miércoles, octubre 31, 2001

Una mujer, una anciana de unos cincuenta ñaos, me preguntaba cómo era posible que yo no tuviera novia, y ni siquiera la buscase, la quisiera encontrar. Acabó con una frase que me permitió dejarla callada, hacer que no vuelva a increparme más con sus simplezas: y, entonces, cuándo llegues a viejo, qué vas a hacer? Pues, le respondí, si llego, cosa que duo, que moriré, sencillamente, me moriré como todo el mundo se muere. Se calló empalideciendo, sorprendida, cohibida por la naturalidad con la que o había hablkado de la muerte, de mi muerte.
Mañana dicen que es el día de todos los santos, aunque en realidad no exista ninguno. La gente irá a los cemeterios a limpiar las tumbas de sus familiares, pero más les valdría ir preparando las suyas propias. Están todos muertos, tan muertos como yo.

martes, octubre 30, 2001

He perdido la tarde en el dentista. Me ha arreglado uno de mis dientes podridos, pero eso no significa nada, para mí. Todo este tipo de consultas son iguales. Una sala de espera cutre, con un par de sillones, y un montón de cuadros con ridículos diplomas colgando de las paredes, para demostrar a sus clientes, pacientes, lo mucho que han estudiado para no saber nada, para meterte mercurio en los dientes y arrancarte cuatro muelas destrozadas. Vamos, lo que hacían, más o menos, y salvando las distancias, los barberos no hace mucho.
Me han tenido un buen rato en la sala de espera. Nunca entenderé por qué gustan de hacerte esperar tanto en estos sitios, y siempre ten hacen esperar, y esperar, en un sitio de estos, significa aburritirte una hora, hora y media, si no más. Te ponen una mesita con cuatro revistas del corazón viejas, y esperas que te entretengas leyendos cotilleos varios. la gente las lee, las ojea, pero la mayoría dudo que lea, que se entretengan. Me pregunto por qué lo hacen. Sería mucho más fácil si organizarán mejor las citas, si, en vez de revistas, colocaran una estantería con libros, o comics, o, mejor aún, pusieran una radio, una televisión, y una película, o, todavía mejor, un documental sobre medicina dental. Algo, con lo que entretenerse. Una máquina de café tampoco estaría de más, o de refrecos, y mucho mejor si tuvieran una neverita con unas cervezas. Los pacientes las podrían beber antes de entrar, así se tranquilizarían, se relajarían, darían menos el coñazo y les resultaría la visita agradable. Mientras m´ñas esperasen, mñas beberian, y mejor lo pasarían.

lunes, octubre 29, 2001

Mi salud está resquebrajada. Tengo un sonoro resfriado, y no hago más que sonarme los mocos. Ya me duele la nariz, lo que no es de extrañar, pues he consumido desde que comenzó el día un par de paquetes de pañuelos de papel. Me duele el cuerpo y presiento que voy a empeorar.
Mañana tengo cita en el dentista... y no sé qué sucederá con el resfriado que tengo. Ya me imagino estornudando, y mordiendo al dentista, mientras éste opera sobre mis podridos dientes.
Voy a acostarme, aunque son las nueve y media de la noche, para ver si mi salud mejora un poco mañana.

viernes, octubre 26, 2001

Hoy ha sido un mal día... como todos.
Son las tres? de la mañana y estoy intoxicado etílicmente, que dicen los médicos (matasanos) que me han visto así otras veces. Cuando sali de trabjar fui a emborrachame, a la mierda, que me dije.
H visto al maki, tambiñen al izcom y ahora no veo a nada, ni a nadie... Tecleo por inercia, a tientas, a ciegas, como todos.. como siempre, auqnqe esté sereno, aunque creaora cosa....
Mañana... mañana esra otro día... MALO.
Joder...
Mejor ciero los ojos y duermo...
Hoy, como todos los días, al levantarme, me he dicho: mi via es un asco, no existe ingún motio para que me mueva, tengo que ir a currrar, por una miseia, y no merece la pena, más me valdría que un rayo me partiera la cabeza, mejor seria que me entrase un cñancer y que me muriese en unos meses, o que me iera un repentino infarto o una mortal embolia, pero NO. Soy un desgraciado, y como tal urarñe unos cuentos años más, para mi desdicha...
Ora que ora, que no sé cuál es la hora, y tampoco me importa....

