sábado, junio 30, 2001

Ayer me cogí un turca increíble. Fui a un pueblo, que está a diez kilómetros de donde vivo, cuando ya amanecia, porque alguien dijo que estaban en feria. Fui con un tipo y lo primero que ocurrió fue que nos quedamos sin gasolina en el cruce. Este chaval se fue a comprar el líquido que hace funcionar los coches, y regresó a los pocos minutos porque, por suerte, un chaval se prestó a llevarlo en su moto. Fuimos al pueblo y allí, ya como una cuba, decidí volver a casa, y como no sabía dónde se habían metido los dos tipos con quienes estaba que tenían coche, no me molesté en buscarlos y decidí irme andando. Cinco kilómetros, poca cosa. Otros ya lo han hecho antes; me dije. Y como un imbécil me puse a caminar, primero siguiendo las vías del tren. Me obsesioné con la estúpida idea de que el tren vendría pronto y no me daría tiempo a quitarme, me aplastaría como a una vulgar cucaracha (y me habría hecho un favor) y quise seguir por los caminos adyacentes a las vias. Como estaba muy borracho, y como estos caminos estaban muy mal, casi siempre en pronunicada pendiente, llenos de piedrecitas resbaladizas, me caí unas cuantas veces. Y, en el intante antes de caer, me decía: me voy a caer, pero no me imrpota. No hacía nada por evitarlo, y hoy estoy lleno de arañazos. Para evitar seguir rodando por los suelos, cambié de camino y me metí por un carril. Pensé que el carril seguiría paralelo a la carretera y me llevaría en la dirección correcta. Entonces fue cuando empecé a notar el calor, el asfixiante calor que hacía. No sabía qué hora era, ya que yo nunca llevo reloj, pero estaba en el infierno, sudando como un cerdo y jadeando por la caminata. Después me fui a la carretera, pensé en hacer dedo, pero no lo hice, no quería que nadie me llevase. Pené como un gilipollas por la carretera y no veía el momento en el que llegaría, en el que podría acostarme a dormir como deseaba. No sé cuánto tardé, quizás dos horas, más o menos. Se me hizo eterno, pero por fin llegué a casa cansado y borracho y me tumbé en la cama donde he estado hasta que ha anochecido.

Maradona: Si me fui andando fue porque una vez el maradona lo había hecho antes, irse andando. El lo hizo de noche, menos borracho que yo, probablemente, y supongo que no le resultó tan duro como a mí, entre otras coas porque fue acompañado por otra persona. El maradona se refería a esta anécdota considerándola como una gran hazaña, como tantas otras aventuras similares propiciadas por sus continuas y escandalosas borracheras. Yo no consideros este tipo de vivencias como hazañas, ni siquiera como aventuras. Son sólo una estúpida forma con la que trato de evadirme de la puta realidad que me rodea.

martes, junio 26, 2001

Hoy me siento conteto. Me siento extraordinariamente BIEN, y subrayo la palabra porque no es normal que me sienta de este modo. Varios sucesos me han alegrado el ánimo. El primero y más importante es que no he currado 10 horas, como pensaba, sino siete. Me dijo uno que yo no tenía que ir, y no he ido esta tarde. Cierto es que bien pudiera esta persona estar equivocada (ya lo veré más tarde), pero me da igual, me excusaré diciendo que nadie me lo comunicó personalmente, y que esta persona, quien debía de informarme, me dijo que creía que yo no tenía que ir. Aunque si quieres, puedes venir; me dijo. Tú estás loco?, le dije yo.
El segundo es que algunos de mis proyectos parecen que pueden tener salido, una remota salida, una remota esperanza de ver mis ilusiones convertidas en realidad.
Hoy creo que los milagros son posibles, y que incluso mi novela puede que tenga algún arreglo, puede que con mucho esfuerzo, y si no me dejo llevar por la desesperación, logre corregir sus infinitos defectos, sus dantescas fallas.
En mi interior suena la música de Beethoven, y oigo a los ángeles gritar el himno del genio. Como todo paraíso, es momentáneo, y me temo que mañana me sentiré mal, sencillamente porque no podré evitar las diez horas de trabajo, y una pequeña reprimenda por no haber acudido hoy a trabajar por la tarde.Pero de momento rezo para que siga sonando la música de la alegría, que suene eternamente en todos los corazones de los hombres desesperados. He matado a Dios y vuelvo a creer en lo divino.

