jueves, agosto 30, 2001

Mierda, mierda, MIERDA. Me dan ganas de gritar: MIERDA. soy un fracaso, un completo fracaso. he estado releyendo la primera parte de la novela y me he horrorizado. Es mala, malísima. necesito reescribirla. Hace ya más de dos años, cerca de tres, que decidí ser escritor, escribir una novela con la que todo el mundo disfrutase y aprendiera, algo legible, no como toda la porquería que publican, y todavía no he escrito nada ni una sola línea que me satisfaga. tendré que empezar de nuevo, otra vez. Trataré de reescribir eso que había escrito, a ver si logro encontrar el tono adecuado, las palabras precisas... Pero no lo creo, no tengo esperanzas. Lo peor es que no puedo olvidarme de todo, no puedo decir :a la mierda, no escribo más, no puedo, lo admito. Para mí, eso es el sentido de la vida: expresarme, lo necesito, y si no tuviera eso noada de lo que hago tendría sentido... Es frustrante, desesperanzador, tratar de escribir y no poder hacerlo. Ojalá nunca lo hubiera intententado, ojalá no lo hubiera pensado.

Todo el mundo bebe. Esta mañana, mientras desayunaba, una manco con un ciego descomunal se puso a hablarme. No se le entendía nada, de lo borracho que estaba. hablaba de perros, pero no sé por qué, no sé de qué. Era temprano, las nyueve y media, y no es que el hombre hubiera pasado la noche bebiendo, sino que se habría levantado temprano, a las seis, seis y media, y en un par de horas se había agarrado esa borrachera. También me dijo que para él todos los días son iguales. Tiene sobre treinta años, no está casado y vive solo, y como está jubilado no hace nada, día tras día se va al bar y se harta de anis o pacharán.

Mierda, MIERDA, MIERDA. Me dan ganas de estrellar mi cabeza contra la pared. Calma, muchacho, calma. Acepta tu fracaso, acepta que eres un inútil, no te queda otro remedio.

miércoles, agosto 29, 2001

Vuelvo a la normalidad: estoy irritado, lleno de malestar, con ganas de suicidarme o de matar a alguien. Nada de esto cambiará hasta que me aleje del atajo de imbéciles con quienes convivo. Ellos son los que me torturan, con sus simplezas y vulgaridades, con sus haz esto no hagas aquellos. Por mí podrían estar todos muertos y podridos debajo de la tumba, por mí yo sería el únuico habitante de este hediondo pueblo.
No he discutido con nadie hoy, pero no ha sido por falta de ganas.Me he contenido, a duras penas.
Es septiembre, y me temo que se retrasará, como ya sospechaba yo, mi independencia. Tengo excesivos gastos: ahora el seguro del coche, las ruedas, los discos de freno, y un espejo, amen de luces de repuesto, pues si no no pasaría la mierda de ITV que tiene que pasar en pocos días... Mi sueldo es paupérrimo, de risa, y no puedo hacer nada por mejorarlo. Los esclavos vivían mejor que yo, tenían mejores condiciones laborales, eran más felices... Eso pienso, para consolarme, sea o no verdad.
Un imbécil me ha dejado, por triplicado, un virus. este es su e.mail: rafaroz@terra.es, su nombre: Rafael Rozpide Rivas. Si le conocen personalmente, escúpanle de mi parte, se lo merece. Si yo fuera tan imbécil como él, perdería mi tiempo mandándole un troyano y jodiéndole sencillamente el ordenador.

martes, agosto 28, 2001

Cda día me gusta más el bar donde voy a desayunar, y sus follonetas. Hoy uno le decía a un viejo que atiende y que debe de tener cerca de ochenta años: Eres rico, hombre, rico en experiencia, con los años que tienes, pocos debe de haber tan ricos como tú. El viejo que atiende sonriendo, riendo, dijo: y es verdad, tieniendo un molletito que llevarse a la boca, para qué quieres más.
tengo que hacer, todas las mañanas, esfuerzos para no reírme a carcajadas de los "follonetas" del bar, del dueño, del viejo que atiende, de todos los demás...

lunes, agosto 27, 2001

Hoy siento alegría, y no sé por qué. Incluso me estoy riendo mientras escribo esto. No estoy borracho, ni he tomado drogas, y no lo entiendo, porque no hay ninguna razón para mi alegría. Mi vida sigue siendo tan patetica como siempre, como seguirá siendo. Quizás me estoy volviendo loco, porque no hay otra explicación a mi contento. Siempre he sopechado que acabaré mis días en algún manicomio, sigo creyéndolo, y es probable que se cumpla mi designio. Al fin y al cabo, no es tan raro.

Hoy he visto a un tipo curioso. Es alcóhlico, y estaba bebiendo cerveza en un bar. Le invité a una, y me lo reprocharon varias personas. Eso es lo último que le faltaba, dijeron, que le inviten a una cerveza, no ves que le sale por las orejas. Me hace gracia el tío. Recuerod que cuando yo era chico el cabrón iba a masturbarse a una esquina poco frecuentaba. El idiota se sacaba la pilila y se ponía a zumbárcela mirando hacia un lado, creyendo que nadie lo veía. pero yo lo observaba perfectamente desde mi ventana. Ahora ya no se hace mirlas en la esquina, sino que se lleva litronas y se sienta a berbérselas allí, y no vigila a que venga alguien, pues ya no le importa que lo vean.

