martes, febrero 26, 2002

Antes de mi definitiva despedida, tengo que contar algo.
La Monja que ha perdido la cabeza, la madre superiora del convento que visita con frecuencia el banco, ahora, afectada de alzehimer, o algo parecido, visita diariamente la oficina y se pone a pedir cosas ridículas y sin sentido. Hoy, sin ir más lejos, vino dos veces a sacar dinero, pidiendo una determinada cantidad que no recuerdo. Yo le reintegré veinte euros de su cuenta; somos ahora todos en el banco conscientes de la inconsciencia de esta mujer y no le hacemos caso, la engañamos para que no pierda importantes cantidades de dinero. Luego volvió pidiendo más dinero, porque le hacía falta, dijo, para pagarles a unos picapedreros que iban a ir al convento. Dijo tres o cuatro cantidades distintas, y yo le di cinco billete de cinco euros, y ella se fue tan contenta. Luego volvió en busca de un papel que no encontraba, que, según decía, me había dejado a mí y que yo no le había devuelto. Me resultó imposible convencerla de que en realidad a mí (esa es la verdad) no me había dejado nada, y al final me la quité de encima confesándole que, efectivamente, me había dejado el papel aunque yo debía de haberlo perdido, ahora no lo podía encontrar. Se fue largando pestes por la boca sobre mí. Ayer pasó otro tanto de lo mismo, vino y me pidió medio millón de pesetas, me hice el sordo y le pedí que me volviera a repetir cuánto quería, me dijo que tres mil pesetas, para pagarle a unos supuesto albañiles, ¿cómo dice?, volví a preguntar, pero es que no te enteras de nada o qué, me increpó y añadió, ciento cincuenta mil pesetas. Le entregué treinta euros en un sobre cerrado y se fue tan contenta.
Lleva así varios días, y otras hermanas del convento, que no tienen el poder, puesto que la otra, la que ha perdido la chaveta, es la madre superiora, nos llaman de continuo para advertirnos lo que le ocurre a la mujer, para que engañemos y estafemos a su madre superiora, para que no hagamos lo que nos pide, puesto que ella ya no sabe lo que hace, ni por qué.
Curiosa enfermedad la que padece, la que estudian algunos psiquiatras y neurólogos sin hallarle explicación, ni mucho menos remedio o solución.
Lo que no entiendo es cómo la iglesia católica no hace nada para remediar la situación, cómo es posible que nadie venga y sustituya a esa madre superiora, y la pongan bajo la custodia de las otras. Dice el director de mi oficina, profundo conocer de la jerarquía católica, de curas y sacerdote, y abierta y orgullosamente partícipe de ritos católicos, que ni siquiera el obispo puede destituirla... Pero no sé qué creer, no lo entiendo ni lo apruebo... Tendré que preguntarle a mi amigo el cura, a ver qué me dice. Porque, desde luego, aunque la situación pueda ser cómica y graciosa, vista desde fuera, no estoy dispuesto a seguir sufriendo diariamente a esta monja por mucho más tiempo.

lunes, febrero 25, 2002

Este es el mensaje final. Hoy he firmado el contrato de arriendo, y pronto seré independiente, viviré lejos de las continuas broncas familiares, y las continuas imposiciones y prohibiciones paternales.
Compartiré el piso con otro tío, aunque preferiría vivir solo, pero dado mi paupérrimo sueldo, no puedo permitirme esa deseada soledad.
El contrato está lleno de formalidades, y espo no me gusta en absoluto. Hubiera preferido algo menos formal, un contrato verbal de pura confianza mutua, pero eso es harto complicado.
Me despido, pues, por un tiempo indefinido, acaso sin retorno, y espero encontrar a partir de ahora la tranquilidad que precisa mi alma, para poder vivir con una sonrisa frecuente, para poder dedicarme a escribir seriamente y sin presiones.

