lo más fácil y divertido del mundo, cuando es un acto de pasión, de dolor, de llanto, de grandeza y miseria, de humanidad... quizás.. Me repugna esa imagen, del escritor bien, padre de familia y con capcidad de agradar y caer bien hasta a su puñetero padre.
Por cierto, voy a darme unos tres o cuatro meses con la novela. Voy a variar, nuevamente, el contenido de la misma, dejando los personajes, l ahistoria fundamental, pero cambiando, d enuevo, la estructura narrativa, además de todas la palabras que hasta ahora he escrito. Pero, antes, como digo, voy a darme un respiro de algunos meses. Lo necesito.
Ah, ¡Mierda! Mierda, mierda. MIERDA. Me siento tan impotente.
Ayer leí a steinbeck, su novela: De ratones y hombres. Me maravilla la facilidad, aparente, con la que el cabrón recrea las miserias del alma humana, la claridad con la que el mamón retrata a sus personajes, todos ellos confusos, perdidos e infelices en un mundo, una sociedad, que los condena al sufrimiento sin remedio. Sí, señor Steinbeck, era usted grande, GRANDE.