El cura (¿lo dije ya?) le encendió yun cigarrillo a un gordinflón de doce o trece añlos, una joven mujer que estba cerca comenzó a reprochárselo: no ves que es muy chico para fumar. El cura se acercó, le susurró algo, y la joven se calló en el acto y palideció. No sé quçé le dijo, pero me gustaría saberlo, me gustaría poder hacer cosas como ésas.

Dos peticiones: Por Favor, dejen de mandarme virus. Hay gente por ahí que no sabe hacer otra cosa más que mandarme virus: dejen de hacerlo, no voy a ser tan estúpido como para abrirlos, y saturan mi correo electrónico.
Tengo un dominio y espacio para él, he creado una página html y quiero ponerla en la red. Subo el archivo al espacio con un programa ftp, pero cuando introduzco en el navegador mi url sigue sin cargarse mi pçágina. ¿Sería alguien tan amable de explicarme por qué? Se lo agradecería y me ahorraría consultar al servicio técnico.
Mi cuenta de correo ya la saben: nwanda@marca.es, para lo que quieran, peroNO me manden más virus.

sábado, agosto 25, 2001

Acabo de sufrir un rato de televisión durante unos diez minutos. tenía hambre y bajé a abrirme una lata de sardinas en tomate y devorarla. Aún em eh quedado con ganas de tomar ma´s comida, pero prefiero no hacerlo por tal de no tener que sufrir ese asqueroso aparato.
Los idiotas estaban viendo un programa de antenarosa, un programa de esos sobre famosos. Hablanban sobre angelina jolie, salma hayec, y el principe felipe y los amorías y desamorías, los proyectos y sufrmientos de estos personajes. Al ver todo eso, he estado a punto de vomitar las sardinas que estaba comiendo. Esos seres son los iconos de la sociedad actual, los héroes, los ejemplo a seguir. A todo el mundo le gustaría ser como ellos, vivir como ellos, o, por lo menos, eso quieren vendernos los cabrones que tienen el poder. La mayoría de la población vive pendiente de las vidas de esos símbolos de la sociedad. Cuando lo pienso me deprimo, me dan nauseas, y siento sdeseos de estar muerto, de liarrme a poner bombas y reventarlo todo. No creo que hayan podido buscar a gente más estúpida, más deleznable, que los que han buscado y convertido en repulsivos iconos que la gente corriente admira con absurda veneración. Son bellos, esculturales, elegantes, pero no pueden ser más idiotas que lo que son. En vez de símbolos, deberían de ser antisíbolos, deberían representar todo aquello que nunca deberíamos ser, todo aquello a lo que nunca nos deberíamos parecer.

Llevo unos días atascado,: no puedo escribir, a pesard e que quiero y tengo tiempo, no me siento cómodo. Hoy he comprendido la razón: Siento cierto malestar físico, me da la impresión de que mi estructura osea está cambiando, mi tabique nasal se está desviando, y eso me provoca ciertas molestias que me impiden la concentración, y eso, la concentración es vital para poder escibir seriamente. Tengo algo que confesar (es una obvieda, pero necesito expresarme), aquí, en el diario, y llevo toda la semana pensando en hacerlo, pero no klo he hecho por eso, o al menos esa es la excusa que me doy. wespero hacerlo pronto.
Una de las profesiones que siempre me han atraído es la de sepulturero. Me gustaría trabajar enterrando a mis semejantes. Disfrutaría enterrando a más de uno.
Un trabajo fácil, sin complicaciones. Siempre solo, rodeado de muerto y dándole de comer a los gusanos. Nadie que te importuno ni te pida explicaciones. Los familiares de los muertos están siempre callados y no te incordían. Entierras los cuerpos y en paz. Además, siempre te queda la posibilidad de saquear las tumbas, y robarles a los muertos las joyas con la que los mandan al vacía y que se pudrirán con ellos si alguien no las casa y las venda para gozo ajeno.

jueves, agosto 23, 2001

Voy a buscar mi horóscopo a algún diario, porque me gustaría saber qué es lo que me va a deparar mi futuro, especialmente ahora, en la que me encuentro en una situación muy delicada, precisamente por la falta de información que me rodea, precisamente por qué no sé qué será será.

Leo: "MENSAJE. Parece sentimental y seductor, pero en definitiva es un nervioso que reprime y oculta su intensidad bajo una apariencia de calma y equilibrio. TRABAJO. Un golpe de suerte puede catapultarle hacia el éxito o impulsar su valoración profesional. Refinamiento y amor por el lujo, destacando sobre todo las inclinaciones artísticas. Las cosas se desarrollan de acuerdo con sus condiciones. VIDA SENTIMENTAL. Goza del aprecio de personas poderosas y puede saborear lo que es estar bien relacionado. Cuenta con un clima favorable y encontrará lo mejor en muchos aspectos. Los asuntos laborales se mezclan felizmente con las relaciones. SALUD. Atraviesa un periodo de tranquilidad que vendrá bien a su organismo y a su espíritu para recuperarse."

