jueves, noviembre 29, 2001

Hoy que estoy, estoy, voy a dejar un par de citas:

Esta, no sé de quién es, pero debe de ser de alguien, aunque la he leído en una pared, sin firmar:
"Pobre el hombre...
nacer no pide
vivir no sabe
morir no quiere"

Otra, también de alguien de cuyo nombre no me acuerdo, o nunca supe, que dice: "Moralmente es lo mismo atracar un banco que fundarlo". Yo soy un esclavo de un banco, y me pregunto en qué lugar me deja eso. En uno muy bajo, desde luego.
Digo: YO SOY QUE SOY

El euro y la tribu:
Allí tenemos billetes y monedas de euros, desde hace un par de días. Y me da risa la gente, la alegría infantil y el entusiasmo generalizado que sienten ante el nuevo metal, ante el nuevo papel. Todos los que trabajan conmigo, sin excepción, se mostraron alterados cuando llegaron lo que es el futuro dinero. Revoloteaban alrededor de aquéllo, mirándolo, sonriendo, encantados por la presencia de aquellos pedazos de papel, de aquellos trozos de metal. Los miraban y remiraban una y otra vez, sin parar de sonreír, como los niños pequeños cuando reciben nuevos juguetes, exactamente igual. Lo mismo les ha ocurrido a los pocos clientes a los que se los han enseñado; sus ojos brillaban como infantes ante los colorines esos.

Digo que yo soy que soy

El bar de los follonetas: Cada día me admira más. Yo allí me limito a desayunar, no soy, allí, el borrachín en el que me transformo, como un insecto kafkiano, los fines de semanas. HAy tres o cuatro tíos que se cogen unas turcas mastodónticas. Hoy, cuando acabé de desayunar, uno de ellos caminó a mi lado hasta el banco. El del bar no tenía monedas y le pidió al tipo que fuera a por cambio, que después le llenaba la copa. Y fuimos uno al lado de otro, y él, el manco a quien ya mencioné otro día, iba dando tumbos, midiendo la calle, literalmente, por la borrachera que tenía. Eran las nueve de la mañana, y él había dormido toda la noche, y se había levantado por la mañana.

Que digo que yo soy que soy

Hace unos años conocí a un violador de verdad. No bromeo, ni la cosa es de broma. Pero le conocí. Cómo, cuándo, dónde o por qué, poco importan. El caso es que he tratado de escribir un relato sobre ello, y no he podido, no he quedado satisfecho. No importa. Sólo quiero prometer ahora que este fin de semana hablaré de ello, contaré aquí lo que él me contó, sus razones, sus porqués. Esperen y sabrán.

Que digo que eso, que soy lo que soy

No estoy cumpliendo mi promesa. No escribo nada, no escribo ese ralato semanal que me prometí a mí mismo. Me quedan dos días para escribir dos relatos, pero no lo haré, lo más seguro, puesto que me dejaré llenar por la pereza para perder mi tiempo con bagatelas, zanganeando.

martes, noviembre 27, 2001

He vuelto a sentir, hoy, la náusea. Miraba el fuego relajado, y, de pronto, me dije que eso es lo que yo soy, una llama que se consume incesantemente, que yo, como el fuego, ardo sin parar y me extingo para siempre en un instante, y volveré al vacío de la eternidad como si nunca hubiese existido la realidad. Y sentí el dolor del vacío, la agonía de la muerte, ese malestar inevitable. Pronto lo alejé de mí esforzándome en pensar en otra cosa, aunque no pude evitar el decirme que yo no era el único, no pude dejar de recordar que millones de hombres han sufrido y vivido antes que yo, que han sentido lo mismo, se han dado cuenta de lo mismo, de la misma agonía y angustia vital por darse cuenta de la fatalidad de todas las cosas. Toda esta reflexión me ha conducido a lo de siempre, a prometerme que voy a cambiar, que voy a ser mejor, que voy a aprovechar mejor el tiempo, etc. Pero, como siempre. no cumpliré con mi promesa.