lunes, junio 25, 2001

Mientras el calor me asfixia, me siento aterrado ante la jornada laboral que me espera en los tres próximos días. Trabajaré diez horas cada día, treinta horas en tres días. Lo que vaya a hacer carece de importancia (no haré gran cosa en realidad), lo que importa es el tiempo que perderé, el tiempo que me robarán a cambio de un miserable sueldo. El tiempo no se compra con nada, y nosotros lo intercambiamos, mejor dicho, lo perdemos, a cambio de un dienro que sólo nos va a permitir seguir subsistiendo. Triste realidad.
Deberíamos de aprender de los romanos. Ellos tenían 165 días de fiesta, 165 días de trabajo, y una jornada laboral de dos o tres horas. Claro que por ellos trabajaban los esclavos, pero nosotros tenemos máquinas para hacer la mayor parte de nuestro trabajo, y deberíamos de reducir la jornada laboral, no por crear más empleo, como dicen, sino sencillamente para poder disponer de más tiempo, para poder vivir mejor.

Maradona: El maradona se independizó, y nosotros acudíamos a su casa a ver el fútbol, y a tomar café. Jugábamos a los dados y al parchís, y quien perdía tenía que preparar el café y fregar los platos, o salir a comprar al quiosco frutos secos o pipas o cerveza para ver el fútbol. No eran tareas duras o degradantes, pero los que ganaban se encargaban de hacer que el perdedor se sientiera como si lo fuesen, y se enfadara de forma importante. En un par de ocasiones el maradona se cogió un cabreo tal que acabó tirando el parchís y los dados por la ventana y proclamando con firmeza que no se volvería a jugar más; proclamas que nunca se cumplieron. Ya está bien, decía, la vida no es justa. Yo pongo el piso, el café, las tazas, el agua, y encima pierdo y tengo que prepararle a los señoritos el café. Lo decía airado, pero resultaba hilarante. El maradona tenía esa envidiable e impagable cualidad de ser gracioso, y hacía con frecuencia que se nos saltarán las lágrimas de los ojos por la risa. Gracias, Señor Maradona, Gracias.

domingo, junio 24, 2001

Lo hice, ayer lo hice. Había quedado con unos colegas en el pub, pero como no aparecieron lo hice. Aunque admito que fue un fracaso, pero eso es algo a lo que ya estoy acostumbrado.
Como no apareció nadie en el pub, me fui a la gasolinera y compré una bolsa de patatas fritas y una botella de whisky, y a cotinuación me fui al cementerio, en el coche. Lo primero que me decepcionó fue que yo no era el único que había allí, sino que había un trasiego constante de coches que iba a una carrilito cercano para follar o hacer envidiables marranadas sexuales. supongo que en la mayoría de los coches irían un hombre y una mujer, aunque es muy posible que en alguno que otro fueran miembros del mismo sexo. Pero esto no fue lo peor, lo peor fue que a mí me entró sueño. me quedé en el vehículo, tragando el whisky, comiendo las patatas y escuchando al señor Mahler y su divina sinfonía Titán, y yo creía estar en la gloria, pero me vino un sueño atroz que no pude reprimir, y me volví a casa a dormir.

sábado, junio 23, 2001

Vengo de un bar, de tomar cerveza con mi hermano. Ayer noche estuve bebiendo y ahora estoy borracho. Por una parte, me digo que lo que deberia de hacer es sentarme a trabajar en mi novela toda la tarde. Pero lo que voy a hacer, es ir en busca de algún conocido para tomar algún café, y ya sabemos que ese café sólo es un pretexto para tomar copas y emborracharme. ASoy un cobarde. Soy un perdedor. Me dejo arrastrar por mis más fáciles instintos. Soy un cabrón y un mierdoso lleno de contradicciones. Ahhh.

Maradona. Hemos estado hablando del maradona. Mi hermano se iba a los puticlubs con él. Iban en su motillo, en su vieja Lori, como él llamaba. En la vieja Lori se montaban tres, mi hermano, el maradona que conducía y el paquillo pirata. El pirata se tiraba de la moto en marcha en cuanto le comunicaba el maradona que lo iba a llevar al puti club. mi hermano no se tiraba, y se iban los dos a traginarse a alguna puta.