miércoles, octubre 24, 2001

Ya he dicho en otras ocasiones que la gente me considera un degenerado, un depravado, un borracho y cosas semejantes. Y esto es lógico que me ocurra viviendo en un lugar en el que todo el mundo, de una forma u otra, acaba conociéndote. Pero eso no me importa. Me he acostumbrado a que esto sea así, y ya no me preocupa lo que mis semejantes piensen de mí, lo que digan de mí. Sin embargo, a mis semejantes les ocurre lo contrario: no soportan la idea de que los demás piensen mal de ellos. Quieren que todos piensen, digan, siempre, a todas horas, lo buenos que son, lo listos que son, lo honestos que son, pese a que sean todo lo contrario. Y, en cuanto pueden, no dudan en hablar lo peor que pueden del primero que se le presente, le conozcan o no, tan sólo porque hayan oído esto o aquello de él. Y en cuanto oyen que hablan mal de ellos se escandalizan, no lo comprenden y se echan las manos a la cabeza alarmados, y pronto pasan a la defensiva, a justificarse, a intentar de una forma u otra que cambie la opinión que sobre ellos vierten.
Digo todo esto porque ayer lo presencié, alguien hablaba mal de mí, como siempre. En cierta forma bromeaba, pero a mi lado había otra persona a la que también se le acusaba de lo mismo, de emborracharse a destajo. En cuanto se mencionó a esta persona se puso a defenderse, a justificarse. Y me miraba a mí, y trataba de ponerme a su lado, de hacerme su cómplice, de que nos defendiéramos a unísono. No lo hice, por supuesto. No debería importarle lo que digan los demás, a nadie debería. si a mí me importara mi vida se haría insoportable y hallaría sin dificultad las razones que hasta ahora me faltan para acabar de una vez con todo, cometiendo el pecado más elevado, el acto más grande que puede cometer un alma libre: suicidarse.

Ora que ora, hace unos días que ha vuelto a empezar la úlcera a darme por el culo, y me voy a tener que poner a dieta, comer cosas a la plancha, nada frito, y cosas cocidas, nada aceitoso, y beber leche, para que mis defensas recuperen la parte péptica dañada.

El euro y la tribu
Sin lugar a dudas me precipito a vivir unos meses de aunténtico horror, probablemente los peores meses de mi vida. Vivo con mis padres, todavía. Y próximamente, en tres o cuatro meses, seré el peón, uno de ellos, al menos, que ejecute el ambicioso proyecto europeo de unificar las monedas. Por mis manos pasarán cientos de millones de pesetas, poco a poco, cliente a cliente, idiota a idiota, irá entregándome su pecunio, sus billetes, falsos o no, sus monedas, gastadas o no, y, a cambio, le devolveré euros, al nueva moneda. billetes llenos de medidas de seguridad, lo cual, alguien como yo, que ve pasar por sus manos diariamente miles de billetes distintos, agradece. Y también miles de monedas, del material más barato que han encontrado, lo cual, alguien como yo, que ve desfilar por sus manos toneladas de monedas, lamenta.
Estaré diariamente preocupado, por todo, por cuadrar, por que no me falten pesetas ni me sobren euros, o al revés, o las dos cosas. Me preocuparé por las monedas, porque no me traigan muchas monedas, por favor, no muchas. Y Me preocuparán bagatelas semejantes, los billetes falsos, los descuadres de compensación, los bailes de números, etc... Y luego volveré a mi casa, y me encontraré con mis nada comprensivos progenitores, aquéllos que me aguardaran con todo tipo de reproches. Tal como están las cosas, mi único lugar de descanso será la cama, eso si logro conciliar el sueño, cosa que dudo...
Y me digo que no debería preocuparme, que nada importa, que lo peor que podría pasarme sería que me muriera, y eso sería un alivio. pero es inútil, mucho o poco, acabó fastidiando algo, cometiendo algún error, y entonces me preocupo, como un capullo, como el imbécil que soy.