Leo todo eso y no entiendo nada, si es que dice algo. No creo en las estrellas, las putas estrellas nunca dicen la verdad. Ni siquiera están ahí cuando las vemos brillar en la lejanía, sino que estuvieron allí hace millones de años, y ahora estarán en otro lugar, en otro tiempo y en un estado muy diferente. Sólo sé que tengo razones, MIS razones, para quejarme de mi suerte y de mi ventura, lo que quiera que la suerte y la ventura sean.
Vivimos hoy en una sociedad que valora como un bien moral el silencio, la mezquindad, la falta de comunicación, el ocultar las cosas a los demás, el no decir las cosas directamente, a las claras, cara a cara. Yo tengo la suerte, la miserable suerte, de padecer todo eso, por eso me quejo y me quejaré siempre de mi horóscopo, diga lo que diga, porque en el fondo no dice ni dirá nunca nada, NADA.
El futuro... mi FUTURO... más me valdría estar muerto, morir ahora mismo y acabar con todos mis inútiles y perecederos padecimientos.

miércoles, agosto 22, 2001

Esta mañana, cuando fui a desayunar, dos hombres cantaban a viva voz flamenco, otro los animaba con palmadas. Eran hombres elegantes, con bigotitos, y de los que nunca se diría que fueran a llamar marcadamente la atención. Eran, además, poco habituales del bar, excepto el que los animaba, uno de los "follonetas" (de los varios que hay) de todas las mañanas. Tocaban y cantureaban, cada vez más alto, cada vez más alegres, mientras la gente le lanzaba miradas de reojo. Eran las nueve de la mañana y el día no había hecho nada más que comenzar, por lo menos para mí. El dueño se acercó y les dijo que pararan, que ya estaba bien. Los tipos, en respuesta, le cantaron una canción de disculpas, en la que, a través de la letra, pedían perdón, comprensión y tolerancia y alentaban a los demás a unirse a su particular fiesta. El dueño, resignado, se alejó de ellos murmuraron entre dientes: ya están follonetas, ya están follonetas. Vampos, lo que todas las mañana dice de alguno que otro. Luego se cansaron de cantar, y, antes de que yo volviera al banco, se habían callado y marchado con viento fresco adonde quiera que el viento pudiera llevarles.

lunes, agosto 20, 2001

El Maradona y la Tribu.
No se llevaba bien el maradona con él, se conocían y se guardan un desprecio mutuo.Pero no bstante tiene hazañas dignas de ser aquí contadas. Era el patillas, lo es, lo sigue siendo. Una vez este hombre tuvo problemas con la grua. Llegó para llevarse su coche mal aparcado, y el patillas apareció antes de que enganchara su vehículo, ante lo cual le dijo al encargado de la grua que no se llevara su coche, que él le pagaba la multa y en paz. pero el de la gruo, obstinado, se negó y, perseverando en su intención de llevarse el coche, ignoró las suplicas del patillas y continuó su labor como si tal cosa. El patillas, tranquilo, parsimonioso, le dije: Muy bien, engancha si quieres, pero el coche no telo llevas. Acto seguido fue a buscar un cuchillo y le rajó las cuatro ruedas a la grua. Tuvo un juicio, pero fue absuelto. Así se hace, con cojones, señor patillas.

La gente me a pena y risa. Hay tipos duros de verdad (y no es el caso del patillas), van por el mundo con los puños cerrados, ávidos de sangre, dispuestos a plantarle cara a cualquiera, a partirle los morros al primer semejante con el que se encuentre, a pasar por héroes con su violencia frente a los demás, frente a las princesas que les rodean, o por las que cren estar rodeados. No conozco a gente más cobarde, no imagino a gente más temerosa de sí mismo y de la vida que estos presuntuosos y presumidos sansones. van la gimnasio, saben jkarete o puñetas semejantes, y en muchos casos llevan armas adonde quiera que vayan, generalmente navajas o cosas similares, por si acosa tropiezan con alguien más fuerte. Se creen valientes pero son como ratas de cloacas, peor incluso, y en el fondo tiemblan ante cualquier nimiedad, ante su propia sombra. Son tan cobardes que tiritan ante su propia vida, y no son capaces de soportar la idea de su propia muerte, se mean en los pantalones y se cagan en los calzones pensando en ella. Gigantes, musculosos, arrogantes y se dejan engañar por cualquier idiota que le diga cualquier cosa, por imposible que sea, que le haga evitar tener que aceptar su propia mortalidad. La muerte de uno mismo no es más que una idea, y estos estúpidos hércules son incapaces de digerirla, se amilanan y se dejan dominar y esclavizar y explotar con tal de que lo liberen de tal idea, pisan sin escrúpulos a los demás si con ello logran escapar de sí mismos. Apestan como la mierda y lo mejor que te puede pasar es estar a un millón de kilómetros de distancia de ellos.

domingo, agosto 19, 2001

Es mediodía. Acabo de comer unas insípidas albóndigas y tengo sueño y también ganas de cagar.

Anoche vi unas cuantas hembras con curvas bastante sinuosas, con turgencias harto atrayente, atreyentes para los machos en celo como yo. Una de ellas tenía el pelo rizado y un mechón le caía coquetamente por el rostro. Alelalo por el alcohol, cometí la estupidez y el error de acercarme a ella para estrellarme contra el grueso muro de la realidad. Ya no importa. Las hembras se pasan horas y horas frente a sus espejos, para mostrar el mejor aspecto posible, para hacer que se fijen en ellas, que todos piensen y digan lo guapas que son. Realmente no acabo de entenderlo. Se sentirán mejor consigo mismas, no digo que no, pero sigo sin comprenderlo. Horas y horas de esfuerzo sólo para que las miren, porque cuando te acercas a ellas se muestran molestas, esquivas y huidizas.