domingo, noviembre 25, 2001

Ayer me cogí unna borrachera de caballo, y además me enamoré.
Hoy no tengo resaca, porque me emborraché con bebidas naturales, con mosto lleno de mosquitos muertos, de uvas salvajes criadas en cepas arraigadas en rocas. No tengo resaca, ninguna, y eso me da una idea de la mierda de alcohol que bebo normalmente, que bebe la gente normalmente. Con cuatro copas, con borracheras mucho menos intensas las resacas son terribles, horrorosas. Me imagino que lo producen todo químicamente, y que esa química es fatal para el cuerpo. Los mosquitos muertos, pequeños insectos que estarían nutriéndose en el interior de la fruta cuando la pisaron para hacer el mosto, los mosquitos muertos son nutritivos y, por lo que veo, beneficiosos.
Ayer, repito, me enamoré, pero no precisamente de una mujer, sino de un pueblecito donde estuve, y del paisaje. Resulta sorprendente que exista un lugar como ése, un pueblo pequeño, lleno de estrechas calles empinadas y lleno también de silencio, puesto que la mayoría de las casas estaban vacías. Un lugar perfecto para vivir, me dije, aquí es donde tengo que venirme a vivir yo. Pero no quiero ni preguntar el precio de las casas, si es que se aqluila alguna, porque estoy seguro de que está muy por encima de mis posibilidades, de mis escasos medios económicos.
Y el paisaje era fabuloso, sorprendente, una carretera estrecha, desfilaba en medio de montañas llenas de castaños, con todas sus hojas de un color parduzco admirable.
Yo había estado por esos parajes cuando era niño, y no despertaron en mí tanta admiración, pero ahora que lo he conocido pienso volver po allí y, si sucede un milagro y me toca la primitiva, irme a vivir allí para siempre.

viernes, noviembre 23, 2001

Es de noche y eso me gusta. Estoy sentado y a punto de irme a la cama. No he pasado un mal día e incluso ha habido momentos en los que me he sentido borracho de euforía, de incomprensible euforia. Me gustaría decir que no he probado el alcohol desde hace semanas, desde mi accidente con el coche, pero envidentemente mentiría. Hoy mismo he bebido unas cuantas cervezas con mi hermano, aunque no he llegado, ni mucho menos, a emborracharme. Mañana beberé aún más, puesto que he quedado con el matador a las once de la mañana para pasar el día juntos, lo que significa pasar el día bebiendo. No obstante, espero beber todo lo moderadamente que pueda, espero beber lo menos posible para evitar emborracharme.
Vivo rodeado de gente que bebe, me he criado entre ellos, me he educado con ellos, y ahora se me hace imposible dejar de comportarme como ellos. Dejar de beber, para mí, es una completa utopía, puesto que ya todos cuanto me conocen, beban o no, me incitan y empujan a que beba. Bébete una copa, me dicen todos, y si les digo que no insiten e insiten, venga, hombre que te invito, y, sin hacerme caso, llaman al camarero y piden una copa para mí, y yo me la bebo. Qué más dá, me digo, si quieren que beba, beberé, de todas maneras, de algo hay que morirse.

Por FIN, en rigurosa PRIMICIA, pueden conocer uno de mis proyectos, en el que he trabajado mucho tiempo. Pincha AQUIy descubre un NUEVO MUNDO.

jueves, noviembre 22, 2001

Triste sino el mío. Ahora a dormir, por cojones, porque mañana tengo que madrugar para ir de nuevo a trabajar. No tendré, como ansiaba, unas merecidas vaciones sin pagar. Seguiré en el mismo sitio, por más tiempo. Esclavo del tiempo, del trabajo, del destino, de la ciénaga donde vivo.
Mañana más de lo mismo, más de lo mismo: la gente vendré y me preguntará: ¿qué tal?, ¿qué hay?. ¿qué haces? Y yo responderé, nada, aquí pasando el tiempo, aquí liado con la tarea. Pero en el fondo me dan ganas de responder la verdad, lo que pienso: que qué hago, aquí estoy pudriéndome, muriéndome encerrado en esta jaula sin futuro que es el trabajo, que es el mundo, que es la vida.
Triste sino el de este servidor del capitalismo.

miércoles, noviembre 21, 2001

Por FIN, en rigurosa PRIMICIA, pueden conocer uno de mis proyectos, en el que he trabajado mucho tiempo. Pincha AQUI y descubre un NUEVO MUNDO.

martes, noviembre 20, 2001

Nietzsche.