viernes, junio 22, 2001

Hola, Buenos días, buenas tardes, hasta luego, adiós, gracias, de nada, hoy hace calor, hoy hace frío, hoy hace viento. En eso consiste mi trabajo, eso es lo que repito casi sin para de las ocho a las tres, como un loro o un periquito bien entrenado. Por eso me pagan. Una miseria, pero me pagan. También me vuelve loco, me irrita, me desespera. Los clientes me horrorizan y me dan náuseas, entre otras cosas porque los seres humanos me horrorizan y me dan náuseas.
Ayer tuve que reírme, que descojonarme, con una clienta. Era una monja. Después de pasarse cinco minutos diciendo tonterías sin parar, me dijo que sentía mucha lástima por los jóvenes, por el mundo al que tenían que enfrentarse, por la precariedad laboral, por lo difícil que lo teníamos para acceder a una vivienda... qué sé yo. El caso es que al final me dijo que iba a rezar por mí. En cuando llegue al convento, me dijo, voy a ir a la capilla a rezar por ti. No supe qué hacer, y me quedé callado. Pero también me quedé con ganas de replicarle, de decirle que no se molestara en orar por un alma descarriada como yo, que rezase mejor por su puta madre. Pero, en cambio, me quedé callado y me reí, me hizo gracia la monja. No sé por qué le dio por ahí, quizás chochee, quizás su líbido la impulsó a sentir piedad de mí, cuando lo que en el fondo sólo pensaba en follar conmigo. ¡Qué sé yo!

Quiero hacer unas cuantas matizaciones. En primer lugar, hay gente que me envía mensajes y que se pregunta si lo que cuento aquí es verdad o sólo producto de mi fantasía. Les recuerdo a todo el mundo lo que ya dije desde un principio, que aquí sólo contaría la verdad, es decir, ese conjunto de apariencias que llamamos verdad. Por lo tanto, me crean o no (esa no es cuestión que me incumba) todo cuanto aquí he dicho es la verdad, mi verdad. Puede que la historia lo niegue, puede que yo sea parcial, rencoroso, malévolo, puede que yo sea un mentiroso y un envenenador, pero todo cuanto aquí he dicho es la verdad y tendrán que tragarla.
En segundo lugar, ya he recibido dos mensajes (hoy el segundo) de algunas presuntas mujeres que, rebatiendo uno de mis post anteriores que parece haberlas ofendido, dicen que no es cierto que las mujeres no busquen solamente placer en el sexo, que existen muchas muejres (ellas se ponen como ejemplo) que follan o se masturban única y exclusivamente para su propio placer. Olvidan estas señoras o señoritas que no niego que existas mujeres existan, que sólo digo que estas mujeres no son normales. Además, yo no las conozco. En relación a esto, me permito hacer un llamamiento colectivo a todas las mujeres, señoras o señoritas, adultas o jóvenes: follad por puro placer, sólo y exclusivamente por sexo. Demostradme que estoy equivocado, demostradme que estáis por encima de los prejuicios, tanto los propios como los ajenos, y haced válida esa famosa e incierta frase hippie: haz el amor, no la guerra.

Maradona: Te voy a poner mirando a Koria. La veteranía es un grado. Con paciencia y espera todo llega. Esos son sólo algunos ejemplos de las frases que gustaba de pronunciar y repetir sin cesar el señor maradona. Era un sancho panza, y vivía de refranes y estúpidas, pero graciosas, frases hechas.

miércoles, junio 20, 2001

No avanzo. No avanzo un centímetro y en realidad es como si retrodeciera. Me cuesta horrores sentarme delante del ordenador para corregir mi novela, porque me horroriza lo que he escrito, y a veces dudo sobre si es posible hacer verosimil su redacción, sobre si YO puedo hacer verosimil su redación o no, y la mayoría de las veces me digo que no, que es imposible. Mi novela es una mierda, para qué voy a engañarme, y me temo que seguirá siéndolo por mucho tiempo, me temo que nunca dejará de serlo.
¿Qué puedo hacer?

Hoy he tropezado con alguien de mi más tétrico pasado, del que prefiero no hablar, porque no sabría cómo empezar. Me miró de soslayo y le devolví la mirada, no nos saludamos. No es que crea que es una mala persona, pero las circunstancias que lo rodearon todo fueron poco menos que lamentables, y ahora me incomoda, nos incomoda, encontrarnos. por fortuna o desgracia, no nos encontramos en un espacio físico reducido, como hoy, nada a menudo.