Esta tarde no haré gran cosa, no haré nada. He finalizado la primera parte de mi novela (veinte o treinta folios) y voy a darme unos días de descanso, para revisarla, estudiarla un poco mejor, y coger fuerzas para comenzar la segunda parte.
También pienso escribir díez mandamientos, los mandamientos míos, propios, y por los que, según mi concepción de las cosas, se debería de guiar la sociedad. Serán los mandamientos, la Constitución, de mi propio reino. Imaginario o no, imposible o irreal, será mi propio reino y nadie ni nada podrá cambiarlo, ni evitarlo.

Es una sensación grata la de tener la tarde libre, la de poder usar mi tiempo sin tener que hacer nada, la de sentirse sin ataduras de ningún tipo para rascarse los cojones tranquilamente.

sábado, agosto 18, 2001

Todas las semanas deberían de tener cuatro días laborables, tres de fiesta, como ésta, pues así sería la vida mucho más humana, menos desagradable, más soportable.

Tropocé con el cura y me atreví a preguntarle, a pedirle, a rogarle que me excomulgara de la iglesia. Me dijo que no podía, que tenía que cometer una locura para que eso ocurriera, como por ejemplo quemar una iglesia, pero que entonces también acabaría con mis huesos en la cárcel. Otro que estaba con ´l, según decía cura también, me dijo que escribiera al obispo, pues él sí podría excomulgarme. Lo haré, aunque no sirva de nada. El caso es que me pregunto: ¿tan desesperada está la iglesia que no excomulga a quienes, como yo, fueron sometidos a su yugo en la infancia, cuando su voluntad era fácilmente maleable, cuando sus actos eran impuestos por unos imbéciles y autoritarios padres? ¿Tan asquerosa y repugnante es esa secta que es el cristianismo, que fuerza a las personas, que obliga, aún hoy, con dios muerto, que condena a seres indefensos a ser sus miembros? Escupo en la iglesia, me meo en la iglesia, me cago en la iglesia.

He estado ocupadillo con uno de mis proyectos. Puede que pronto ponga aquí un enlace para que puedan dirigirse a él.

martes, agosto 14, 2001

Estuve con el cura, jugando al ajedrez y bebiendo, sobre todo bebiendo. El cabrón se ha rajado, como preveía, y no iremos como habíamos proyectado a buscar al maradona.
Me cae bien el cura y me lo paso de puta madre con él. Es un tipo curioso. me dice que la gente le cae fatal, que todos son unos imbéciles, y en eso estoy de acuerdo. Me dice que muchos se le acercan en los pubs y le preguntan: ¿Tú eres cura? , porque no se lo creen, y a él, según me cuenta, le gustaría responderles: ¿y tú, eres idiota? Sí señor, buena respuesta, señor cura. Me dijo que el otro día, sin ir más lejos, dos tías se le acercaron en un pub donde suele acudir con frecuencia y le reprocharon que estuviera allí: si tu eres cura, le dijeron, qué haces aquí, bebiendo.
Me ha hecho acuñar en mi vocabulario una nueva palabra: radicalsfruits, así es como llama a los jóvenes, a los niñatos idiotas que pululan por el mundo: radicalfruits, me gusta la definición. Se toman cuatro pastillas, se ponen a bailar esa mierda que llaman música, y se toman una botellita de agua, los radicalsfruits. De día beben zumitos naturales y comen lechugas y tomates. Luego se van a hacer puenting, se ponen un pircing, y se creen lo mejor del mundo.
Hablamos también del maradona, de hecho, el maradona es siempre un tema recurente en nuestros diálogos. Por eso hablaré ahora de él, abriré un nuevo capítulo, pero antes voy a mear.
La meada se ha convertido en cagada, la cuarta del día. Tengo diarrea. Quizás sea debida a que cada vez está más cerca de convertirse mi pesadilla en realidad, y cada vez me vea más asfixiado, encerrado, aprisionado en la asquerosa vida que llevo. Pero tratemos de olvidar las desgracias y penas.
El Maradona y la Tribu: Del bar del medio litro, y alguna frase típica del maradona.
Hubo una época en la que el Maradona llevaba a todos sus compañeros de copas al bar del medio litro. Lo llamaba así porque allí servían jarras de litro y medio de cerveza para que los clientes se la sirvieran en vasitos,. La idea del dueño del bar era que tres o cuatro pidieran la jarra y se repartieran religiosamente el líquido en esos vasitos que daban. El Maradona pedía una jarra, de litro y medio, por cabeza, y cada cual se tenía que tragar la suya. Nosotros como los Vikingos, decía, y no esas mariconadas. ¿Cómo beben los Vikingos?, preguntaba. Y había dos respuestas: una: con la boca, la otra: todo del tirón. Si respondías con la boca, él te decía que no, que del tirón, si decías del tirón él te contestaba que no, que con la boca. Luego, por rondas, se jugaba a beber más tiempo. Mientras uno bebía, los demás contaban, hasta que ya no podía más, y entonces se pasaba al siguiente. Llamaban la atención de todo el mundo que murmuraban y miraban asombrados a aquella panda de locos.
Si el maradona te veía mala cara, o si quería decirte lo feo que eras, te decía: tienes más mala cara que un chino en paro. Si no quería oírte, afirmaba: estoy comunicando.

Los curas son mis enemigos naturales, pero paradójicamente yo me voy de borrachera con uno de ellos. Soy un hombre de contradicciones. Me voy con el cura porque no es un sacerdote normal, porque es, como yo, bastante misántropo, y pasa de todo, o al menos lo finge. Este fue el mismo cura que tuvo que echarme de su iglesia.