Nietzsche ha sido el filósofo que más me ha influido. Fue el primero, y por ello fue el que más me impactó. Cuando lo descubrí, en la adolescencia, me sentí entusiasmado ante sus ardorosas palabras, ante sus rotundas sentencias; aunque reconozco que no entendía lo que quería transmitir, que no lo he entendí hasta mucho después, llenaba mis horas con sus palabras y sus metáforas no descifradas.
El dios ha muerto inundó de inmediato mi ser, y ese genial canto recorría mis venas ávidas de guerra. De ahí que la mayoría de las pintadas que hacía (y hacía muchas), en los pupitres, en los retretes, en las paredes, contuvieran esa lapidaria sentencia, esa ingeniosa metáfora, que constituye el germen de la filosofía nietzscheana, que representa el inicio de un nuevo mundo, de una nueva vida, una existencia 'superior'.
Nunca está de más recordar sus palabras, y es por tal razón por la que escribo este post hoy, pues me ha venido a la cabeza lo siguiente:

"En verdad, una sucia corriente es el hombre. Hace falta ser un mar para absorver una sucia corriente sin volverse impuro. Mirad, yo os enseño al superhombre, él es ese mar, en él puede diluirse vuestro gran desprecio".

El superhombre, aclaro debido a las múltiples e imperdonables malinterpretaciones que corren por el mundo, el superhombre un es más que otra de sus metáforas, no es más que una forma de expresarse, de exponer una filosofía, un conjunto de ideas para tratar de entender el mundo, de entender al ser humano y su comportamiento. Es, además, y acaso, una filosofía que esconde una moral, una guía de comportamiento, quizás. Y con esto no quiero tachar a Nietzsche de moralista, como han hecho muchos, ni tampoco de amoral, como otros hicieron. Nietzsche es Nietzsche, sin más. Y, si se lee ontológicamente, como bien recomienda Heidegger, influirá en cada persona de manera distinta, le abrirá la mente en distintos modos, todos ellos 'superiores'.

domingo, noviembre 18, 2001

Hoy acabo de hacer una promesa, una necesaria promesa. Como actualmente no trabajo en mi lieratura, como he olvidado por completo mi novela, y hasta que no encuentre otro argumento que considere interesante, o unas ganas imposibles para retomar la idea que hasta ahora trabajaba, no me embarcaré en la locura de la redacción de una novela, me he prometido hoy mismo escribir un cuento por semana. sin que importe la calidad, a partir de hoy escribiré, al menos, un cuento por semana.
Veremos a ver cuánto tiempo tardo en romper esta promesa. Espero que mucho, aunque me temo que la romperé pronto.

El Maradona y la Tribu:
La Tribu: El bokitas. El otro día estuve en un bar regentado por un tipo curioso, digno de mi atención y de la de cualquiera. Es curioso, simpático su aspecto. Carmelo, que así e llama, el bokitas, que así le llaman. Carmelo el bokitas, reza un letrero hecho por ordenador por uno de los clientes. The bokitas, dice otro. Ambos están puestos en la pared, a la vista de cualquiera que entre. Y el bokitas es un tipo pequeñajo, de largas patillas y pelirojo, como un pirata. Es bajito y delgado, y anda encorvado de un sitio para otro, siempre sumido en un particular silencio. Se acerca y te sirve las cervezas con una sonrisa extraña, mostrando sus finos pero alargados labios que dan origen a su mote: the bokitas.
Un tipo curioso, un sitio curioso frecuentado por curiosos persojanes a los que ahora probablemente me una yo, pues me ha dado el bar, la cleintela que va allí, y el dueño, una buena impresión. Lo frecuentaré y profundizaré en el mundo de carmelo el bokitas.

sábado, noviembre 17, 2001

He leído en alguna parte que una persona tenía una calavera siempre sobre su escritorio. Cuando le preguntaban por ella decía que era para que le recordara constantemente su mortalidad pues eso le ayudaba a evitar excesos de confianza y también le servía para combatir a su orgullo.
Yo no tengo nignuna, pero prometo que voy a comprarme una tan pronto como pueda, como la encuentre. Una caravela horrible y decrépita, mortuoria, que me recuerde siempre lo que soy.
No conozco a nadie que la tenga, pero todos deberíamos de tener una en la mesilla de noche. Ahora que lo pienso es el regalo ideal que merecen muchos, muchísmos seres a quienes tengo la desgracia de conocer.

viernes, noviembre 16, 2001

La rueda de la fortuna sigue girando sobre mi espalda, sobre mi cabeza, aprisionándome, aplastándome contra el suelo. Siento todo el peso del mundo sobre mis hombros, y soy incapaz de sostenerlo. El eterno retorno asentado sobre mi conciencia hace que mis triviales y superficiales problemas me parezcan infinitos, y no puedo, aunque lo deseo, lo ansío, asirme a la libertad, a la tranquilidad, al sosiego, que me proporcionaría la futilidad de la innegable e ineludible levedad del ser.
Concreto:

Nota económica: Mi coche, lo recogeré manaña, y me costará, la reparación, la mitad de mi sueldo. Aunque me ha costado más, me cuesta más, en preocupaciones y remordimientos de conciencia. Una juerga cara, muy cara, que espero me haya servido para corregir lgunso de mis muchos defectos.