Maradona. Como prometí, contaré algo del maradona. Hace ya tiempo su madre le hacía tomar pastillas para los nervios. No tenían buenas relaciones, él y su madre (su padre murió mucho tiempo atrás, cuando él era un niño), y su madre culpaba a los nervios de su hijo las continuas y acaloradas disputas y discusiones que tenían. Así que logró convencer a un matasanos (a un burro universitario, como diría el maradona) para que le recetase pastillas para los 'nervios'. No sé qué le recetó, pero eran muy fuertes, y, mezcladas con alcohol, resultaban letales, y no es ninguna exageración. Como quiera que sea, su madre le convenció para que se tomase las pastillas, y él, supongo que por evitar mayores confrontaciones, acató la decisión con la condición de no tomarlas los fines de semana para poder beber y emborracharse. Como las pastillas no parecieron hacer efecto, ya que el maradona seguía igual, se madre estimó que los parones de los fines de semana eran los responsables de que su hijo no mejorase, así que por su cuenta, sin decirle nada al hijo, le mezcló las pastillas con la comida, sin decirle nada a su hijo. El maradona se fue de copas y comenzó a beber, como cualquier otro sábado. Pero comenzó, sin darse cuenta, a enrojecer, mucho, muchísimo. Sus amigos se lo dijeron, y cuando se miró en el espejo dijo: La puta de mi vieja. La puta seguro que me ha echado las pastillas con la comifda. dejó de beber, pero como siguió enrojeciendo, tuvo que ir al hospital, donde estuvo un par de días internado. No sé qué le dieron, al pobre.

martes, junio 19, 2001

Los cementerios me gustan. Lugares tranquilos, apacibles, llenos de silencio y calma.
Digo esto porque he tenido hoy una revelación, por así decir. En donde vivo existen dos camposantos, uno es el que se usa ahora para enterrar a los cadáveres antes de que se los coman los gusanos. Es uno de esos cementerios modernos, en los que los muertos se entierran uno sobre otro, apiñados, para ahorrar espacio (allí fue donde llevé a mi amigo el Bellota). El otro es el viejo, el que ya no se utiliza, y que está a las afueras; no existe allí ni siquiera un guarda, y creo que hace tiempo se llevaron los muertos (sus huesos).
Pues bien, hoy he pensado que es allí adonde podría ir a emborracharme. Los viernes, los sábados, en vez de perder el tiempo en los bares y los pubs, podría comprar un botella del señor Jack Daniels, y podría meterme en el cementerio viejo a beber en paz.
Al menos, podría ir allí en tanto en cuanto me independizo, porque una vez que disponga de mi cabaña, de mi cueva, acabaré con las salidas. Viviré solo, sin opresivos y poco comprensivos padres, y me emborracharé a gusto en casa. Me fascina esa idea (ambas, a decir verdad, la del cementerio y la del apartamento), y de momento me consuelo con ellas.

Maradona: El maradona no podía beber, tenía el hígado destrozado, hecho trizas. Se lo destrozó cuando yo era pequeño, cuando yo tenía diez o doce años. Entonces se emborrachaba casi a diario. Se cogía unas papas escandalosas, y solía hacer burradas. A partir de mañana contaré alguna de ellas.