Mi horóscopo me pronostica tormentas.

domingo, agosto 12, 2001

Esa puta alcohólica, borracha como está ahora, harta del vinate barato que bebe a escondidas, me acaba de gritar, con su repugnante voz y su habitual tono despectivo, sin venir a cuento ni al caso, como un brote espontáneo de su supina idiotez: "friega er coche, jijo, que eres má floo... que mandarlo a jazé". Está como para que la encierren en un manicomio a que se pudra en él.

Si Freud levantara la cabeza escupiría en todos los que dicen ser sus seguidores, los psicólogos.

La noche me sirvió para emborracharme. Estuve con, como dice el chicote, el equipo titular. Los gazaba, y el gazaba grande, como él le dice. Un hombre casado a quien una vecina comenzó a insultarle, a gritarle: los hombres casado, razonaba la vieja, a sus casas. Luego este hombre se pasó el resto de la noche tratando de justificarse ante nosotros, nos decía, entre otras muchas cosas, que él no se iba de putas, solo tomaba unas copas, que él no se gastaba el dinero en vicios, y que trabajaba, cumplía, llevando el dinero a su casa. En mi casa, decía con cierto sentimiento de culpabilidad por algo, no falta el dinero, y no faltando el dinero en mi casa no hago daño a nadie si me tomo una copa. Es un buen tipo y en un gesto que le honra reconoció ser un canalla. Sólo las personas dignas admiten ser lo que son: unos canallas, porque todos lo somos, aunque únicamente unos pocos lo admitamos.

Más tarde un imbécil se puso a defender en mis narices al hijoputa de franco, ese tirano cabrón que jodió el país a base de bien. Primero empecé neciamente a oponerme, y él me dijo que yo no podía hablar porque yo no había vivido esa época. Decía el muy gilipollas que franco fue necesario, que fue un mal, pero un mal necesario, algo que tenía que pasar. Yo le di la razón, le dije que sí, que era necesario, tan necesario como lo fue hitler o cristo, tan necesario como cualquier otro cabrón que haya jodido al mundo entero con su imbecilidad. No hombre, me dijo el idiota, eso no. Y se calló. Imbécil, me dije, jodido imbécil. Añadí que se equivoca si creía que yo no había vivido a franco, porque todos los días me jodían idiotas educados por ese viejo cabrón, le informé de que arrastramos el pasado y ahora respiramos parte de ese aire apestoso que se respiraba con franco, sobre todo cuando tenemos que oír a tipos como él. El capullo no pronunció respuesta ante mis palabras, y yo me volví a decir para mis adentros: estoy rodeado de imbéciles, el mundo es una inmensa cloaca de imbéciles, y los demás nos tenemos que joder.

sábado, agosto 11, 2001

El mundo sería más bello sin mi coche.
Esta semana no he dedicado ni una miserable hora a trabajar en mi novela. Y eso se va a acabar. Se DEBE de acabar. Por lo menos, debod de dedicarle cuatro o cinco horas, después de despercidiar cuarenta horas en el banco a cambio de mi miserable sueldo.

Me comprometo e involucro en demasiadas cosas a la vez, y a l final no le dedico un minuto a ninguna. Eso no puede continuar así. Debo comprometerme en menos cosas, debo de cumplir con aquellas con las que me comrpometa.

Algún día espero poder ser el déspota de mi propio reino. Es decir, que algún día espero poder montar una empresa y ser yo el dirigente, el estadista, en ella. Esta es la gran virtud del capitalismo: permite a todo el mundo convertirse en tirano, aunque sólo muy pocos lleguen a serlo. Yo espero poder ser en un futuro uno de ellos, pero espero gobernar como un despota ilustrado, en el sentido filosófico de la palabra, y, de ese modo, poder dar ejemplo a los demás, poder crear un muno mejor, aunque sólo se trate de un micromundo.

Ayer estuve en un pub por la noche. En las primeras horas el dueño del local, a quien conozco, departía charla con un tipo y su novia. El tipo tenía, como supe después por sus propias palabras, algo más de treint años, mientras que la novia rondaría (y esto es suposición mía) lescasos veinte años. La llevó a su casa a dormir y al rato volvió y se sentó a la mesa, conmigo y con el dueño, y comenzó a beber pelotazos, como yo y el dueño y la camarera (los únicos que quedábamos). Hablamos y supe que sera camionero, después de conducir durante nueve años una ambulancia. Supe también que el dueño y él habían estado la noche anterior en un prostíbulo y que pensaban repetir esa misma noche. No me sorprendió esto en el dueño, de quien yo sé desde hace mucho tiempo que acude a estos lugarews, y que, hace pocos meses, se separó de su mujer por estas razones. Lo que me sorprendió fue el otro, después de estar con la novia, irse de putas, me pareció la hsotia. No entiendo cómo puede la gente llegar a ser tan mezquina, tan falsa, y como puede fingir ante la novia, y pretender de ella, una pureza que ni él tiene ni quiere tenerla.