Nota laboral: Nuevamente se agota mi contrato y la incertudumbre sobre mi futuro inmediato renace. Siempre lo mismo. No sé si seguiré en el mismo sitio o me darán unas vacaciones sin pagar para mandarme después a otro. A estas alturas, ya me da lo mismo, una cosa u otra. Lo que me jode es no saberlo. Vamos, lo de siempre.

Nota social: No me apetece ver a nadie, hablar con nadie, estar con nadie, pero me ocurre todo lo contrario.

Nota sanitaria: No me ducho desde hace una semana, y además el frío es infernal y yo no me digno a cubrirme con un incómodo abrigo para evitarlo. Pese a todo ello, a mi falta de higiene, al frío que paso por no vestirme adecuadamente, sin mencionar los abusos etílicos que me he procurado desde hace tantos años, pese a todo ello, digo, mi salud no se resquebraja para mi enojo. ¿No podría enfermar y morirme de una vez? Me han dicho que una chica de veinte años de mi localidad ha fallecido de leucemia recientemente. ¿No podría acaso eso sucederme a mí?
(Por cierto, resalto lo parádojico, y a la vez estúpido, de mi comportamiento. No me ducho porque hace mucho frío y así, sin mojarme, lo evito. Pero por otro lado no me pongo abrigos porque me resultan muy incómodos y prefiero pasar frío a tener que sufrir las incomodidades de los abrigos. Y me resultan incómodos no sólo por el hecho de que sean pesados, sino sobre todo por el de tener que ir quitándolo y poniéndotelo cada vez que entras o sales de algún sitio, lo que me supone, me ha supuesto en varias ocasiones, olvidar el abrigo en algún u otro sitio y acabar perdiéndolo).

Lo más ignomioso de todo es que sigo sin hacer nada, NADA. No escribo, no leo, no medito, no pienso en mis narraciones, no las releo, todo lo evito..., y a pesar de ello sufro, sufro mucho. Sin motivos verdaderos, sin causas que lo justifiquen, sufro. Y eso que ahora no escribo...
Para matarme...
Es algo patológico... y social... o social y patológico.
Vamos, para matarme o matarnos a todos, lo que sea.

martes, noviembre 13, 2001

Hoy me encuentro mejor. No estoy contento, pero ya consigo sonreír, a veces, mi depresión es algo llevadera.
Tengo incluso alguna gana de bromear. Por eemplo, con el frío. Aquí está haciendo un frío de infierno, pues quema como el fuego. Y ahora que tendré el coche en el taller hasta el viernes por la tarde, tendré que ir al trabajo a patita. Cruzar el pueblo casi entero. Tres cuartos de hora de caminata ligera, soportando este frío insufrible. Me lo tengo bien merecido.
Ahora la broma.

El Maradona y la Tribu

Unos forasteros invitados a pasar unos días en la ciudad por el Maradona se quejaban del frío que hacía aquí día sí y día tambien. Hasta que el maradona tuvo una de sus ocurrencias, y ya no volvieron a quejarse: Aquí hace tanto frí, les dijo, porque tenemos cojones para aguantarlo.

Fue ingenioso, hasta cierto punto, pero poco veraz. Yo no lo aguanto, no lo soporto, pero eso es porque no tengo huevos, porque soy un miserable cobarde.