domingo, junio 17, 2001

No pensaba escribir hoy nada más. Incluso estoy haciendo un sobreesfuerzo ahora mismo al sentarme aquí para escribir esto. Los ojos se me cierran, como muestra de un cansancio que me domina y que no entiendo. Este mismo cansancio me ha impedido hoy salir fuera a comer algo y tomar unas cervezas y unas copas, como tenía intención de hacer. Pero un artículo de Javier Marías que he leído hace un rato me obliga a hacerlo.
Marías comenta una noticia proviniente de Francia, en donde, dice, en un tren con doscientos pasajeros unos niñatos mierdosos violaron a una mujer de veinte años en un vagón ocupado por 46 pasajeros que se quedaron indiferentes, que, siendo testigos presenciales, no hicieron nada por impedirlo. Esta presunta noticia le servía de excusa al escritor para quejarse de lo cobardes que se han vuelto las sociedades occidentales. Escribo esto ahora para decirle que se equivoca usted, señor Marías. Las sociedades no son cobardes, los cobardes somos nosotros, los individuos. Además, las cosas no están empeorando, como dice usted, sino que siguen igual que siempre. Si ahora somos indiferentes ante las vejaciones que cometen ante nuestros ojos, nuestros antepasados también lo fueron, quizás incluso más que ahora. Y esta cobardía, que nos hace ignorar fingidamente los crimenes que otros cometen ante nuestros ojos, no es patrimonio exclusivo de las sociedades desarrolladas, como quiera dar a entender usted, sino que está extendida a todas las razas, culturas, sociedades, y humanos que pueblan el planeta. ¿O acaso piensa que los hombres que ven en sus paises como esclavizan a niños, violan continuamente y en todos los sentidos a mujeres, maltratan a los pobres, se levantan como si fueran quijotes para hacer frente a estos malechores arriesgando su vida? No, en estos paises la gente deja que se cometan todos estos crímines. En todas partes pasa, porque todos somos cobardes.
Algo parecido viví yo el sábado pasado, con el Maki del que ya hablé en su momento, y la borrachera que me cogí con él. Estábamos, como digo, el sábado pasado bebiendo en el patillas, cuando un gordo repugnante comenzó a meterse con la mujer que estaba tras la barra atendiendo a la gente. No tengo ni la más remota idea de por qué lo hacía, la verdad, pero lo hacía. No era muy ingenioso el gordo, pues lo único que hacía era decirle que era fea una y otra vez; fea, fea, eres muy fea, la camarera más fea del mundo. El bar estaba lleno de gente, y todos fingían no ver ni oír nada. El maki me dijo que como siguiera así el gordo aquel iba a acabr cabreándose, y yo, empujado por el alcohol que ya llevaba en el cuerpo, al poco, me dirigí al gordo y le dije con tranquilidad: oye, ya está bien, ¿no? Quise continuar hablando (en mí no había ira, y cuando he provocado la ira de los demás, lo que ha sucedido muchas veces, ha sido porque los he dejado callado, los he humillado dialectacamente), para dejar sin palabras al gordo aquél, para demostrarle lo imbécil que era, pero no pude porque el maki se levantó de su tabureta, y con verdadera ira, le dijo al gordo que como le dijese otra cosa a la mujer, se las iba a tener cque ver con él fuera, en la puerta, y le iba a partir la cara de besugo que tenía. Esto lo dijo en un tono de voz muy elevado, y la gente siguió como si nada pasara, completamente indiferente, fingiendo que no oían nada. Aunque lo que sucedió después no importa, diré que el gordo, efectivamente, se calló y salió del local. Volvió a entrar exhibiendo una navaja (y el maki dijo, al verlo, que, si se creía que con eso iba a asustarlo, estaba muy equivocado), pero ya no volvió a meterse con nadie, se quedo callado y tranquilo.
Bueno bueno bueno. Ayer no me emborraché, cosa rara. No hice nada, a decir verdad. El viernes sí lo hice, y en un pub vi a Ignacio, quien me comunicó su intención de cerrar proximamente el bar. Las cosas no le van bien, me dijo, ya que va poca gente por su bar, y no gana para gastos. Me apena que cierre su bar, pues sin su bar ya solo me queda un pub abierto, un pub en el que soy conocido y bienquerido. Claro es que yo ya esperaba que Ignacio cerrase, porque sabía que tenía poca clientela. Y también sé que tenía poca clientela porque Ignacio es repudiado por la mayoría de sus conciudadanos. Al fin y al cabo, esto es un asqueroso pueblo. Al fin y al cabo, Ignacio ha estado en la cárcel y la gente, y sus estupidos prejuicios, rechazan instintivamente a una persona que no conocen en absoluto, como es Ignacio. Una bueno persona, Ignacio, que cometió pecados, como todo el mundo, pero cometió pecados publicamente, pecados no bien vistos por la sociedad, y ahora la sociedad, en vez de perdonar, mira a otro lado, escupe en su cara, y lo condena al ostracismo. El perdón es algo que no existe hoy día. Al igual que la gente no sabe qué es la generosidad, tampoco sabe qué es el perdón.

jueves, junio 14, 2001

Yo estoy siempre en lo malo y en lo peor. Y hoy toca lo malo, y también lo peor.