lunes, febrero 18, 2002

Ya está, ya tengo choza, o cabaña, o lo que sea. Me gusta mi cabaña, es amplía, amplisíma, y hay muchos bares por los alrededores. Mañana llevaré una fotocopia de mi carnet para que me hagan el contrato, y dispondré de ella en marzo.
Aún no se lo he comentado a mis familiares, pero lo haré mañana aunque me cueste un disgusto, una bronca, una pelea, por confirmarles lo que era ya inevitable.
No estoy ni feliz, ni contento, ni triste tampoco. Ni ilusionado, ni preocupado o despreocupado. Una mezcla de sentimientos inciertos son los me inundan ante mi próxima nueva vida.

jueves, febrero 14, 2002

Estoy cansado y entristecido.
Seguiré trabajando durante tres meses más, pero eso no es mi principal preocupación, ni mucho menos.
Ya falta menos para que estrene mi independencia, pero hasta para eso tengo problemas. Me gustaría vivr solo, pero con mi sueldo no puedo permitírmelo. Tengo varias opciones de compartir vivienda con personas, tíos separados que buscan compartir choza con alguien, y ahora no sé cuál elegir, pero acabaré decidiéndome por alguna, aunque resulte injusta, y dolorosa para la parte que abandone.
No importa.
Estoy cansado y entristecido.
Un amigo mío se va a italia a vivir una aventura. Apenaslleva dinero en sus bolsillos, no llega a tener mil euros, y con dos cojones se va el tío allí, a vivir su vida, como sea, a la aventura. Te envidio, le he dihco. Vente conmigo, me ha dicho. No tengo cojones, le he dicho, bastante es ya que me marche de casa, si les dijera a mis familiares que dejo el trabajo para irme a vivir a italia, con todas las incertidumbres el mundo acechándome, serían capaces de asesinarme para evitarlo.

jueves, enero 31, 2002

Ya he andado preguntando a conocidos si saben de alguna choza que se alquile a un precio razonable. Me he comprado varias cosas, entre ellas un gran bolso de viaje, que guardo en el coche, y que me servirá para echar en él las cosas.
Si las cosas van como espero, para el uno de marzo estaré viviendo fuera. El ambiente de mi casa es insostenible desde que anuncié, entre gritos incrédulos, mi decisión. Mis padres están angustiados y disgustados, deprimidos (del mismo modo en que me han oprimido tanto tiempo), nerviosos y sintiéndose culpables de mi marcha. No conciben que un hijo se vaya de casa porque no los aguante, porque no sea para ir a trabajar a otra ciudad o para casarse y formar una familia. Yo me siento fuera de lugar y sé que no podré seguir viviendo aquí por más tiempo. También estoy angustiado y también decaído, deprimido. Mis hermanos también sufren, como yo, la incomprensión mutua.

Si el martes no encuentro una choza a través de conocidos, acudiré a alguna inmobiliaria a que me la encuentren. No me gusta la idea porque significaría deshumanizar la relación, formalizar el contrato de arrendamiento dentro de las condiciones legales, con todas sus restricciones, y lejos de la flexibilidad y casi familiaridad (en el buen sentido de la palabra, no en el de mi familia) que suponen este tipo de relaciones.

Por si fuera poco, el ambiente de trabajo está más que enrarecido. Yo sustituía a una persona que se ha dado de alta y está de nuevo en la oficina. Se suponía que el martes o el miércoles finalizaría mi contrato, pero sigue vigente hasta el martes (de ahí que, de acuerdo con mis planes, vaya a acudir a la inmobiliaría en esas fechas), me han dicho, y espero que sea definitivo. La cordialidad no existe etnre el recien incorporado y sus antiguos y compañeros y la falta de comunicación es absolota. Y en todos los niveles. No sólo dentro de la oficina, sino en los escalones superiores que tienen que regularizar la situación. Yo no sé nada sobre mi futuro. El recién incoporado tampoco sabe si seguirá allí o no. Nadie le dice nada a él. El caso es que éstos, con quienes yo he estado trabajando en la oficina, no quieren que el que estaba de baja vuelva allí, quieren que lo manden a otro sitio, y al otro no le importa que le manden a otro sitio. Lo cierto es que la situación en esa oficina es también insostenible y nadie parece tener la firmeza, la resolución y la entereza para solucionar esos problemas. Parece mentira que los que pueden no tengan los cojones de aclarar la situación, de decir las cosas a todo el mundo a las claras, de que la información fluya para todos por igual a fin de que nadie sienta el malestar que sienten, sentimos, todos ahora en la podrida oficina. Espero y deseo escapar de allí el martes de una vez por todas, y sólo puedo compadecer a los que se quedan.