lunes, noviembre 12, 2001

Sigo con una depresión de caballo. No logro encontrar distracción en nada, y sigo preocupado, con un malestar sobrehumano, por lo del coche. Lo he llevado al taller, me he inventado un accidente esta mañana, y se lo he largado a mi entorno. Todavía estoy preocupado. Lo he llevado a untaller muy cercano al lugar donde colisionó, y temo ser descubierto, temo que descubran mis mentiras, temo sus conjeturas. Pasará varos días allí, en el taller.
MIERDA
No hay forma de que me relaje, de que no me sienta tan mal. Soy CULPABLE, y pido perdón, aunque no sirva para nada.
MIERDA
¿Por qué habré de existir?
En mi cuerpo, alguna glándula segrega alguna sustancia que me hace sentir tan rematadamente mal como me siento. Y me temo que sólo con el tiempo dejaré de segregar tal sustancia, que sólo con el tiempo iré recuperando un poco la normalidad, y pueda encontrar distracciones, inventar excusas, con las que olvidarme de mi culpa, con las que expiarme de mis pecados.
MIERDA
Espero mejorar mi ánimo a fines de semana, espero que todo esto se olvide lo más pronto posible, y me gustaría poder trasladarme al futuro, perder una semana de vida, y encontrarme más calmado, y encontrar a los demás más calmados.
MIERDA
Ya han empezado ha hacerme preguntas: ¿Cómo ha sido? ... ¿Quién tuvo la culpa? (YO, la CULPA es MIA) ... ¿Le hiciste algo al otro? (no, digo, aunque lo cierto es que no estoy seguro, lo cierto es que no estoy seguro)
MIERDA
Existir es penar y sufrir.

domingo, noviembre 11, 2001

Esto es horrible. Me siento fatal, peor que nunca, y no puedo evitarlo. He estado viendo el futbol en un bar con amigos, porque pensaba que esto me distraería, haría que me sintiera mejor, que me oolvidara del coche y del porrazo que le he dado, pero ha sido inútil. he sido incapaz de concentrarme en la pantalla. He sido incapaz de librarme de este malestar por el coche, por mí.
MIERDA
He ido a echarle un vistazo, al coche, y lo he encontrado peor de lo que me esperaba. Tiene un soberano y visble golpe, la chapa del flanco izquierdo está destrozada, junto con el faro. Ha sido horrible. Creía que estaba un poco mejor. Me dio la impresión, por la noche, con la borrachera, de que la chapa estaba intacta, pero no es así. Me pareció que al camión no le había hecho nada, pero ahora, al ver mi golpe, no estoy tan seguro. Es poco probable que haya salido indemne.
MIERDA
Tendré que llevar el coche a algún taller y gastarme un buen dinero.
MIERDA
Mis familiares no lo han visto y todavía no saben nada. Me matarían si lo supieran. Está aparcado en un lugar cercano, en unas cocheras, pero no a la vista. He pensado en inventarme mañana, cuando vuelva del trabajo, un accidente fortuito por no haber frenado a tiempo, y que me llevó a pegarle un porrazo a un camión por detrás. Esa será mi excusa, y será la excusa que utilice mañana.
MIERDA, MIERDA Y MIERDA.
Quiero morirme.
El tiempo paso muy lentamente y me gustaría que sucediera lo contrario, que volara, que todo este mal trance pasara de una vez. Pero no es así.
tengo que bajar y enfrentarme a los demás en generl y a mis familiares en particular y no tengo ánimo para ello. mierds, mierds y mierds
la he vuelto a joder y ni ánimo está peor que nunca. Nunca aprenderé. Me emborraché y cogí el coche y tuve un gilpe de la forma más ttonta del mundo. Choqué directamente ciontra un camión mal aparcado, que tenía a la vista sobresaliendo todo e culo. Choquñe contra él y he perdido, arrancado de cuajo, uno de los faros del coche. Ahora mi cohe está como yo, tuerto, MIERDA. Me siento fatal, peor que nunca. hago aquñi y ahora una promesa: NO VOLVERÉ A BEBER JAMÁS, NO VOLVERÉ A EMBORRACHARME JAMÁS. Es una promesa y pienso cumplir por cojones.
ahora tengo que ir a ver mi coche, a verificar el estado del mismo, el nivl de los desperfectos, puesto que temo que además del faro, hayan sufrido otros muchos desperfectos. Mierda.
Mierda. Ojalá el mundo me tragara, ojalá me muriese, ojalá no existiera. Sólo así se acabarían mis problemas.