Esta mañana, tras dormir sólo tres o cuatro horas y levantarme como un zombi, arañé el coche de mi hermano, y le hundí un poco la puerta de atrás. Y no lo entiendo, pues al mío no le hice el más leve rasguño. Nada de nada. Fue al sacarlo del aparcamiento, entre el sueño y las prisas porque llegaba tarde al trabajo. El suyo estaba muy pegado a otro, y era difícil sacarlo, requería paciencia y temple, cosas de las que yo carezco, y, como digo, lo rocé. Antes lo había sacado de la misma forma mil veces, y no exagero lo más mínimo, pero se ve que hoy me levanté con el pie izquierdo. Cuando regresé a casa se lo comuniqué a mi hermano, y le dije que sin problemas, que si quería hacíamos un parte amistoso con el seguro, pero como, al estar mi coche sin ninguna marca de ese golpe, y al ser nosotros hermanos, lo del seguro se podía complicar y era posible que pusieran mil pegas, le dije que si quería lo llevara a reparar y yo se lo pagaría, le costara lo que le costase (que no será mucho, más de treinta mil pelas). Per, orgulloso se negó, dijo que él desmontaría la puerta, que si patatín que si patatán y se negó orgulloso mientras le caían las lágrimas y se restregaba los ojos limpiándoselas. El tío es la polla. Otra cosa similar ya le pasó antes, con un paquete contra reembolso que me fue a recoger. Yo le había dicho bromeando tres o cuatro días antes lo tacaño y racano que era (y es la verdad, lo es) y cuando fue a pagarle el paquete, sin acordarme de que se lo había dicho, dijo lloriqueando que no, que no se pagara, que no hacía falta, porque él era muy tacaño. Es un tío increíble, demencial.

Ahora vamos con lo peor. He estado ojeando el precio de los alquileres, y están imposibles, aunbque esto no quiere decir ni mucho menos que renuncie a mi próxima independencia. En cualquier caso, he comprobado deprimido que no podré vivir en alguna choza del campo. Las chozas campestres, sencillamente, no las podría pagar ni aunque ganase el doble de lo que gano. Es un lujo para ricachones el poder vivir, al menos durante unas horas al día, como un ermitaño o un eremita. Tendré que renunciar. Tendré que buscar algún mísero apartamento, y tendré que vivir rodeado de condenados y asquerosos vecinos, a los que conoceré (más gente a la que conocer) lo cual me horroriza. Pero así están las cosas y, cómo no, habré de joderme.

Maradona: el maradona decía que su sueño erótico era follarse a alguna tía por el culo y sobre la lavadora, mientras la máquina centrifugara. Se lo imaginaba contándolo y se excitaba de tal modo que se ponía tan rojo como un tomate y, al poco, se metía en el water, dejándonos a quienes estuviéramos con él en el salón de su casa, a hacerse una mirla.

miércoles, junio 13, 2001

Ahora la temperatura es agradable. Un viento suave entra por la ventana y me acaricia mi piel desnuda.
Pero eso es sólo momentáneo. No me cabe duda de que continuará el mal tiempo. Habrá más calamidades, más muertes, más desesperación. No existe ni el menor indicio de cambio por ningún lado. Nuestros héroes se han matado o están matándose. No hay escapatoria. El cáncer del tiempo nos está devorando.
No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más desdichado del mundo. Pero pese a todo hoy me siento dichoso.
Hay gente que piensa soy "bueno", y me tratan con amabilidad, con respeto, y en cierto modo con alguna deferencia. No sabenb cómo se equivocan, no saben lo miserable e hijoputa (digno hijo de esas puta alcohólica que es mi madre) que soy realmente.

Recuerdo a todo el mundo que en ESTE BLOG pueden leer cosas anteriores. también recuerdo que pueden dirigirme sus comentarios y sus opiniones y sus cosas a nwanda@marca.es. aunque lo más probable es que no conteste (no lo he hecho hasta ahora) no me disgusta en absoluto saber qé piensan de mí aquellos ante quienes me presento con mi alma desnuda.

martes, junio 12, 2001

Hoy he visto a un amigo de la infancia, a David, un viejo y querido amigo de la infancia. Entre los ocho y los catorce fue mi mejor amigo, la persona que mejor me caía y que yo más respetaba. Como yo, era el único de los escolares que compartíamos colegio que no creía en ningún dios, que pensaba, como yo, que la vida carecía de sentido. Lo encontré hoy y le pregunté con una sonrisa cómo estaba, qué era de su vida. Fue franco y directo: Trabajando como un cerdo, me dijo, y lo más seguro es que sea la verdad. me pregunto por qué no podré yo pasar mi tiempo con él y gente como él. Son los que tienen toda la razón del mundo.
Cuando era pequeño, este amigo, trató de suicidarse en un par de ocasiones. desconozco sus motivos, y tampoco creo que importen demasiado, pero el hecho es que lo intentó. Tenía una marca, una cicatrioz, en el cuello de cuando intentó ahorcarse en la cisterna de su cuarto de baño cion la correa de su padre, quizás despuñes de que éste le hubiera propinado una paliza. El decía que lo había hecho porque lo había visto en una película del oeste, pero es obvio que mentía. Y otra marca que tenía, y tiene, era una inevitable cojera que se produjo cuando se 'cayó' de la terraza de unos primos. Esa caída sospecho que no fue accidental, sino intencionada por su propia voluntad.
Un gran tipo este hombre, un hombre, una persona, con todas las letras también.