lunes, octubre 22, 2001

El euro y la tribu
Hoy he estado dando un curso del euro, tocando los billetes, las monedas... Se han comentado algunas anécdotas ya producidas. La de más interés es la de un cliente que le protestaba a un empleado por haberle cobrado los gastos de la emisión de una nota simple en el registro para un préstamo que no llegó a formalizarse. El cliente protestaba al empleado: pero cómo voy a pagar yo eso. Y el empleado le replicaba ofuscado que él no tenía culpa de que no se hubiera firmado al final el préstamo. Casi llegan a las manos. Discutían y discutían, irritados, de una forma tan vehemente que llamó la atención al director de la sucursal, el cual se acercó y descubrió con una sonrisa el problema. La nota costaba dos mil y pico de pesetas, y el empleado, erróneamente, le había cobrado, contra su cuenta, por ella dos mil y pico euros, el equivalente a cuatrocientas mil pesetas. De ahí el problema, de ahí el enojo del cliente.

domingo, octubre 21, 2001

He superado la resaca, otra resaca más. A base de agua con limón, sopita y esfuerzo he recuperado mi cuerpo, deshaciéndome de todo el veneno, alcohol, que ingerí ayer.
Fue una borrachera bestial, hacia tiempo que no me agarraba una tan fuerte, y que tenía, como tengo hoy, una importante amnesia local por la excesiva cantidad de alcohol que me tragué.
Ahora me recuerdo borrosamente andando por las calles de cerca de mi casa, dando vueltas en círculo, buscando el coche. Incluso recuerdo haberlo dicho en vo alta: ¿dónde he aparcado el coche? Y me recuerdo después recordando que lo había aparcado en un lugar lejano, muy lejano.
Debería de dejar de cogerme estas borracheras tan descomunales, debería de dejar de salir a beber con mis amgigos, debería de cambiar todos mis detestables hábitos.

Ya tengo mi ordenador nuevo y espero ahora trabajar con mayor intensidad en mis proyectos. Ahora espero que mis proyectos avancen con mayor celeridad, y es mi intención la de poner pronto aquí un enlace que conduzca a uno de mis proyectos.
doce horas bebiendo, doce que son doce. estoy todavía borracho y a la vez tengo resaca. Dios mío, qué borrachera. he perdido las gafas, no sé dónde están, joder. creo, estoy convencido, que se me quedaron en el coche, pero admito que puedo equivocarme. ahora bajaré y saldré, con la excusa de comprar el periódico, a buscarlas, espero encontrarlas. tengo alunas lagunas de memoria, y no recuerdo de ayer muchas cosas, lo que no me evita la sensación, la sospecha, de haberle hecho algún nuevo bollo al coche, y ahora también temo comprobar esta circunstanica.
dios, doce que son doce, una tras otra, en la ratonera.

jueves, octubre 18, 2001

Mi vida es tan pobre que pasan los días sin que tenga nada que decir, sin que se me ocurra nada que contar. Sigo vivo, eso es cierto, aunque mi vida se desarrolle en el interior de una tumba, asfixiado por todas partes. Aunque no haya ningún resquicio por el que pueda atisbar un poco de luz, y en la que mi única vía de evasiçón, de iluminación, de escape, la constituye única y exclusivamente el alcohol, lo que resulta triste y lamentable.
Pero no importa, nada importa.

Un mujer, a mi lado, al oír las campanas que anunciaban una misa por un muerto, dijo: "¿Quién se habrá muerto?", Y yo pensé para mis adentros en las palabras de Hemingway: No preguntes por quién doblan las campanas, las campanas están doblando por ti... sí, por ti, y por mí, y por todo hijo de mala madre, y todas las madres son malas.

Gandhi dijo: Ojo por ojo y todos acabaremos ciegos. Está bien, pero se equivocaba, se quedaba corto: todos estamos ya ciegos, tengamos o no ojos.

martes, octubre 16, 2001

Ahora escribo aquí poco, como habrán notado los pocos lunáticos que lean mis desventuras, si es que alguno las lee. Pero si escribo poco aquí escribo menos aún fuera: hace siglos, me parece, que no toco mi novela, que no la reinicio, de nuevo, hace milenios, en la prehistoria prácticamente, que no escribo un cuento. Pero nada ha cambiado, mi vida sigue siendo igual... de patética.