sábado, noviembre 10, 2001

Acabo de despertarme y me estoy deshaciendo de la cerveza de ayer a base de pedos.
Cometí el error de ir al cumpleaños a hartarme de cerveza. Qué error. Hoy me arrepiento pero ya no hay remedio. Allí pululaba mi hermano, pero se marchó con la mujer. También andaba el poeta y unos cuantos, él, y yo fuimos a otro bar. Algunos se pusieron a discutir con el poeta y los muy mamones acabaron por meterme en la discusión, por impelirme a que partiucipase, y me dejaron solo discutiendo con el poeta, dándome cuenta de lo que ya sabía, de lo imbécil que es el pobre. Profesor de instituto, poeta confeso y con un libro, por llamarlo de alguna forma, de poesía publicado. Compadezco a sus alumnos. Lo veo muy poco y espero verlo todavía menos. No sé por qué (sí lo sé, porque soy imbécil) acabé mencionando el existencialismo, y mencioné a Heidegger, y a Sartre. El pobre idiota dijo que el existencialismo es cosa del pasado, que estaba superado. Me dejó anonadado. Fue el primer golpe. Luego, cuando le pregunté qué filosofo entonces, si no los existencialista, marcaban la pauta, mencionó con orgullo a un mediocre (por ser benévolo con el hombre) ex-profesor universitario llamado Bueno. Me preguntó si lo había leído y le dije la verdad, que no, y que no tenía intención de leerlo nunca. Una vez lo vi defendiendo la pena de muerte, como le dije, y eso me bsta para no perdr mi tiempo con ese idiota. Se sintió ofendido el profesorucho ante mi rotundidad, y comenzó a tacharme de joven, de que debía de madurar. Me reí para mis adentros y me acordá de las palabras de bukowski: eres tan estúpido como la cagada de un caballo. No se lo dije, pero no por falta de ganas. Yo quise dejar de discutir, pero él continuó y continuó, y acabó demostrándome su estúpidez cuando le hzio la pregunta más básica del mundo, lo que en realidad, más que pregunta, constituye acaso la más certera definición de filosofía: ¿Cuándo un árbol cae en un bosque remoto, y no hay allí nadie para oírlo, hace ruido o no? El profesorucho no titubeó un segundo y rontundamente dijo sí, claro que hace ruido. Por supuesto yo adopté de inmediato la postura contraria, aunque fue una completa idiotez por mi parte. No debería e hacer el idiota haciendo caso a idiotas. No debería de perder mi tiempo discutiendo con nadie, y menos con idiotas. Pero siempre acabo dejándome llevar y acabo discutiendo. De hecho no conseguí nada. No comprendió, ni copmprenderña en su triste existencia, que el mero hecho de responder a esa pregunta es una prueba de su necedad. De necedad. esa pregunta es la definición de la filosofía. Una pregunta ambigua para la que todas las respuestas son válidas, para la que ninguna respuesta lo es. Eso es la filosofía, y responder a la pregunta con rotundidad, con firmeza, con seguridad, es negar la filosofía más elemental. Acabé comprendiendo que lo mejor que podía hacer era callarme. Y me callé, con una sonrisa, dejando al idiota aquél que siguiera con sus sandecez.
Por cierto que ellos empezaron a discutir porque el poeta se puso a defender la astrología, diciendo que él hacía una carta astral perfecta y certera....

Patético

Espero que hoy sea un día mejor, un día del que no me tenga que arrepentir. He quedado con el matador, para ir a los pueblecitos donde hacen mosto, a comprar un par de botellas y bebernos tres o cuatrois.
Seguro que será un buen día, un mejor día. El matador or or me espera.

jueves, noviembre 08, 2001

Sí que estoy jodido.

Me he pasado la tarde hablando, a mi pesar, por teléfono. Maldigo este aparato. Me había concienciado en leer un rato a Weber, y en tratar de continuar y acabar el cuento que comencé hace unos días, peor el teléfono, ese asqueroso aparato que nos roba el tiempo y la intimidad, y la gozosa soledad, em lo ha impedido. Me han llamado varias personas para incordiarme: el cura, que quiere deshacerse de unas monedas y que recurre a mí en calidad de esclavo de un banco. El matador, para preparar una corrida e toros a lo grande, para quedar el sábado por la mañana e ir a matarnos unos cuantos millones de neuronas a base de mosto de unos pueblecitos cercanos. El picapleitos, y sus pleitos, para enredarme. Mi hermano, para pedirme que descambie unos peluches que les he regalado a mis sobrinas por su cumpleaños. Mi hermana, para pedirme que acuda al cumpleaños, que no sea antisocial y vaya a portarme ante toda la familia. Todos ellos me han tenido en el aparato al menos cinco minutos, y todos me han hecho perder el hilo de lo que estaba tratando de leer, me han exasperado y han acabado por hacerme perder la concentración.