Acabaré con una frase del Maradona, algo que decía a menudo y sin venir a cuento: "¿Qué le dice el gusano a la gusana? ´Démosle la vuelta a la manzana".

lunes, junio 11, 2001

Anochece despacio.
Me siento mal. No me gusta mi vida, no me gusta mi futuro. No me gusta mi trabajo, ni la gente y la torpe y vulgar mentalidad de la gente que vive donde vivo yo. Me siento condenado a sentirme frustrado, y pienso sin remedio que las cosas no mejorarán mucho, que seguiré tan asfixiado y asqueado de mis semejantes como lo estoy ahora, que nunca lograré nada.
El suicidio siempre me ha parecido una solución tan mala como cualquier otra: pero es una solución al fin y al cabo, y no la descarto.

domingo, junio 10, 2001

Tengo resaca. Otra vez resaca.
Ayer estuve con un tipo curioso, con Antonio, el maki, que le dicen. Según me contó, tiene 37 tacos. Me cae bien el tipo. Había estado un par de veces con él antes, y me gusta el hombre. es comunista, ha leído a Marx, a Engels, a Vacuning, y me ha dado una buena piedra de hashish. No sé qué haré con ella, ya que no fumo, no tengo tabaco ni papel, para fumármela. Quizñas me haga una infusión. pero eso no importa. Trabaja en la construcción, toma farlopa con regularidad, ha tenido dos mujeres y eso no le impide ser culto. Me sorprendió, hablando de Jesús (no de jesucristo, decía, sino de jesús, la persona), hablando de los libros que ha leído, de la historia que ha leído. Yo le dije la verdad, que tuviera cuidado con esos presuntos libros de historia, que la mayoría de los libros de historia falsean, valga la redundancia, la historia, que si quería saber de historia leyese a Gibbon. Pero no importa. Lo que me sorprende es que la única gente 'culta' que conozco son unos deseredados, y que los supuestos triunfadores sociales (que conozco muchos) son unos completos necios que en su vida han leído un libro. Todos son lo suficientemente necios como para creer en dios, salvo, como digo, la chusma. Los únicos no creyentes que conozco son 'chusma'. Toman drogas, tienen los trabajos más bajos, etc. Pero son los únicos que conozco que no creen en dios, que tienen inquietudes, que son personas con todas las letras. Ellos deberían estar en la cumbre, y no los hijoputas y los idiotas que realmente están.

viernes, junio 08, 2001

Mientras escribo esto escucho a través de la ventana los desairados gritos de unos vecinos, que mantienen por lo que supongo una fuerte discusión. ¡Qué cómico resulta el mundo! ¡Qué cómico es todo! Discute un vecino mío que hasta hace poco era uno de los colaboradores del proyecto hombre (ya hablé de él), y se dedicaba a ayudar a los que querían dejar de ser drogádictos, alcóholicos, y demás. Pues bien, este hombre se ha vuelto alcohólico, y últimamente no hay día que no se emborrache. Me está empezando a gustar esta persona, antes no lo tragaba, pero cada vez me cae mejor. Según rumorean las cotorras del barrio, ha empezado a beber porque se ha muerto un hermano con quien no se llevaba bien y que vivía en otra ciudad, aunque lo cierto es que a mí eso no me importa en absoluto. Bebe, y punto, los motivos nunca importan, y si alguien es tan estúpido como para querer juzgarlo que lo juzgue como más le plazca.