El otro día el matador y yo nos matamos en el Matadero (es así como hemos bautizado a un pub que ha abierto un amigo), y después, bajo los efectos etílicos, decidimos gastar una broma macabra. El Bellota (el tipo al que llevé una vez a su casa, al cementerio), había prometido a alguien, un amigo, que lo llevaría por la mañana a un lugar lejano, a una hora de camino, donde tenía que tomar un tren. El matador y yo, conocedores de tal circunstancia, decidimos desinflarle una rueda, y, con la borrachera, lo hicimos. Bueno, lo hizo el matador, pero a instancias mías. La verdad es que es un experto, le introdujo un chinito en el lugar preciso y, por sí sola, perdió todo el aire, de modo que a la mañana siguiente le pareció que la rueda estaba pinchado, y no pudo cumplir su promesa, y su amigo tuvo que pedirle a su cuñado que por favor lo llevase a coger el tren.
Sospecharon de nosotros, pero con nuestras mentiras y disimulos fuimos capacez de pasar por inocentes.

sábado, octubre 13, 2001

LLevo días sin pisar esto, sin sentir la necesidad de escribir, de expresarme, de consolarme con mis propias palabras. Parte de culpa la tienen dos personas que conozco, que han abierto sendos pubs en los que ultimamente paso gran parte de mis hotras libres, en donde me emborracho sin tion ni son, sobre todo en uno de ellos, donde el dueño es mucho más enrolado, y donde la gente que entra allí es mucho más campechana a la que van al otro sitio. A éste va poca gente, y eso me gusta. Al otro va mucha más gente, y gente pija, y eso me disgusta.

El Maradona y la tribu.
Que cuenta cuando el maradona visitó el local donde trabajaba el kuki.
El maradona les dijo a tres de sus compañeros de copas que iban a ir a un sitio donde los iban a invitar a todos, les aseguró que conocía al camarero y que éste le había prometido invitarle. Fueron allí, pero como estaba el jefe cerca el camarero no pudo invitarles. El problema era que no tenían dinero y la cuenta debida era grande. Pero el maradona sacó su ingenio y les dijo a sus compañeros de copas que iba a hacer "algo" para que los echaran, y así no tendrían que abonar las copas que se habían tragado. Se metió en el servicio y salió metamorfoseado para provocar que lo echaran. Se había dejado los pantalones sin abrochar y caminaba tranquilamente con su polla y sus huevos a la vista de todo el mundo, los enseñaba con descaro y hasta orgullo para la indignación de la mayoría de los presentes. Algunos quisieron pegarle, y lo hubieran hecho de no haber mediado otros para evitarlo: dejadlo, no os dais cuenta de que está borracho, les decían. Al final lo echaron sin tocarle un pelo, pero lo echaron a él solo, y sus amigos se tuvieron que joder y quedar allñi. Discutieron con el dueño del local, y al final uno de ellos tuvo que dejar su carnet de identidad en prenda hasta que tres o cuatro días después reunieron el dinero suficiente para pagar la deuda.

lunes, octubre 08, 2001

Qué cabrones son los americanos, qué hijoputas son los occidentales. Ahora bombardean sin piedad una de las regiones más pobres del mundo entero, y a eso lo llaman justicia, lo llaman legítima defensa. Eso no es más que pura venganza, malicia, violencia. Atacan al islam, y condenan el fanatismo de esa relígión. Pero en realidad el cristianismo es mucho peor, acaso sea lo peor que jamás ha inventado el ser humano. Llámese catolicismo, llámese protestántismo, hoy por hoy contamina occidente y hace que ea lo que es: una sociedad violente, estúpida, maliciosa, criminal. En vez de ayudar a los países pobres a que salgan del pozo negro en el que se encuentran, lo atacan con la vehemencia propia de los peores asesinos para hundirlos aún más. Ló ñunico que van a conseguir es generar más atentados, más calamidades, más violencia, más muertes y más y más miseria. Y responderán con más y más atrocidades, más bombardeos, más padecimientos de los más desafortunados.

