Joder, estoy medio borracho, incumpliendo mis promesas. Apenas si atino a teclear como es debido, a pulsar el botón correcto. Así da gusto escribir, sin preocuparse por nada.
Primero quiero decir que mi futuro laboral pende de un hilo, de una cuerda floja. Es muy posible que se cumplan mis peores pesadillas. Hace años temí que mi vida se convirtiera en lo que ahora puede convertirse. Lo atisbé como un improbable futuro, como el peor de mis futuros, y ahora estoy a punto de verlo convertido en realidad. Una sola frase me subyuga: vas a quedarte aquí para siempre. eso significa trabajar en lo que no me gusta en el lugar que menos me gusta de todo el planeta. Es para morirse de asco. Soy un desgraciado, un perdedor, y moriré siéndolo.
¡Malditas mujeres! Sus figuras, sus sinuosas curvas me enloquecen. Hay días en los que me gustan todas, gordas, altas, bajas, delgadas, esbeltas, rubias o morenas me las follaría a todas. Lo peor del caso es que ninguna de ellas está al alcance de mis manos, a ninguna puedo manosear libremente y a gusto, a no ser que le pague, cosa que no hago.
Del dinero también quiero hablar.
Derrocho como un demente, y no puedo contenerme. Hoy mismo es la prueba, he salido, he tomado unas copas, y he gastado un dinero, que se incrementará con la noche, pues saldré y tomaré más copas. Pensé en no salir más, en dejar de emborracharme por bares y pubs, para ahorrar, pero creo que es inútil.
Algunas de las clientas que van a mi banco me atraen más de la cuenta Hoy mismo me han puesto enfermo. Hay varias a las que miro con lascivia y que, esa impresión tengo, me devuelven la mirada con igual lujuria, lo que me excita, me provoca. Esas son la tentación de Cristo, si yo fuera Cristo. He pensado en anotar las matrículas de algunas de ellas y de buscarlas, seguirlas y perseguirlas, averiguar dónde viven, a qué dedican su tiempo. Comprarme una botella de vino y hacer de detective, de un duro y rudo detective privado, como los que salen en la pesadillas que produce ese crimen que es Hollywood. Me imagino siguiéndolas, y a veces pienso que, si sigo pensando de este modo, acabaré convirtiéndome en un psicopata, en uno de ésos que van matando a determinado grupo de mujeres y a los que la policía tanto teme.
¿Por qué bebe tanto la gente? Voy a desayunar y veo a todo el mundo bebiendo, anís o pacharán, emborrachándose. Estás folloneta, dice uno de los barman donde voy a desayunar, ya estás folloneta, y se lo dice a la mayoría de sus clientes. A la hora que sea, vayas donde vayas, siempre te encuentras a alguien bebiendo en el bar, de día o de noche, con calor o frío, la gente bebe y bebe sin parar, o se droga, que es lo mismo. ¿por qué lo harán? ¿Acaso estarán hartos de su vida, de sus miserias, del poco sentido que encuentran en sus existencia?
Escribo esto en diferido, porque el directo no existe en el lenguaje escrito, uno primero escribe, otro después lo lee. No es como la televisión. Aunque en uno u otro caso se haga la misma mierda, en televisión existe el directo, en literatura no. La virtud de la literatura es que tiene algún que otro diferido bueno, cosa que no sucede con la televisión, ya que tanto el directo como el diferido son la misma mierda.
El Maradona y la Tribu: El maradona decía y repetía, como un emblema, como una filosofía: Bebééééé pááá orviáááá. Lo decía cantureando, y lo decía con su corazón. El bebía, antes de que destrozase su hígado, pa orviá. ¿Acaso la gente bebe pá orviá?
Tengo cáncer. El cáncer del tiempo, que me está devorando.