Mañana será otro día más. Quizás vaya al cumpleaños de mis sobrinas, y me harte de cerveza con mis hermanos. A lo mejor voy a comer con unos compañeros de esclavitud y acabo emborrachándome con ellos. No sé lo que haré. Aunque debería, me gustaría, quedarme en casa a hacer algo positivo, como acabar de una puta vez ese cuento, o leer un poco a Weber, o publicar de una vez la página que quiero publicar desde hace unas semanas, como forma de exteriorizar una de mis quimeras hasta ahora interiores.
Hoy estoy jodido, JO-DI-DO. No es ninguna novedad, pero me jode.

Mi coche. Alguien, algún indeseable, ha atentado, deliberada y maliciosamente, contra él. Los limpiaparabrisas han aparecido torcidos, descompuestos, atacados. Es como si me hubieran atacado a mí, cobardemente, por la espalda. ¿Por qué? No lo sé, no puedo saberlo. No creo tener enemigos, al menos, yo no los conozco. ¿Quién habrá sido? Tengo la sensación de que han ido a por mi coche, a por mí, directamente, como los américanos van a por los musulmanes, o los musulmanes a por los americanos. Pero no logro encontrar sospechosos. Me cuesta creer que en pleno día, como ha sucedido, algún imbécil haya elegido mi coche al azar. El ataque no es grave, y los daños nulos, prácticamente, pero el que lo haya hecho sabía lo que hacía, sabía a quién jodía: ha sido contra mí, y eso es lo que me inquieta, me sorprende, me incomoda, me JODE.
Recuerdo hace unos años, cuando yo y un compañero de estudios nos dedicábamos a robar antenas de los coches. Nos emborrachábamos, nos metíamos en una calle, y la limpiábamos, es decir, le quitábamos las antenas a todos los coches, no éramos selectivos, como lo han sido con mi coche. Pero eso es otra historia... Las antenas valían poco, y no eran atentados premeditados, de modo que era distinto, que no hacíamos que nadie, que un individuo en cuestión, se sintiese rodeado de enemigos, por así decir. Éramos, es un modo de decirlo, honestos, limpios, y carecíamos de malicía. Atacábamos a todos, sin excepción, a la sociedad que nos oprimía, que estaba oprimida, que se oprimía mutuamente. Y nunca a ningún individuo concreto: no dejábamos un coche atrás, no atacábamos un coche en particular, como han hecho con el mío.
Quizás esté sacando las cosas de quicio, dándole demasiada importancia a algo que no tiene ninguna.
Pero... ¿QUIEN? Me gustaría saberlo. ¿Alguna vieja zorra apestosa, quizás? ¿Quién?
Estoy jodido, y mejor me olvido de esto y pienso en otra cosa... Lo malo es que nada de todo en cuanto pueda pensar puede llegar a sosegar mi espíritu, a agradar a mi alma, a tranquilizar mi conciencia.
Tengo ganas de gritar: MIERDA, MIERDA, MIERDA. TODO ES UNA MIERDA.

Nada nuevo, pues, en el horizonte.

lunes, noviembre 05, 2001

Condeno a mis profesores, a mis padres, a la sociedad, a mis mayores, a todos... a todos por haberme privado de la lectura de los grandes libros de verdad, de los libros que he descubierto, que descubro ahora. Estoy leyendo con admiración la Sociología de las religiones, de Max Weber, y es un placer para mí tragarme las palabras de este señor, sus razonamientos, sus reflexiones, su visión sociológica de las religiones, de su historia, de su formación... Parece mentira que en las escuelas exista una asignatura llamada religión, y en ella enseñen tantas mentiras, tantas vulgaridades, tantas idioteces. Y es lamentable que libros como el de Weber pasen por completo desapercibidos. Este libro que leo ahora debería de haber pasado por mis manos hace ya mucho tiempo. Sin embargo, por desgracia, debido a los cerdos de este mundo, a mis mayores, lo descubro tarde, lo disfruto tarde, lo aprehendo, lo asimilo años después de cuando debería de haberlo cogido, aprendido.
Gracias señor Weber.
Malditos seais, mayores, que tan ocultos mantenéis los libros de verdad, las obras maestras. Que tan difícil acceso le creáis, tratando maliciosa, capciosamente, de imbuir ideas vulgares, simplezas, con las que estupidzar al pueblo, a la masa. Me dáis asco todos vosotros, mezquinos, mendaces dirigentes de mierda.

domingo, noviembre 04, 2001

He mirado la primitiva, y la quiniela, y mis esperanzas nuevamente se han diluido. No me ha tocado nada, NADA, como siempre. Voy a seguir otra semana más sin ser millonario.
Triste sino el mío...

sábado, noviembre 03, 2001

Una última cosa, antes de marcharme...