Es mejor no hablar de eso. ya estoy cansado de hablar de eso, de la asquerosa sociedad en la que vivimos, de los repugnantes valores morales que hoy por hoy dominan en occidente.

Ayer, hablaré de ayer. Pasé una tarde, en general, agradable. Estuve emborrachándome, para no perder la costumbre, tomando una copa tras otras. con un dos personas. Una de ellas no la conocí hasta ayer. Y esta persona, un musculitos de gimnasia, acabó cogiendo una cogorza de campeonato. Vomitó, y después supimos que tenía que trabajar por la noche, toda la noche, y como se encontraba muy mal decidió llamar a su jefe. Tardó en recordar su número. Lo garabateó varias veces en un papel, pero o bien le sobraban números, o bien le faltaban. Al final, tras llamar a tres o cuatro números equivocados, dio con el que buscaba y se pasó un buen rato hablando con el jefe. Le largó un rollo, casi tan largo como el de Lo que el viento se llevó, de que estaba en otra parte, de que la guardia civil le había detenido el vehíiculo, y no sé qué más. Pero el jefe, obviamente, no le creyó, y le dijo que tenía que estar, como fuera, a las doce en el tajo, puntual como un reloj. El tipo se resignó y dejó de beber, a instancias nuestra, y comió y se tomó un par de cafés y recuperó un poco la compostura. Aunque su esfuerzo fue importante, cuando lo dejamos a las once y cuatro en su casa, todavía estaba considerablemente borracho, y no quiero ni imaginarme lo que pudo haber liado anoche, trabajando, o, mejor dicho, lo que que quiera que pudiera hacer en su estado. Debió de ser ridículo, debió de ser patético.

Ah, casi no siento ganas de hablar sobre temas tan triviales. Me siento tan irritado, tan ofuscado, con lo que hacen mis semejantes, aquellos que comparten, ern cierta forma, algunas costumbres conmigo, que me cuesta trabajo relajarme y pensar en otras cosas, pensar en que yo no puedo hacer nada y lo mejor que puedo hacer es olvidarlo, ignorarlo.

Ayer, mientras bebía, tuve que ir a un cajero a sacar dinero. Por el camino vi a una chica joven sentada con las piernas cruzadas, en un escalón. Al principio creí que estaba pidiendo limosna, pero cuando me acerqué lo suficiente pude ver que lo que en realidad hacía era escribir en un cuaderno. Estaba descalza, con sus zapatos a un lado, quizás para relajar los pies tras una larga caminata. No le importaba la gente que pasaba. ella caligrafiaba y caligrafiaba. Ignoro qué escribía, si un diario, como éste, un cuaderno de viajees, un cuento, una ocurrencia, una novela, o si simplemente una redacción para sus estudios. El caso es que estuve a punto de acercarme para hablar con ella, para preguntarle qué estaba escribiendo, para confesarle la admiración que me inspiraba por el hecho de sentarse allí, en medio de la muchedumbre, y ponerse a escribir sin más. Pero no squise, o no me atreví, a importunarle, y volví al bar donde me esperaban aquellos con quienes estaba emborrachándome, pudriéndome.

viernes, octubre 05, 2001

Joder, estoy algo bebido, y me siento un tanto borracho, pese a que sólo me he bebido dos litros.

He pasado una mala semana, una`pésima semana que merece ser olvidada, como casi todas, aunque eso no me impide estar a gusto, satisfecho, como si ya estuviera acostumbrado al fracaso, como si ya lo hubiera asimilado, lo hubiera conevrtido parte de mí.

Si le contara a la gente que conozco, al matador y al cura, por ejemplo, con quienes he quedado para salir esta noche, para ir a un pub que abre un compañero de copas común, si le contara a estas personas cómo he pasado la tarde, cómo paso muchas tardes, me considerarían más loco de lo que ahora me consideran, lo que es decir mucho. He estado conduciendo más de dos horas acompañados por la música de Mahler a un volumen bastante elevado, e ingiriendo la cerveza, los dos litros que he comprado en la gasolinera, y hasta que no he acabado no he parado. Disfruté como un idiota bebeiendo solo, en el coche, y conduciendo aislado en la música de los clásicos, de los genios que nos regalaron lo mejor de sí mismos.