Esa puta alcóholica me ha cortado la comunicación con internet, y está ahora mismo parloteando como la estúpida cotorra que es con una de sus peores amigas, con quien habla horas y horas, sin cesar, y con quien comparte imbecilidad, y refuerza su asqueroso ego. ¡Cuelga, puta, cuelga ya! Me estoy empezando a cabrear, a irritarme, porque no puedo conectarme a internet, y postear esto, y leer las numerosas cuentas de correo que poseo. La muy zorra no se va a callar nunca. Y ya llevo esperando más de media hora. No le digo nada, ni le diré nada: no voy a volver a discutir con ellos, no voy a volver a intercambair otra palabra distinta a un breve,
insustancial y mezquino saludo.
Me armo de peciencia y espero, sigo esperando...

45 minutos de parloteo insustancial y maliciioso y estúpido y dañino, ha colgado, procedo a postear... Espero que esa puta que es su amiga no vuelva a llamar más, a llamar con la insistencia con la que lo hace. Es una de las peores personas que conzoco, es una vieja senil, y ha heredado recientemente algo, una casa, unas tierras, y va por el mundo como si fuera alguien, como si nadara en la abundancia, cuando en realidad vive gracias a la abultada pensión que cobra la hermana esquizofrénica a la que cuida. Esta hermana, que ha pasado numerosos periodos en un manicomio, fue maestra de escuela y abuen seguro hizo sufrir lamentablemente a cientos de infantes. Ahora tiene una pensión que es tres veces mi sueldo, si no más.


post error

viernes, agosto 10, 2001

Joder, estoy medio borracho, incumpliendo mis promesas. Apenas si atino a teclear como es debido, a pulsar el botón correcto. Así da gusto escribir, sin preocuparse por nada.

Primero quiero decir que mi futuro laboral pende de un hilo, de una cuerda floja. Es muy posible que se cumplan mis peores pesadillas. Hace años temí que mi vida se convirtiera en lo que ahora puede convertirse. Lo atisbé como un improbable futuro, como el peor de mis futuros, y ahora estoy a punto de verlo convertido en realidad. Una sola frase me subyuga: vas a quedarte aquí para siempre. eso significa trabajar en lo que no me gusta en el lugar que menos me gusta de todo el planeta. Es para morirse de asco. Soy un desgraciado, un perdedor, y moriré siéndolo.

¡Malditas mujeres! Sus figuras, sus sinuosas curvas me enloquecen. Hay días en los que me gustan todas, gordas, altas, bajas, delgadas, esbeltas, rubias o morenas me las follaría a todas. Lo peor del caso es que ninguna de ellas está al alcance de mis manos, a ninguna puedo manosear libremente y a gusto, a no ser que le pague, cosa que no hago.

Del dinero también quiero hablar.
Derrocho como un demente, y no puedo contenerme. Hoy mismo es la prueba, he salido, he tomado unas copas, y he gastado un dinero, que se incrementará con la noche, pues saldré y tomaré más copas. Pensé en no salir más, en dejar de emborracharme por bares y pubs, para ahorrar, pero creo que es inútil.

Algunas de las clientas que van a mi banco me atraen más de la cuenta Hoy mismo me han puesto enfermo. Hay varias a las que miro con lascivia y que, esa impresión tengo, me devuelven la mirada con igual lujuria, lo que me excita, me provoca. Esas son la tentación de Cristo, si yo fuera Cristo. He pensado en anotar las matrículas de algunas de ellas y de buscarlas, seguirlas y perseguirlas, averiguar dónde viven, a qué dedican su tiempo. Comprarme una botella de vino y hacer de detective, de un duro y rudo detective privado, como los que salen en la pesadillas que produce ese crimen que es Hollywood. Me imagino siguiéndolas, y a veces pienso que, si sigo pensando de este modo, acabaré convirtiéndome en un psicopata, en uno de ésos que van matando a determinado grupo de mujeres y a los que la policía tanto teme.

¿Por qué bebe tanto la gente? Voy a desayunar y veo a todo el mundo bebiendo, anís o pacharán, emborrachándose. Estás folloneta, dice uno de los barman donde voy a desayunar, ya estás folloneta, y se lo dice a la mayoría de sus clientes. A la hora que sea, vayas donde vayas, siempre te encuentras a alguien bebiendo en el bar, de día o de noche, con calor o frío, la gente bebe y bebe sin parar, o se droga, que es lo mismo. ¿por qué lo harán? ¿Acaso estarán hartos de su vida, de sus miserias, del poco sentido que encuentran en sus existencia?

Escribo esto en diferido, porque el directo no existe en el lenguaje escrito, uno primero escribe, otro después lo lee. No es como la televisión. Aunque en uno u otro caso se haga la misma mierda, en televisión existe el directo, en literatura no. La virtud de la literatura es que tiene algún que otro diferido bueno, cosa que no sucede con la televisión, ya que tanto el directo como el diferido son la misma mierda.

El Maradona y la Tribu: El maradona decía y repetía, como un emblema, como una filosofía: Bebééééé pááá orviáááá. Lo decía cantureando, y lo decía con su corazón. El bebía, antes de que destrozase su hígado, pa orviá. ¿Acaso la gente bebe pá orviá?

Tengo cáncer. El cáncer del tiempo, que me está devorando.

martes, agosto 07, 2001

Hoy una de citas. Al fin y al cabo hoy me siento un poco mejor, siento que me cubre menos mierda de la que me asfixiaba ayer, y que puedo respirar algo de oxigeno, aunque sea con dificultades.