Aprovecho mis últimos días de conexión (puesto que, a lo sumo, me queda un mes) para dejar mis últimas impresiones, mis últimos sufrimientos, antes de la depedida.

Mientras tanto trato de mantener la sonrisa, aunque me es muy difícil.

lunes, enero 28, 2002

La decisión está tomada y es irrevocable. Antes de un mes estaré viviendo en un piso de alquiler. Ayer mantuve otra fuerte discusión con mis padres, sobre todo con mi madre, y no hay vuelta atrás. Hoy me han preguntado que qué iba a hacer, y he reafirmado mis palabras, mi decisión. Ni yo mismo me lo creo. Abandono las comodidades que te da una familia, la seguridad, la comodidad, la imagen social tradicional, etc. Buscaré con firmeza y entereza un sitio, lo más económico posible, para irme a vivir a él. A lo mejor se viene a vivir un tío conmigo y todo. Será mi choza, mi cueva, mi cuchitril. Para bien o para mal salgo por fin de casa. Puede que las cosas me vayan mal, me arruine, y en un año acabe viviendo en el coche, en el arroyo, sin trabajo, sin amigos, sin amor. Pero lo he hecho, me arrepienta o no. Lo voy a hacer, pese a que mañana se me acaba el contrato (ha vuelto al que sustituyo) y me quedo en el paro, en el puto paro. Creo que puedo cobrar durante tres meses el subsidio, y eso ayuda algo. No sé si me volverán a llamar pronto o no, no sé si tararán diez o quince días o no me llamarán de nuevo, con otro contrato basura, hasta el verano. Pero no me importa. Pienso buscar trabajo desde el lunes que viene, de lo que sea.
Esto significa también otra cosa, que me despido aquí, que no podré volver a bloggear en mucho tiempo, debido a que pierdo la línea de teléfono (una de las comodidades) y en consecuencia la conexión a internet... pero bueno... no importa. Este es mi adiós y no sé ni puedo saber si será o no definitivo,si podré volver a vivir en un sitio con llínea y conexión a la red. Puede que algún día vuelva, puede que no, pero si vuelvo desde luego no será hasta dentro de mucho tiempo.
Otra cosa, consideran mi decisión dramática, trágica, y lo que más les jode en realidad es lo que vaya a pensar la gente... el hijo, solero, que se va. Ayer, durante la discusión, salí a la calle y le dije algo a mi madre, la cual se hechó las manos a la cabeza alarmada diciendo que la gente se iba a enterar. Qué me importa la gente, le respondí.
No entiendo como ellos, y la masa en general, se preocupa tanto por lo que piensen los demás, por lo que los demás piensen de ellos. Les importa tres pimientos el ser lo que son, con tal de que los consideren buenos, con tal que los crean justos, piadosos y cabales. Cabales, y una polla. Es el cristiasmo, la moral cristiana, lo que los ha matado.

Nota higiénica: Ayer me emborraché tras la riña y hoy me levanté canalla. He pasdo una de las peores resacas de mi vida. Creí que el día no acabaría nunca, que no llegaría a las tres vivo, que desfallecería. Estaba mareado, y a las tres me entró un hormigueo por todo el cuerpo. me moría. Estuve así un buen rato, y hasta que no fui al servicio a echar la pota no me recuperé.

domingo, enero 20, 2002

Ayer volví a cogerme una cogorza de las buenas, lo que es habitual. Acabè iebndo al puticlub y un negra se me aercó y me puso como una moto. Nuna he follado con una negra pero aye no me faltaon gnas, <