Esta noche me emborracharé del todo, con el matador y el cura, pero no será lo mismo. Prefiero lo de esta tarde.

Por cierto, mientras conducía, pensadba, casi recitaba, éstas, mis propias palabras: Bella mujer, ven aquí y ahora, y hazme una mamada. la cerveza, mahler, y tu lengua m,e trasladarana mí, pobre, inmundo e infleiz mortal, al paraiso.
No dudo que se piense que sea un machista, un misogino, puesto que, en muchos sentidos, lo soy. Y no me importa, no me convierten en peor de lo que ya, per se, soy.

jueves, octubre 04, 2001

Son cerca de las nueve.
Acabo de regresar de la cárcel (el habítaculo que ocupa mi banco), de salir de ella, adonde estoy condenado a pasar determinadas horas y me siento con poco ánimo.

Estoy arriba y escucho:
Quiero desaparecer, quiero desaparecer, eso es lo que dice, entre llantos y gemidos, una vecina abajo. Habla, llora, con la mujer que me hizo amí aparecer. Sus motivos son bastante claros. Su marido, el marido de esta mujer, que otrora fuera parte del proyecto hombre, no como paciente, por así decir, sino como voluntario para ayudar a los drogadictos y alcohólicos del susodicho proyecto, como guía espiritual de esos hombres, con la intenticón de enderezarlos e integrarlos en la sociedad, su marido, este buen samaritano, es AHORA un alcohólico, y se gasta su sueldo, según dice abajo, en corridas y en juergas. Vamos, en lo que antes este mismo hombre denunciara como vicio y depravación. Ya he hablado de este hombre otras veces aquí.
Es que con treinta mil pesetas que me deja al mes no tengo para vivir, dice la mujer lacrimosa.
Desconozco las razones de la metamorfosis que este hombre ha experimentado, ya que no le trato ni le conozco como para poder saberlo (aunque parte de la culpa puede que la tenga el infarto que sufrió, el enfrentarse a la muerte tan de cerca). Pero supongo que debe tenerlas, que debe de tratar de escapar de la realidad a toda costa, porque no le gusta, porque la detesta, y que al evadirse como lo hace, a expensas del pecunio con el que vivía su familia, se siente aun peor, y, como en un circulo vicioso, vuelve a recurrir al alcohol para escapar, escapar.

eso es lo que quisieramos la mayoría: escapar.

miércoles, octubre 03, 2001

Voy a abrir una nueva sección, además del maradona y la tribu. Una nueva sección para la tribu. Su título: el euro y la tribu. Dado que yo, al trabajar en un banco, en la caja de un banco, voy a ser el que más sufra el tema, el que tenga que poner a disposición del público, de la gente, de la sma, la nueva moneda física, y el que tenga que aguantar la mayoría de sus quejas, sus reproches, sus protestas y su absoluta capacidad de comprensión, su infinita intolerancia, abriré aquí una sección para contar las vicisitudes que el euro me haga padecer.

El euro y la Tribu.
Una mujer de una treintena de años se acerca y me pregunta que cómo se calcula el IVA. Estaba confusa y me ha resultado muy difícil convencerla de que se calcula igual que antes, multiplicando. Como no me entendía le pregunté si había ido al colegio, si sabía dividir o multiplcar o leer. Me contestó ofendida que qué me creía, que por supuesto, que ella no era ninguna analfabetea. Le dije, pero si es muy sencillo, mujer, se hace igual que antes, es una operación que saben hacer hasta los niños de parvulario. Al final, se fue, y estoy convencido de que sigue igual de confusa.

El Maradona y la Tribu:
El maradona estaba enamorado de la hermana del cura, una mujer que, dicha sea la verdad, era bastante guapa (y lo digo por si alguno se ha atrevido a dudar de los gustos del maradona) La perseguía adonde quiera que fuera. Acudía, arrastrándonos a nosotros con él, a los bares a los que ella acudía. Se acercaba a ella pretendiendo fingir que el encuentro era casual, y acababa por declarle por enésima vez su amor, para recibir por enésima vez la misma negativa. Entonces se ofuscaba, se cabreaba, y le reprochaba cosas que se han mantenido para todos ocultas. La criticaba por mezclarse con las personas con las que se mezclaba. eran, decía, escoria. Unos chulos sin ninguna clase, y no entendía cómo una chica que valía tanto como ella podía ir con ellos. Al final acababa el maradona volviendo con nosotros y emborrachándose para olvidar, como decía, las penas.