Primero citaré un pasaje de uno de los textos de Bukowski, con quien alguno que otro se ha atrevido a compararme, quizás con algún fundamento, aunque siempre salvando las inevitables distancias:
"Todo el mundo era igual, reprimiéndose y controlándose. Y yo tenía que vivir con esos mamones el resto de mis días, pensé. ¡Dios mío! Todos tenían un agujero en el culo y órganos sexuales y bocas y sobacos. Se sentaban y charloteaban y eran tan estúpidos como la cagada de un caballo. Las chicas tenían buen aspecto vistas a distancia, con el sol filtrándose entre sus ropas y cabellos. Pero cuando se acercaban y mostraban sus cerebros a tarvés de la cháchara de sus bocas, te sentías con ganas de excavar una trinchera en una colina y esconderte con una ametralladora".
De más está decir que la iopinión del señor bukowski es, para mí, certera, y la comparto plenamente.

Por otra voy a permitirme la frivolidad y el lujo de citarme a mí mismo. Es un pasaje de la novela que estoy tratando de elaborar, y lo ofrezco por tanto en rigurosa primicia. Es un pasaje de un texto que tiene muchas posibilidades de no ser publicado jamás, y del que ni siquiera existe ninguna seguridad de que se vaya a acabar alguna vez. El protagonista, mi alter ego Adolfo, habla:
"Nunca he creído en Dios, ni en nada parecido. El, ni nada que se le parezca, tampoco creo que haya creído en mí (ni él ni nadie, supongo, pues de lo contrario no estaría ahora donde estoy). De modo que para mí entrar en una iglesia no significa nada, no me produce ninguna elevación espiritual (si es que yo me equivoco y la puñetera alma humana puede elevarse y salir del fango y la mierda por la que siempre anda arrastrándose), no me siento sobrecogido ni con ningún tipo de nerviosismo o sensación especial. Entro en la iglesia como el que entra en un parque o en un estercolero o en una tienda de ropa. Sólo que sé que allí no venden ropa, venden tan sólo mentiras, y las venden al precio más elevado que se puede pagar por nada, las venden a cambio de tu vida, a cambio de que desperdicies tu miserable existencia, y procures además que los demás también desperdicien la suya."
Trabajo poco en mi novela y a ratos pienso que es una mierda y a ratos pienso que quizás, sólo quizás, con mucho trabajo y mucho empeño, pueda ser algún día legible, aunque eso es algo que dudo casi siempre.

lunes, agosto 06, 2001

Acabo de enterarme de algo lamentable, demencial y desquiciado. Me lo ha comunicado por teléfono mi hermana, y es la estupidez más grande que oigo en bastante tiempo. La cosa es la siguiente: Esa puta alcohólica que es mi madre ha ido a un psicólogo, una psicóloga en realidad, lo que es aún peor,. A mí me la trae floja lo que haga, pero ha ido impelida por mis hermanos, quienes consideran que le va a ayudar, quienes neciamente la consideran alcólica y piensan que necesita de los cuidados de un matasanos del coco. Eso es lo que le faltaba. Entre el vinate, los antidepresivos y las pastillas varias con las que se atiborra, y ahora además los consejos y las tonterías de los psicólogos, la van a transformar en monstruo peor de lo que ya es. Eso es lo que le faltaba. Si ahora es insoportable, es seguro que dentro de varias semanas, cuando le hayan llenado la cabeza con nuevas gilipolleces, será todavía peor, más nauseabunda. Lo peor del caso es que pretenden que yo llame a la psicóloga y hable con ella, pues ella dice que quiere hablar con todos sus hijos y familiares próximos. Están locos si piensan que voy a caer en la bajeza de acatar sus deseos, están muy equívocados si piensan que voy a pasar por el aro y seguirles el juego. Pero el caso no acaba ahí. Porque seguro que la puta de la psicóloga acabará llamándome y hablando conmigo, y me pedirá explicaciones y yo tendré que cabrearme y mandarla a la mierda.

he empezado esta semana con mal pie. No ha acabado todavía el lunes y ya estoy lleno de mierda hasta el cuello. Habré de joderme sin remedio. Quiero desahogarme, gritar una palabra que resume mi estado, mis sentimientos actuales: ¡MIERDA!
Gasto mucho dinero: demasiado. derrocho como un demente sin control y me doy cuenta de que no puedo seguir así, de que si quiero irme a vivir por mi cuenta tengo que ser más ahorrativo, porque si no, no podría sobrevivir, ni afrontar los gastos ordinarios.

El otro día me dijo un amigo que está esclavizado como yo en un banco: "Nuestro trabajo es una mierda. Siempre estás preocupado por si te falta o te sobra dinero, y generalmente nunca te sobra. Tienes que aguantar a la gente, y el sueldo ese tan escaso como miserable.". Ha dicho la verdad, la cruel verdad.

Me siento deprimido. Tengo resaca y no he podido comer. Mi estómago está meurto. Mi cabeza destrozada, y no tengo ganas de nada.

sábado, agosto 04, 2001

Hoy he quedado con un tío para ir a la costa, a pasar un par de días de lujurioso placer. Hoy me siento bien, pese a vivir rodeados de quienes vivo rodeado. Vengpo de tomarme unas cuantas cervezas y la perspectiva que tengo por delante me gusta.

Voy a llamar al cura, al sacerdote de verdad, pues ya debe de haber cogido lñas vacaciones, y le preguntaré sobre el plan que habíamos hecho, sobre ir a buscar el Maradona a su ciudad, en plan aventura, me temo que se rajará, que buscará cualquier excusa para negarse, y que me propondrá ir a tomar una copa juntos a cualquier lugar donde no haya mucha gente. Al cura, como amí, no le gusta la gente (pese a vivir, como le he dicho, engáñandola), y, como a mí, le gustan los lugares apacibles y solitarios.