El Maradona y la Tribu:
Esta vez la tribu, el cura. El cura se vino conmigo a una feria, y el compas también se vino. El cura llevaba la cruz nazi, y la mostraba sonriente. Entre una copa y otra, el compas y el cura se pusieron a discutir. El cura defendiendo sus ideas fascistas, el compas, sus debiles ideas de izquierdas, reprochándole al cura su actitud: un cura, decía, no puede defender a un hijoputa, y un dictador es un hijoputa, y un nazi es un hijoputa. El cura, con más libros a cuestas, y con una superior capacidad retórica y dialéctica acababa encerrando los pobres argumentos del compas que acbó cabreándose y marchándose por no utilizar el último argumento, como dijo, por no romperte la cara, que es lo que tenía que hacer, vamos, que un cura diga estas cosas...
Bueno, esta tarde. esta tarde. Había pensado, me había concienciado, para quedarme en casa a trabajar un rato. A leer, cuando menos, un rato a Renan y su Cristianismo y Judaísmo. O, mejor, a trabajar un rato en mis tonterías. Pero no voy a hacerlo. Me acaba de llamar un amigo y le he dicho que vale, que vayamos a tomar una copa, total. Podría haberme negado, podría todavía negarme, pero me atrae la idea de pasar un rato bebiendo con él, pasando el tiempo, dejando que el tiempo me mate, lentamente, sin hacer nada por mi trabajo. Mi trabajo...

Mi trabajo: Empecé a escribir un cuento y no he llegado a llenar un folio, y me asusta la idea de volver a él a terminarlo. La idea del fracaso, la idea de que no lograré hacer lo que me propuse, de que no resultará lo suficientemente bueno, para mí.

Mi trabajo: Mi empleo, el del banco, el que me proporciona el dinero, es otra cosa. Ese me consume irremediablemente, me roba las fuerzas y, sobre todo, las horas, y necesito relajarme de vez en cuando, aunque a mi conciencia le duela.

Mi trabajo: Si sigo trabajando en mis escritos a este ritmo nunca concluiré nada, nunca crearé algo digno de ser leído, nunca saldré de la miseria en la que vivo envuelto, nunca finalizaré una obra maestra, ni nada que se le aproxime, y eso me duele, me duele mucho. Quizás por eso me haga el remolón y trabaje poco, quizás sea que no soporto la idea de aceptar que no soy capaz de escribir algo realmente bueno. vamos, que tal vez sea mi negativa a aceptar mi fracaso lo que me aleje del teclado.

Ora que ora, el mundo seguirá como hasta ahora.
Mi memoria es prodigiosa... para olvidar las cosas. También gozo de una relativa buena salud. Pero eso, que dicen que te hace feliz, a mí me hace más desdichado, si cabe.
Llevaba viendo a un tipo que me hablaba afectuosamente durante estos últimos meses: bromeaba con él, hablaba con él como si de un compadre fuera, como si lo conociera de toda la vida, pero no recordaba en absoluto dónde ni de qué lo conocía. Cierto que su cara me sonaba mucho, pero no sabía de qué, cierto también que él fue el que me habló primero en, por así decir, nuestro reencuentro, pero no sabía de qué ni por qué. Yo pensaba que era un tipo a quien había conocido durante alguna de mis prolongadas borracheras,,,,, y que por tal razón no lo recordaba con claridad. Pero no, nada de eso, cuando no lo conocí, cuando lo vivía, lo veía, gozaba plenamente de toda mi lucidez mental (que no es mucha), y mi mente no estaba en absoluto enturbiada por el veneno que llaman alcohol, y que yo degusto con fruición. Lo recordé el otr día. No sé qué oculto mecanismo se activó en mi mente que me hizo recordarlo todo con claridad, pero el otro día, espóntaneamente lo hizo. Lo hizo cuando ya me había acostumbrado a tratarlo sin saber de qué lo conocia, a hablarle amistosamente sin un pasado que nos amparase, que nos justificase. Es decir, que me da lo mismo haberlo recordado que no, que incluso preferiría, despuñes d etanto tiempo, no haberlo recordado.