martes, octubre 02, 2001

El euro.
Ya estoy sufriendo, padeciendo como el miserable cabrón que soy, sus efectos. En realidad, quien me atormenta es la gente, por supuesto (siempre es la gente, siempre son los demás los que nos hacen sufrir, o nosotros, los que hacemos sufrir a los demás).
Pensaba que serían los viejos los que más lata me darían, en cuanto vieran en sus libretas las cantidades en la inminente nueva moneda (primero en euros, luego en pesetas), pero no. Los viejos no, ellos se han reído, no porque entendieran algo, sino porque no se han molestado en tratar de comprenderlo. Miraban los números, y sonreían, diciendo: ya tenemos aquí el euro. Les podrían haber puesto cualquier otra cosa, cualesquiera otras cantidades, cualesquiera otras letras, otras observaciones explicativas, y se hubieran quedado igual. Simplemente, no se han preocupado en entenderlo. Han dicho: ya lo tenemos aquí, así que habrá que joderse. No han mirado nada y se marchado resignados al cambio, sin saber qué está pasando, ni preocuparse por ello siquiera.
Son los jóvenes, los de generaciones posteriores, gente con estudios, que se supone saben leer y escribir a la perfección, los que me están dando por el culo, los que me joden a base de bien. Se las dan de enterados y no se enteran, ni se enterarán nunca, de nada. Hoy, sin ir más lejos, he estado a punto de mandar a la mierda a un policía. Quería el imbécil hacer una operación que, dado los cambios informáticos introducidos para la adatación a la nueva moneda, era imposible de realizar. Y se ha cabreado el jodido cabrón, porque le he dicho la verdad, que no se podía hacer. No, me ha respondido, pues el otro día me lo hicieron en otro lado. Pues vete, le he respondido, a que te lo hagan allí (y, para mí, añadí: jodido idiota). Y el muy idiota no se ha ido, y al final ha accedido, humildemente, reconociendo su error, su supina ignorancia, su incapacidad absoluta de comprensión, a que se lo hiciera de otro modo, de la forma única en que se podía hacer lo que pretendía.
He tratado varios casos similares, todos de edad inferior a cincuenta años, y todos se han ido igual que este membro de las inútiles, dañinas, fuerzas del orden público (aunque habrían de ser llamadas del desorden público). Se han acercado, me han preguntado, han protestado, y al final, después de no enterarse de nada, a pesar de mis pacientes explicaciones, se han ideo sin comprender nada, negando con la cabeza.
Es sólo una cuestión de números, de sencillos cálculos aritméticos, y pocos lo comprenden. Los más se resignan sin molestarse en intentar comprender qué sucede. Y los pocos que intentan atender con su inteligencia a lo que ocurre acaban por rendirse y asumir su derrota, su pobre capacidad de razonamiento.

lunes, octubre 01, 2001

Cada día que pasa estoy más viejo. Todavía hoy tengo resaca. La resaca de una borrachera de dos días me va a durar dos días, síntoma inequívoco de que mi cuerpo se deteriora. Tengo una ligera úlcera gástrica que se acentúa con la resaca. Hoy es mi cumpleaños y no me siento alegre precisamente. No lo he celebrado, pues me parece absurdo iniciar una celebración con una excusa tan ridícula y pueril como una fecha concreta. las fiestas han de surgir del momento, de la magia del instante, del sinsabor doloroso de la espontaneidad.

Ayer dormí fatal y, además del malestar por la resaca, siento malestar por la falta de sueño. si acaso dormí tres horas. Me dormí a las tdos y desperté a las cinco, creyendo que eran las ocho, o las nueve, vamos, con la noción del tiempo completamente perdida. Tuve que mirar el despertador para asombrarme ante la temprana hora. Ya no me pude quedar dormido, a pesar de que lo intenté, tal vez inquieto por el temor de no despertar cuando sonase el reloj para acudir como un siervo sumiso al trabajo.