El calor es más inteso de lo normal y estoy sudando como el cerdo que soy.

Alguien me ha preguntado esta mañana si yo era racista. le dije que sí, que por supuesto lo soy. Hace tiempo me consideraba cosmopolita, me consideraba un ciudadano del mundo. pero por fortuna me he dado cuenta de mi necedad, me he dado cuenta de que tengo una nacionalidad, en la medida en que tengo un idioma, unas costumbres, un pasado, etc.
Le dije que sí, que yo era racista: antisemita, anticristiano, antimusulman, antibudista, ante papísta, antigfeminista y antimachista. Le dije que sí, qyue yo no dejaba títere con cabeza, que incluso odiaba a aquellos que tienen mi propia nacionalidad.

A la mierda,todo a la mierda.

jueves, agosto 02, 2001

El Maradona y La Tribu:
Que trata como el Maradona, junto con el Polaco, trató de emborrachar a la jorobada y la amiga para refolcilar con ella.
El Maradona y el Polaco convencieron a dos callos: la jorobada y la vaca suiza, como ellos las llamaban, para que fueran con ellos a tomar café una tarde. Planearon emborracharlas para poder follárselas, y creyeron y se convencieron del éxito de su plan. Fueron a un bar cualquiera y se sentaron en una mesita, y comenzaron a pedir copas y copas. Tres horas más tardes los dos estaban borrachos, y los callos, con quienes pretendían follar, serenos. La razón era simple, ellos habían pedido siempre cuatro copas, una para cada uno, y se habían tomado las suyas y las de las mujeres. Ciegos, se pusieron a discutir, y a reprocharse mutuamente, su fracaso. La culpa la tienes tú, que no controlas, se decían el uno al otro. Cómo es posible que estemos nosotros borrachos y ellas serenas, se lamentaban, cuando tenía que haber pasado lo contrario: es tu culpa, que no controlas. Al final llegaron a las manos, se levantaron y se pusieron a empujarse. Como el Maradona era un retaco, pequeñito y delgado, al Polaco no le costó agarrarlo por el cuello y arrinconarlo contra una pared. Entonces el dueño del bar, que conocía al Polaco y al Maradona, trató de calmarlos y les gritó diciéndoles que dejaran de hacer el salvaje y dejasen de pelear, a lo cual el Maradona le dijo que los dejaran en paz, que no se metiesen en donde no les llamaban, y el polaco sentenció seguidamente, diciendo: Nos estamos peleando, ¿algo que objetar?
Nadie objetó nada.

Hoy ha venido un viejo con sombrero y todo al banco, estaba borracho y ha estado a punto de hacerme perder los nervios, de hacerme salir de mi casilla y mandarlo a la mierda. Son tan asquerosos, tan burros, estos viejos, que dan ganas de escupirles. Al final lo dejé marchar, no sin decirme para mis adentros que el mundo estaría mejor con cerdos como esos muertos. Y cerdos de ese tipo, estúpidos y rencorosos y maliciones y crueles y violentos, los hay a patadas.

Pienso con amargura en todas las horas que me he pasado delante del ordenador y del papel para acabar escribiendo cuatro líneas, mal contadas, dignas de ser leídas, y éstas sólo por separado. No he escrito nada en mi vida que, en conjunto, merezca la pena.

miércoles, agosto 01, 2001

Los viejos que vienen al banco, en muchos casos, están en las últimas, apenas pueden mantenerse en pie. Agonizan decrépitos, pero aún se creen útiles, capaces (yo también agonizo, pero no me creo útil ni capaz). Si pueden caminar trabajosamente cuatro pasos hasta la caja para cobrar su pensión, y llegar jadeando ante mí para que oiga sus quejas y tonterías, piensan que han realizado una hazaña, que todavía están fuertes, que no suponen un estorbo y merecen seguir viviendo. Así se consuelan, supongo. Yo, por mi parte, opino que todos y cada uno de nosotros, de los seres humanos, sin excepción, capaz o incapaz, somos un estorbo, no servimos para nada. Una vez dejé callado a mi tío. El muy imbécil hablaba y hablaba, y decía que todos los incapacitados, los minusválidos, los subnormales, los pobres marroquías que se lanzan en pateras a cruzar el estrecho para escapar del inffierno que es su país, y los viejos inútiles deberían de morirse, porque no hacían nada, porque no servían para nada, porque sólo suponían una carga para los demás, para él y todos los trabajadores. Yo le pregunté que para qué servía él, y me dijo que él trabajaba, se ganaba el pan con el sudor de su frente. Le dije que eso no servía para nada, que comía, sí, y que le permitía seguir viviendo, pero que eso tampoco servía para nada, que su vida no servía para nada, su trabajo o su esfuerzo tampoco. A mí, le dije, y a muchos otros, me traía sin cuidado si seguía viviendo o no, si sseguía trabajando o no. Su vida, le informé, tenía tanto sentido como la de los demás, como la de todos los demás: ninguno. Se calló mordiéndose la lengua, no sabiendo qué replicar, aunque tenía ganas de replicarme algo.
Todos vamos a morir. Eso nos convierte a todos en hermanos, en inútiles. Todos nuestros esfuerzos son absurdos y carecen por completo de sentido. Todo lo que hagamos o dejemos de hacer no tiene la más mínima importancia.