Primer capítulo sobre el Maradona. Ya dije que tenía que hablar de él. Lo primero que debo decir es que ya no me dirige la palabra, ni a mí, ni a ninguno de sus antiguos amigos. Esto no quiere decir que yo no le tenga afecto, sino todo lo contrario. Es para mí una persona entrañable y siempre tendrá un gran hueco en mi corazón. Sin él yo no sería lo que soy. Para dar una idea de él, creo que es mejor que me limité a citar sus palabras regularmente. NHoy empezaré con su frase preferida:
"Este pueblo es el culo del mundo. Aquí sólo viven garrulos sin cerebro y burros universitarios". Tenía razón, el cabrón.

lunes, junio 04, 2001

Estamos todos aquí solos y muertos. Estamos todos aquí solos y muertos. Estamos todos aquí solos y muertos. Nunca me cansaré de repetir esa certera frase del señor Henry Miller. La gritaré si es necesario, si los oídos del mundo se niegan a escucharla:
ESTAMOS TODOS AQUÍ SOLOS Y MUERTOS.
ESTAMOS TODOS AQUÍ SOLOS Y MUERTOS.
ESTAMOS TODOS AQUÍ SOLOS Y MUERTOS.

domingo, junio 03, 2001

Si yo pudiera pintar, si tuviese la mínima capacidad para expresarme con trazos y colores extendidos sobre una tela (cosa que no ocurre, pues soy un desastre para las manualidades), dibujaría al ciudadano medio sentado delante de un plato de mierda. De eso es de lo que la gente corriente alimenta gozosa su necia alma, de mierda, cuanta más mejor, cuanto más asquerosa sea mejor. La gente se nutre de mierda, y ese cuadro que imagino sería la mejor manera de reflejarlo, la más exacta.

sábado, junio 02, 2001

Hoy he vuelto a discutir con mi madre, a la que de ahora en adelante llamaré esa puta alcohólica. Me gustaría hablar de otra cosa, pero esto es ahora lo que me preocupa.
Me levanté a las una con resaca, y esa puta alcohólica estaba achispada como siempre, con el vino que ingiere a escondidas. La muy puta es clavada a la madre de Ignatius Relly, ese genial personaje que Kennedy Toole hizo protagonista de su fantástica novela La conjura de los necios. Es ridículo, pero es cierto. Tiene botellas de vino escondidas en la alacena, detrás de latas de tomate, porque no quiere que la vean bebiendo, porque quiere que crean que no bebe nada. No se emborracha del todo, se achispa, y cuando se achispa le da por reprocharme cosas, estupideces variadas, todo aquello que no le gusta de mí, la muy puta quiere que sea distinto, que sea tan idiota como lo es ella misma, cosa harto difícil.
Cuando me levanté y comenzó a reprocharme me cabreé, le dije que entendía perfetacmente que los maridos mataran a sus mujeres y que los hijos mataran a sus padres, di un portazo, le dije que se pudriera, y me fui. He vuelto a casa hace un rato. He pasado la tarde conduciendo, una tarde con una temperatura digna del infierno, y buscando un puto árbol para tumbarme debajo a leer un libro que me llevé antes de salir. Pero no he encontrado ese árbol. No lo he encontrado. No hay árboles en el campo. Por cada árbol que existe te encuentras a mil asquerosos humanos. Como no encontré ese árbol, seguí conduciendo, aparqué en una sombra y leí un rato.
Tengo que confesar que esa discusión me ha hecho tomar una decisión: me voy a ir de casa. Voy a hacerlo con tacto. Alquilaré una choza y espero poder estar en ella para finales de agosto, principios de septiembre o, como muy tarde en octubre o noviembre. Ya no aguanto más. Espero estar en ella antes de que los euros estén entre nosotros.

Otra cosa, ayer noche decidí imitar a Cela: voy a mear siempre en los lavabos. Ayer noche meé en los lavabos de todos los bares y pubs en los que estuve. Cela mea en los lavabos y es un guarro, según me dijo alguien que conocía a alguien que trabajaba en el servicio doméstico del pésimo escritor. Es un guarro y tiene los calzoncillos siempre sucios, llenos de mierda. Yo mearé en los lavabos, pero no podré manchar de mierda mis calzoncillos, sencillamente porque hace un par de años que dejé de usar calzoncillos, y no pienso volver a usarlos nunca ma´s. Son una prenda inúltil, como tantos miembros de la asquerosa sociedad en la que vivimos.

Henry Miller decía que América era una letrina enorme que creaba mierda eterna, decía que estaba especializada en crear la mayor miseria para el mayor número. Tenía razón, pero se quedaba corto. Debería de haber incluido al resto del mundo. El ser humano es el único animal especializado en crear miseria, y todas las sociedades que conozco están especializadas en crear la mayor miseria para el mayor númreo. Esa es la puta verda, y ya sabemos que la verdad es siempre puta.